Probablemente muy pocos seguidores de los Medias Blancas tenían conocimiento de quién era Wilson Eduardo Álvarez Fuenmayor aquel domingo, cuando hizo apenas su segunda presentación de Grandes Ligas en el Memorial Stadium de la ciudad de Baltimore.
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Seguro que la narradores Gonzalo López Silvero y Mario Dubois, quienes en aquella ocasión transmitieron el encuentro en vivo para toda Venezuela a través de la señal de Venevisión, sí sabían de aquel zurdito que desde la edición 1986-87 se abría camino en la pelota profesional venezolana con las Águilas del Zulia, quien acababa de ser promovido por los ChiSox desde la filial AA de Birmighan, con la cual exhibía estupenda marca de 10-6 con 1.83 de efectividad en 23 aperturas.
Ese fin de semana, Álvarez se unió al equipo grande en la ciudad de Baltimore y para el domingo fue incorporado a la nómina en lugar del derecho portugueseño Ramón García, quien en la jornada sabatina se llevó el triunfo en su décima cuarta aparición del año. A Álvarez le correspondió iniciar el tercer choque de la serie de cuatro juegos.
Debut incierto
El pitcher zuliano que entonces contaba 21 años de edad, había iniciado su carrera en Estados Unidos cinco años antes, en 1987, en el sistema de sucursales de los Rangers de Texas, organización que tres años después lo asecendió a Grandes Ligas, pero fracasó en su única experiencia arriba: el 24 de julio de 1989 enfrentó a los Azulejos de Toronto, en el Arlington Stadium y no pudo retirar a ninguno de los cinco rivales que enfrentó: Junior Félix le dio la bienvenida con línea de hit al centro. Luego siguieron jonrones de Tony Fernández y Kelly Gruber más boletos a George Bell y Fred McGriff, que obligaron a enviarlo a las duchas.
Cuatro días después de aquella terrible experiencia con Texas, Álvarez cambió de camiseta. Fue enviado en un cambio a los Medias Blancas junto al dominicano Sammy Sosa y Scott Fletcher, a cambio del venezolano Fred Manrique y Harold Baines.
Regreso triunfal
Los Medias Blancas le dieron a Álvarez la oportunidad de reivindicarse consigo mismo en aquella apertura del 11 de agosto de 1991, hazaña de la que mañana se estarán celebrando 35 años.
Ese día, Álvarez se convirtió en el primer pitcher venezolano que lanzó un partido sin hit ni carrera en la historia de las ligas mayores.
Haciendo batería con el receptor Ron Karkovice, Álvarez necesitó 128 lanzamientos, de los cuales 75 fueron strike. De los 32 enemigos que enfrentó, cinco se embasaron por boleto y siete sucumbieron por la vía del ponche. Solamente dos llegaron hasta la segunda almohadilla. Varios toleteros le dieron de forma recia a la pelota, pero solo en dos ocasiones hubo peligro de que aquellas conexiones de convirtieran en hit: en la séptima entrada le cargaron error en tiro a Karkovice tras un rodado frente al plato de Cal Ripken Jr., y en el cierre del octavo, Lance Johnson, se lució en la pradera central, al lanzarse de cabeza para atrapar peligrosa línea tendida de Chris Hoiles.
Cuando Randy Milligan abanicó el tercer strike para que cayera el out número 27 del encuentro que finalizó con score de 7-0, Álvarez ingresó a la historia como autor del 229° encuentro de No Hit No Run en las Grandes Ligas.
Ganó 102 juegos
Su carrera en el mejor beisbol del mundo se prolongó por 14 años, hasta 2005.
Después de esa histórica victoria en Baltimore, celebró otros 101 triunfos. Con los Medias Blancas lanzó hasta 1997, año en que fue enviado en un cambio a los Gigantes. Luego pasó tres temporadas con los Mantarrayas de Tampa entre 1998 y 2002 y finalizó su carrera con los Dodgers de Los Angeles 2003-05.
En 2004 se convirtió en el primer criollo con 100 triunfos, marca que consiguió con los Dodgers en su penúltimo año, el domingo 29 de julio de 2004 contra los Rockies, ante 28 mil 472 aficionados, en Denver, con labor de 5 actos, 4 hits, 2 carreras, 2 boletos y 6 ponches.