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El fútbol suele juzgar el desenlace de una tanda de penaltis por el último acto: el balón que no entra, el guardameta que celebra y el lanzador que se lleva las manos a la cabeza. Sin embargo, la verdadera historia se escribe minutos antes, en el círculo central, donde las miradas se esquivan y el peso de la historia dobla las rodillas de los más veteranos.

Según ha revelado el prestigioso diario BILD, los instantes previos al sexto penalti de la reciente definición (el que a la postre resultó definitivo) desnudaron una alarmante crisis de liderazgo en el núcleo del equipo. Con la muerte súbita en el horizonte, el capitán Joshua Kimmich asumió los galones y buscó un pie experimentado para afrontar la máxima presión. Se dirigió a Leon Goretzka. No una, sino hasta dos veces, Kimmich le preguntó a su compañero si se sentía listo para asumir el reto.

La respuesta de Goretzka, según el rotativo bávaro, fue una doble negativa rotunda, atenazado por el miedo a fallar en el escenario principal.

El debutante que dio el paso al frente

Ante la deserción de quienes por galones debían dar un paso al frente, la moneda al aire terminó en los pies de Jonathan Tah. El defensor central, con toda la presión del torneo sobre sus hombros, aceptó la responsabilidad de ejecutar el primer penalti de toda su carrera como futbolista profesional.

Tah terminó fallando el disparo, una consecuencia casi natural cuando se expone a un debutante absoluto a la presión de una muerte súbita. Sin embargo, en el análisis frío de la jornada, la balanza de la justicia futbolística exime de culpa al central. En el deporte de alta competencia, el reproche nunca puede ir dirigido hacia aquel que decide asumir el riesgo que otros, con mayor recorrido, deciden evadir.

Una crisis de liderazgo que viene de lejos

La eliminación deja un señalado evidente y abre un debate mucho más profundo que un simple error técnico. La verdadera crítica de esta página negra apunta directamente al futbolista de 31 años que, a pesar de ostentar un estatus de referente y un rol muchas veces injustificado por su rendimiento actual, volvió a hacerse pequeño cuando las papas quemaban.

No es un hecho aislado. Desde hace cuatro años, tanto a nivel de club como en la selección nacional, se repite el mismo patrón: una preocupante tendencia a desaparecer en las citas de máxima exigencia. Que un futbolista con más de tres décadas de vida y decenas de batallas internacionales ceda el testigo del miedo a un compañero sin experiencia en la materia no solo cuesta un partido; fractura los códigos no escritos de un vestuario.

Jonathan Tah falló el penalti, pero el partido, y quizás algo más, se empezó a perder cuando los líderes teóricos decidieron mirar hacia el césped.



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