Fernando Da Silva, reportero deportivo comparti? :
Quiz?s, sea el fuego sagrado que lleva adentro y que le permiti? -entre otras epopeyas- ser campe?n del Abierto de los Estados Unidos a los 20 a?os, gan?ndole al genial Roger Federer en el patio de su casa, o colgarse en su cuello la medalla de bronce en los Juegos Ol?mpicos de Londres. Quiz?s, sea su pasi?n por el tenis, la que comenz? a alimentar a los 7 a?os de la mano del Negro G?mez, all? en Tandil. Quiz?s, sea su lucha ?ntima, silenciosa, interna, para apretar los dientes, para secarse las l?grimas de bronca y de impotencia, para no rendirse ni aun cuando parec?a rendido por la maldita serie de cuatro operaciones de mu?eca (una en la derecha y tres en la izquierda). Quiz?s, sean su paciencia, sus ganas y su sacrificio para entrenarse a sol y a sombra, en gimnasios cerrados o en canchas al aire libre, con o sin raqueta, primero cuidando de pegar el rev?s a dos manos y despu?s anim?ndose de a poquito a ejecutarlo, todo para que la ilusi?n se mantuviese intacta, plena, vigente. Quiz?s, sean su orgullo, su motivaci?n y hasta su obstinaci?n para no dejarse abordar por la palabra retiro, esas seis letras malditas que m?s de un d?a aciago anduvieron repiqueteando por su mente.
Sea lo que fuere, o sea todo aquello junto, Juan Mart?n Del Potro cumplir? esta noche con ese deseo que lo empuj? durante casi un a?o: volver a la cancha, volver a sentirse jugador de tenis, volver a dar batalla en el terreno en el que mejor se siente. No importa el resultado, no importa el ranking, no importan siquiera el nombre y la jerarqu?a del rival. ?S?lo pido jugar y terminar sano?, confes? en Delray Beach. Apenas eso. Todo eso.
v?a Del Potro: lo que menos importa es el ranking