Artículo originalmente publicado en el número de Gigantes 1569 de junio de 2026

A veces nos encontramos con gente que posee un encanto especial, algo que nos engancha sin remedio. José ‘Piculín’ Ortiz era de esas personas. Todos aquellos con los que he hablado para saber más de él, me han relatado cómo cualquier circunstancia vivida junto a él se ha convertido en un recuerdo para conservar en la memoria. Picu poseía un magnetismo especial que atraía a los demás. Tenía carisma, esa habilidad de hacer sentir cómodos a otros y proyectar energía positiva.

El pasado 5 de mayo fallecía este icónico jugador a los 62 años de edad. Llevaba luchando contra un cáncer de colon desde finales del 2023, momento en que lo anunció en sus redes sociales. Leyenda del baloncesto y más que un ídolo en su país, disputó cuatro Juegos Olímpicos con la selección de Puerto Rico. Piculín era un pívot de 2,07 m, con un característico e infalible tiro a tabla. Jugó en la NBA y en España a finales de los ochenta y comienzos de los noventa, siendo CAI Zaragoza, Real Madrid, Barcelona, Festina Andorra y Unicaja Polti sus equipos en la ACB.

Ramón Rivas

Más que una amistad. Entablamos una buena amistad que fue creciendo, hasta tal punto que fue el padrino de mi primera hija. Éramos como de la familia. Él pasaba las navidades en mi casa y yo en la suya. Compartimos mucho. El Picu era muy especial, era único.

Humanamente. Era bonachón y muy dicharachero. A pesar de su grandeza en el campo, tenía ese don de llegar a un sitio y sentirse que dominaba. Tenía buenos sentimientos, era buen ser humano, muy querido por su forma de ser, se dejaba querer donde iba. En el campo era exigente y no siempre le puedes caer bien a todo el mundo. Pero el resumen de Picu es que era un buen tipo.

La NBA. Le tocó bailar con la más fea cuando llegó a Utah Jazz, ya que tenía a Karl Malone en su posición, que era intocable. De modo que tuvo que jugar en una posición que no dominaba. Él no era un 3 alto que tuviera las habilidades para poder haber lucido en aquella época. De haberlo puesto en su posición, en el 4, hubiese tenido una gran carrera en la NBA porque era un garantizado, eran dos puntos cada vez lanzaba contra el cristal. Conocía muy bien el juego, y más que nada, no le temía a los grandes momentos, no se achicaba con ningún jugador.

A Jerry Sloan no le gustaba el Picu y prácticamente lo dejó sin jugar. Picu era muy competitivo y por ahí venía su enfado. Aunque era un recién llegado a la NBA, él no se sentía un novato. Lo que quería era jugar. Así que prefirió volver a España y ser cabeza de ratón en vez de cola de león. No tuvo paciencia para haber estado un tiempo sin jugar en la NBA. Posiblemente, si hubiese esperado un par de años más, no en Utah porque estaba Karl Malone, pero jugando de 4 en otro equipo, hubiera tenido tanto éxito como pudo haber tenido Scola, por ejemplo. Tenía las condiciones para haber triunfado en la NBA.

Rivales que le motivaban. Nosotros siempre teníamos piques con Oscar y con el equipo de Brasil (risas), que tenía un equipazo. Oscar era un gran tío y un gran jugador, pero tenía esa capacidad de sacarte lo mejor y lo peor de ti. Siempre teníamos que enfrentarnos a ellos y eran de los que te celebraban en la cara… y jodía, no hay otra palabra para describirlo. Entonces había mucha motivación contra ellos. Oscar y el Picu eran archienemigos en el campo, pero no a nivel personal.

España. Donde se lo pasó mejor fue en el Barça. Amaba Barcelona, le fastidió cuando se tuvo que ir de allí. Siempre guardó muy buenos recuerdos de Barcelona, tanto a nivel deportivo como a nivel de ciudad. Fue muy feliz en Barcelona.

El tiro a tabla. El panameño Rolando Frazer, que jugó en Manresa, era un experto tirando a tabla, y creo que Picu aprendió a tirar a tabla viendo a Rolando Frazer jugar. Cuando nosotros empezamos a jugar en Puerto Rico, apenas había refuerzos en la liga, es decir, jugadores que venían de fuera, pero uno de ellos era Frazer. El Picu aprendió ese tiro a tabla con Rolando Frazer, y prácticamente lo patentizó, se convirtió en su mejor arma. Cuando estaba en el poste bajo, se giraba y la tabla era su mejor amiga. Lo tiraba tan alto que era complicado taponarlo. Como dicen en mi tierra, era un globo.

Paco Zapata

Fuera de las cancha. Piculín era un tío entrañable, muy cariñoso. Desde que llegó al CAI, enseguida se adaptó a nosotros, al club, a la ciudad… a todo. Por entonces, a los americanos que venían les costaba adaptarse, pero él fue llegar y enseguida era uno más de la plantilla. Era implicado, motivado, entregadísimo a todo.

Yo estuve con él en el CAI y después en el Barça. Al llegar a Barcelona, me estaba costando encontrar una vivienda, y recuerdo que me decía: “Paco, vente a mi casa”. Era un tío acogedor, muy generoso. Vivía por Sant Just, tenía una casa que se la había alquilado a Roberto, el futbolista, el típico chalet adosado. Estaba solo en casa, su mujer no había llegado todavía, y el tío me acogió allí durante un mes. Íbamos juntos a todos los lados.

