El entrenador catalán entra en un verano que será clave para el futuro de la franquicia. Y por el camino, mucho aprendizaje
La segunda temporada de Jordi Fernández en Brooklyn ya forma parte del pasado. Con la derrota en Toronto, en el mismo vestuario donde hizo historia al debutar como entrenador en jefe en 2022, se despedía de su segunda campaña. Una con más grises que alegrías, al menos de cara al público, y con demasiadas derrotas en el casillero, pero una temporada que puede servir para plantar la semilla de cara al futuro en los Nets. Porque si de algo servía esta temporada, era para desarrollar el talento que eligieron el pasado mes de junio en el draft, y si por el camino cae una buena ronda para el próximo, bienvenida sea.
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Ganar siempre fue secundario. El balance final, un 20-62 que sirve para acabar con el tercer peor récord de toda la competición, no hace justicia al nivel de Jordi Fernández Ni siquiera a la realidad de una plantilla que dejó salir talento en febrero y que aceptó tragarse salarios tóxicos para otras franquicias por más activos del draft. Que vio como Egor Demin y Michael Porter Jr. decían adiós al año a principios de marzo y que no tuvo a ningún jugador superando la barrera de los 70 partidos. Pero Jordi sonríe en la adversidad, y sabe que lo bueno está por venir.
Hasta 22 jugadores han disputado al menos un partido, con Grant Nelson siendo el que menos, disponible la primera semana de marzo. De los 22, siete eran novatos y otros cuatro estaban en su segunda o tercera campaña NBA. Al contrario, solo Porter Jr., Terance Mann y Nic Claxton eran veteranos en la liga, cada uno en su séptima campaña. Por eso el objetivo era crecer, por muy poco que fuera. Mejorar. Y así lo confirmaba el propio Jordi Fernández al ser preguntado por Gigantes al acabar el último partido del curso en el Scotiabank Arena.
“Personalmente estoy muy contento porque sigo aprendiendo, y sobre todo porque aprendo de mis errores. Al final, todos los cometemos siempre y cuando sean errores honestos porque intentas hacer lo que es mejor para el equipo”. Puede ser difícil de comprender para el aficionado europeo, acostumbrado al sistema de competición tradicional, que lo mejor para una franquicia NBA a veces sea apostar por los jugadores jóvenes, aunque eso implique perder. Porque las victorias, como bien explicaba el entrenador de los Nets, las contabilizan de otra manera, algo que la franquicia mantiene privado. “Hay cosas que la gente no ve, y este grupo de jugadores han trabajado mucho, tienen que estar orgulloso al cerrar este capítulo”, aseguraba en la rueda de prensa. Pero una idea clara: el objetivo no es el ahora ni mucho menos.
Ahora empieza un verano clave en el equipo. Serán uno de los tres equipos con más de $40 millones en espacio salarial, dinero que pueden usar para renovar a sus jugadores (Day’Ron Sharpe y Ziaire Williams tienen opción de equipo). Aunque la lógica dicta, sabiendo que no controlan su propio pick de 2027 y 2028, que usarán ese dinero para mejorar la plantilla. Y ahí empezará el reto de un Jordi que cuenta con el apoyo de toda la cúpula, y así lo expresó. “Yo estoy muy contento porque me siento apoyado por todos los grupos, desde los entrenadores, el cuerpo técnico, la dirección técnica, los propietarios, los jugadores. La verdad que estamos en una situación única, muy ilusionante”.
En el horizonte está la lotería del draft. Al acabar con el tercer peor récord, Brooklyn sale con un 14% de opciones de llevarse el primer pick y un 52,1% de conseguir un jugador en el top-4. El peor caso escenario es ver como tres equipos de la parte baja de la lotería suben, con los Nets cayendo a un séptimo lugar que les alejaría del premio gordo. En una clase de muchísimo nivel, con nombres como AJ Dybantsa, Darryn Peterson, Cam Boozer o Caleb Wilson, Brooklyn busca encontrar una pieza para construir alrededor. Un eje fundacional que lleve a la franquicia a competir a medio plazo. Un draft, por cierto, donde se esperan tres españoles.
Parte de los planes de futuro en el Barclays Center será, por ejemplo, el israelí Ben Saraf. Tras acabar su primera campaña con algo más de 7 puntos y 3 asistencias en 44 partidos, y haber compartido año entre el equipo de Jordi y el afiliado en Long Island, su balance es positivo. Y su primer año con el entrenador catalán, al que define como “genial”, le ha servido para convertirse en un mejor jugador. “Su mentalidad no cambia, ganemos o perdamos, siempre ha sido el mismo y sus principios se mantienen. Mejorar un uno por ciento cada día, ser positivo, y ha sido un lujo trabajar con él este año”. Jordi no ha tenido miedo en darle el balón a Saraf o el ruso Denim, sin tener en cuenta la falta de experiencia. Porque de los fallos se aprende.
El resultado es claro para Saraf. “Todos hemos mejorado gracias a él esta temporada”, con nombres como Sharpe, Noah Clowney o Z. Williams son jugadores que han dado un paso adelante, aunque el foco estuvo puesto especialmente en los de primer año. Demin promedió dobles dígitos, Traoré lideró al equipo en asistencias (con Demin y Saraf tercero y cuarto) y Danny Wolf aportó lo suficiente como para pensar en que será un jugador de provecho en la NBA.
No son los únicos a los que les ha dado alas. Jalen Wilson ha sido una de las caras que ha estado presente en ambas temporadas de Jordi en Brooklyn, al completo además. Si bien su presencia ha sido irregular, su impresión del entrenador no deja de mejorar. “Se le ve seguro de todo lo que hace, siendo el líder de nuestro equipo y sobre todo, nos pone en situaciones para tener éxito, tanto dentro como fuera de la pista, para aprender y mejorar de alguna manera”. El interior será agente libre restringido en verano, aunque confía en poder volver a jugar a las órdenes del de Badalona, de quién ha aprendido a valorar las relaciones creadas lejos del parqué. “Jordi trabaja mucho en las relaciones fuera de la pista, algo en lo que nos hemos volcado como equipo”, explicaba a Gigantes.
De todas las virtudes de Jordi, Wilson destaca la energía que emana, hasta el punto de ser contagioso. “Creo que nunca he visto a nadie con tanta energía, tanta pasión”, nos decía. Una pasión que vuelca en sus jugadores. “Es admirable cuánto quiere que sus jugadores mejoren, algo que siempre apreciamos en el vestuario”, algo que se vio desde el primer día en Brooklyn y que sigue latente en el vestuario al final de su segunda campaña. Una que ha acabado en negativo, con peor balance que la primera, pero que tiene que servir para sentar las bases, tanto del proyecto como del entrenador que hay en Brooklyn.
Al final son solo sus primeros 164 partidos, pero le queda mucha carrera por delante. Y sobre todo, mucho aprendizaje: “Estos errores, lo que aprendes, es parte del camino. Y este aprendizaje va para todos, yo el primero.” Palabra de Jordi Fernández.
Foto: Getty Images
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