El baloncesto es un juego caprichoso, más en estos tiempos que corren. Ya no existen marcadores imposibles de remontar, no hay ventaja insalvable y el caos ha acabado por imponerse al control de las pizarras. Buena prueba de ello pueden dar los San Antonio Spurs, un equipo que bien podría ir 3-1 arriba en estas Finales NBA 2026.
Y, sin embargo, están en el extremo opuesto. La fortuna, la inexperiencia y el buen hacer de los New York Knicks han jugado en su contra, quedando ahora los texanos a una sola derrota de caer eliminados y, por tanto, de perder su oportunidad de proclamarse campeones de esta temporada 2025-26.
Un escenario extremadamente complejo para los Spurs, pues tan solo en una ocasión se ha remontado un diferencial así en las Finales.
No obstante, la historia nunca salta a pista, sino que está en las manos de los jugadores y el staff técnico poder darle la vuelta a la tortilla.
Los San Antonio Spurs han demostrado tener argumentos y razones para poder levantar el Larry O’Brien. Su problema ahora reside en que no tienen margen de error alguno. La red de seguridad se ha disipado y ahora los de Mitch Johnson tendrán que rozar la perfección si quieren mantenerse en pie en lo que resta de Finales.
¿Pero por dónde debe pasar el camino de la remontada de San Antonio? ¿Qué deben mejorar? ¿Y cómo pueden hacer verdadero daño a los Knicks? Es momento de analizarlo en profundidad.
La producción en la pintura
Los San Antonio Spurs han visto cómo en el lapso de una semana pasaban de dominar ante los vigentes campeones y su imponente juego interior a verse superados por un rival que cuenta con Karl-Anthony Towns como su gran referencia en el puesto de cinco. La clave reside en que los de Mike Brown han hecho un extraordinario trabajo para proteger a la perfección la zona restringida. Los Knicks han poblado la pintura de cuerpos, han estructurado un sistema de ayudas ideal y han conseguido elevar el nivel físico y de contactos sin que les penalice el silbato.
Un plan que ha dado sus frutos y que ha impedido que los Spurs se encuentren cómodos en ataque y puedan desplegar su estilo. Una filosofía basada tanto en la búsqueda de oportunidades a través de los postes y salidas de indirecto así como de divisiones a canasta.
De tal modo, puede apreciarse una correlación entre las derrotas sufridas en las Finales y el rendimiento en los aledaños del aro.

San Antonio necesita romper el bloqueo ofensivo que sufre como consecuencia de la estrategia desplegada por los neoyorquinos. No es casualidad que la única victoria de estos ocurriera en el Game 3, cuando rozaron la perfección tanto de acierto como de volumen en la zona restringida. De hecho, eso se trasladó también a la primera mitad del Game 4, donde conectaron el 63% de sus intentos. Pero para desgracia de los Spurs esto no se mantuvo en los siguientes 24 minutos, firmando un terrible 14% en una serie de 2 de 14 intentos.
Pisar pintura no solo es importante para aprovechar la gran ventaja que cuentan respecto a sus oponentes, es decir, Victor Wembanyama, sino para que otros como Stephon Castle, Dylan Harper y De’Aaron Fox puedan ser importantes en ataque, ser fieles a su juego y romper el plan de los Knicks.
El cómo llevarlo a cabo requiere de un ajuste táctico que incluya incrementar el ritmo y velocidad de ejecución, aumentar el movimiento de balón así como la agresividad para mover las ayudas de los neoyorquinos y encontrar así la grieta en su defensa.
Alimentar a Wemby
Con 27,8 puntos, 10,5 rebotes, 3,3 tapones y 1,3 robos en estas Finales, Victor Wembanyama se ha unido a una exclusiva lista que incluye a nombres como LeBron James (2016), Tim Duncan (2003), Shaquille O’Neal (2000) o Hakeem Olajuwon (1994), entre otras leyendas. Unos datos que no cuentan toda la historia, pues el francés ha sido vital para los Spurs, no cabe duda, pero su manera de impactar en ataque no ha sido la más eficiente.
Wemby es, sin lugar a dudas, un jugador único. Nadie ha combinado ese tamaño con esas habilidades técnicas y coordinación física. Con tan solo 22 años ha liderado a un equipo a las Finales, tumbando a unos Thunder que aspiraban a la dinastía. Ahora, consumidos cuatro partidos ante los Knicks, está luciendo por momentos como un mortal más.
