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El 29 de junio de 1980 quedó marcado con letras de oro en los libros de la hípica nacional. Aquella tarde, la afición que colmó las tribunas del Hipódromo La Rinconada fue testigo de una de las hazañas más grandes del deporte de los reyes en el país. La inolvidable campeona Gelinotte se consagró de forma definitiva al conquistar la Triple Corona Venezolana de Yeguas, una proeza que la elevó de manera inmediata al altar de las leyendas vivas del turf caribeño.

El Clásico General Joaquín Crespo: El escenario de la consagración

Bajo la magistral y siempre segura conducción del legendario jinete Juan Vicente Tovar, la extraordinaria corredora saltó a la pista con la firme misión de sellar su dominio absoluto entre las hembras de su generación. El escenario para esta cita con la historia fue el Clásico General Joaquín Crespo, una prueba de aliento que exigió el máximo esfuerzo de cada una de las participantes.

A pesar de la presión y de las altas expectativas del público apostador, Gelinotte impuso su indiscutible clase desde los primeros metros del recorrido. Con una solvencia pasmosa, la pupila del afamado entrenador Millard Ziadie cruzó la línea de meta con relativa facilidad y detuvo los cronómetros en un meritorio tiempo de 154⅕. Su escolta inmediata fue su propia compañera de establo, la valiente Nohani, que debió conformarse con el segundo lugar ante la superioridad de la ganadora. Con este triunfo, la defensora de las sedas del stud «Rincón-Tomás» se adjudicó de forma oficial el codiciado título de triplecoronada, el cuarto en toda la historia hípica del país para ese momento.

                                              

El precio del esfuerzo: Cinco carreras en siete semanas

El valor de esta victoria es aún mayor si se analiza el contexto físico en el que llegó la campeona a la carrera. Gelinotte exhibió un visible estado de agotamiento en los metros finales de la prueba, una consecuencia natural del extenuante calendario al que fue sometida por sus conexiones. La yegua afrontó una seguidilla implacable que la obligó a disputar cinco competencias de la máxima exigencia en un período de apenas siete semanas.

Esta seguidilla de compromisos de alto nivel minó las energías de la noble alazana, pero no pudo quebrar su indomable voluntad. El cansancio acumulado realzó la faena de Juan Vicente Tovar, quien supo administrar las reservas de su conducida con la inteligencia y la paciencia que siempre lo caracterizaron en los momentos de mayor presión sobre la pista.

A las puertas de la gloria absoluta en la Triple Corona Nacional

La conquista de la diadema reservada para las hembras no fue el techo de sus ambiciones. Con este triunfo imborrable del 29 de junio de 1980, Gelinotte no solo ratificó su monarquía absoluta entre las de su sexo, sino que se colocó a tan solo un paso de alcanzar la gloria máxima: la Triple Corona Venezolana, el circuito oficial abierto sin distinción para machos y hembras.

Aquella gesta unió a todo el país hípico en torno a una sola figura. A día de hoy, más de cuatro décadas después de aquel acontecimiento, los aficionados y cronistas de la hípica recuerdan con profunda nostalgia y admiración el coraje de una yegua que desafió los límites físicos para inscribir su nombre para siempre en el Olimpo del hipismo venezolano.



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