Recuerdo que cuando íbamos a comer o a cenar, en la mayoría de los sitios salían todos a saludarle, el cocinero, el camarero, el metre… Y todos: “¡Picu, Picu!”. Era un tío que desprendía cariño. No era uno más, se había ganado el cariño y la confianza de la gente. Era un tío muy cercano.

Piculín no era de los que pasaban desapercibidos, fue un jugador que dejó huella. Cuando me enteré de la noticia empecé a hablar con gente de Zaragoza, del Barça, de Andorra… y todos lo recordaban con muchísimo cariño. Por donde pasaba desprendía cariño y dejaba amistad. Dejó buen rollo en todos los lados.

Deportivamente. Era un pívot muy de la pintura, que jugaba muy bien en el poste bajo. Hizo muy buena temporada en Zaragoza. Recuerdo que jugamos el playoff contra el Madrid, y se motivaba mucho cuando enfrente había grandes pívots. Y ahí, contra Fernando Martín, estaba muy motivado. Contra Martín quería demostrar lo que valía, el decir: “Tú eres muy bueno, pero yo no soy peor que tú”. El tiro a tabla le salía natural, lo había hecho toda la vida, lo utilizaba mucho y era muy efectivo.

José María Pedrera

El ser humano. Picu era una persona maravillosa, muy querido dentro del vestuario. Estaba muy pendiente de los júniors, nos regalaba ropa, nos invitaba a su cumpleaños. Recuerdo un cumpleaños con él, Audie Norris, Ángel Almeida, Dani Rovira y yo. Nos llevaron a cenar y después tomamos unas cervezas… lo pasamos genial. Es uno de los jugadores de los que mejores recuerdos guardo de mi etapa júnior en el Barça.

Un jugador con carácter. Era un tío que siempre iba al cien por cien. Se picaba en los entrenos… quería ganar siempre. Si tenía que pegar una bronca la pegaba. Era una estrella que intentaba que todos estuviéramos siempre concentrados, siempre al cien por cien. Tenía un tiro de 4 metros a tabla que era infalible. Además, de vez en cuando se animaba a tirar de 3 y tampoco tenía mala mano. En defensa a lo mejor flojeaba un pelín, pero la envergadura que tenía a la hora de rebotear, de ayudar debajo de los aros, era tremenda.

Anécdotas. Resulta que salió en prensa unas declaraciones de Johan Cruyff, por entonces el entrenador del Barça de fútbol, donde decía que los jugadores de basket no tenían que cobrar tanto o que no corrían. Bueno, si ves a Picu cuando se enteró, diciendo que le pusieran al más rápido que tuviera de la plantilla de fútbol o al que más aguantara, que el Picu lo desafiaba en el Nou Camp a ver quién corría más. Picu estaba súper encendido. ¡Ufff! Se ponía… (risas). Parece que lo estoy viendo. Tenía la sangre caliente, se metía en todos los fregaos. Cuando leyó lo de Johan enseguida saltó: “¡Que me traiga al más rápido…!”. El cabreo era cojonudo.

José Antonio Montero

La persona. Era una persona entrañable, un buen amigo, una persona que se hacía querer. Además, un jugador muy comprometido con los clubes por los que fichaba, con un carácter muy latino, de pertenencia al grupo, de dar lo máximo por ese club. Picu era una persona cariñosa, no era nada rencoroso. La vida le ha dado muchísimas cornadas de muchos tipos, pero no le guardaba rencor a nadie. Pero eso sí, sabía imponerse y defender lo suyo. No le gustaba que se metieran con su gente, con sus amigos, con sus compañeros. Sabía defenderlos y era capaz de sacrificarse por ellos.

Anécdotas. Una noche, después de jugar en Málaga, nos quedamos a dormir allí. Ganamos y nos vamos de fiesta todo el equipo. La noche se complica, lo típico, chavales jóvenes… Estamos volviendo al hotel sobre las 6,30 o 7 de la mañana, ya había amanecido, y coño, cuando vamos a entrar nos encontramos a un directivo del Barça, Paco Bernat, que ya se había levantado y estaba pasillo arriba, pasillo abajo en el hall del hotel. Y nosotros esperando fuera: “¿Qué hacemos?”. Total, que decidimos entrar, pero cuando él fuera en el sentido contrario a los ascensores, para que no nos viera. En el momento en que Paco Bernat estaba de espaldas a nosotros cruzamos unos cuantos, Picu esperó al siguiente turno. Los cuatro o cinco que ya habíamos entrado estábamos esperando a Picu con la puerta abierta del ascensor, y en ese momento Paco Bernat se da la vuelta y lo pilla cruzando el pasillo: “¡Hombre, Piculín! Muy bien, como me gusta que los deportistas os levantéis pronto… Bueno, ¿y qué tal?”. Y va y suelta Piculín (risas): “Pues ya lo ves, Paco. Aquí, disfrutando la mañana. Voy a subir a la habitación a recoger la maleta”. Aunque nosotros estábamos muertos de la risa, el directivo se quedó conforme. El disfrutando la mañana ha sido una de las frases más memorables que yo he visto, una frase mítica de Piculín que siempre he recordado. Cuando coincidía después con él y me preguntaba cómo estaba, siempre le respondía: “Pues aquí, Picu, disfrutando la mañana”. Ese disfrutando la mañana lo definía. Picu se ha ido, pero no se ha dejado nada por hacer. Ha sido una de las personas más disfrutonas que he conocido. Ha disfrutado de cada momento de su vida.

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