La manera más sencilla de comprobarlo es su dieta de tiro. El gigante francés está teniendo serias dificultades para desplegar su juego, viéndose obligado en muchas ocasiones a depender del tiro exterior para seguir conectado a la ofensiva de San Antonio.
| Cuarto | Lanzamientos totales | Distancia media (m) |
| Primer cuarto | 19 | 3,27 m |
| Segundo cuarto | 11 | 5,85 m |
| Tercer cuarto | 19 | 5,23 m |
| Último cuarto | 27 | 3,12 m |
| Total | 76 | 4,08 m |
Un hecho que afecta también a su efectividad en el desglose cuarto a cuarto:
| Cuarto | Lanzamientos totales | % acierto |
| Primer cuarto | 21 | 61,90% |
| Segundo cuarto | 12 | 25% |
| Tercer cuarto | 22 | 45,50% |
| Último cuarto | 30 | 36,70% |
| Total | 85 | 43,50% |
Por momentos, Wembanyama ha abusado del triple con una selección de tiro más que cuestionable, lo cual depende solo del francés, sino que también es el efecto del plan defensivo de los Knicks.
Mike Brown ha conseguido ejecutar una estrategia sobre el galo que consiste en ralentizar sus continuaciones en el bloqueo directo por un uso perfecto de los tags y bumps. Es decir, una secuencia de fintas constantes donde un jugador en lado débil que no está directamente involucrado en el dos por dos hace uso de su cuerpo para impedir que este llegue a la zona y conecten con él a través de un pase.
Por momentos, Mitch Johnson ha conseguido alimentar a Wemby en este juego de bloqueo directo, especialmente en situaciones más de pop que de roll, donde De’Aaron Fox ha sido clave. El problema es que los Spurs no han podido sobreponerse al plan defensivo de los Knicks en este tipo de acciones.
¿Cómo pueden solventarlo? La respuesta no es sencilla y requiere de múltiples ajustes y cambios, algunos que rompen bastante con la filosofía ofensiva que ha definido a los Spurs en esta campaña.
Un escenario que, por ejemplo, incluiría relegar el juego de dos por dos a los laterales, despejando las esquinas para así eliminar de la ecuación el efecto de las ayudas. Eso facilitaría enormemente las recepciones a Wembanyama, así como poder triangular con un tercer involucrado que juegue la espalda de los dos involucrados en la acción.
Todo esto requeriría una versión cercana a la perfección de un Fox que ha sido extremadamente inconstante en el transcurso de estas Finales. Pero poder conectar con Wemby por medio del bloqueo directo es condición de posibilidad para que San Antonio siga con opciones.
La gestión del clutch
Ha habido dos versiones muy diferenciadas de los Spurs en estas Finales. Una, dominante, regular y equilibrada, la cual se ve en las primeras mitades y, por tramos, en las segundas. La otra, errática, dubitativa y tendente al fallo, que se ha dado en el clutch. Los últimos cinco minutos de cada partido han sido un auténtico suplicio para San Antonio.
Y es que solo atendiendo al rendimiento en los primeros 43 minutos de partido, la serie debería estar empatada a dos. O incluso 3 a 1 arriba si se añade el buen hacer de estos en el cierre del segundo duelo.

Pero los encuentros duran 48 minutos y solo se acaban cuando suena la bocina, lógicamente. De tal modo que, como se aprecia en el gráfico, los Spurs han ido perdiendo fuelle conforme el partido se iba desarrollando.
Para más inri, los de Mitch Johnson han disfrutado de amplias rentas en la primera mitad que de poco les han servido para amarrar la victoria:
- Game 1: +14
- Game 2: +12
- Game 3: +12
- Game 4: +29
Y cuando se pone la lupa en la evolución por cuartos la cosa queda más clara. El problema de los Spurs tiene que ver con la consistencia en el desarrollo del choque:
| Cuarto | Ratio ofensivo | Ratio defensivo | Net rating |
| Primer cuarto | 136,4 | 89,8 | 46,6 |
| Segundo cuarto | 104 | 127,7 | -23,8 |
| Tercer cuarto | 101,1 | 117,2 | -16,1 |
| Último cuarto | 93,5 | 112,1 | -18,5 |
| Global | 109,1 | 111,7 | -2,7 |
Es por ello que mantener una consistencia lo suficientemente estable como para contener la respuesta de los Knicks a partir del segundo asalto es vital para que los Spurs logren forzar el Game 6. Un reto que va más allá y que depende de tener alternativas, alterar las rotaciones y gestionar de manera más efectiva los tiempos muertos para cortar los parciales de sus rivales.
Los errores no forzados han condenado a los texanos a este escenario.
La pérdida de Wembanyama ante Hart en el primer encuentro, el pase errado entre el francés y Castle en el segundo y la incomprensible decisión de Fox de intentar una bandeja ante Anunoby en el cuarto. Todo ello ha llevado a San Antonio Spurs a estar a una derrota de la eliminación.
Pero mientras haya margen, hay esperanza.
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