Fernando Da Silva, reportero deportivo comparti? :

Rodolfo Arruabarrena est? acostumbrado al sacrificio y al silencio. El hincha de Boca siempre lo acogi? por ser de la casa, cuando la casa no era la factor?a con ?nfulas de cinco estrellas que quiso imponer Mauricio Macri (y nunca termin? de asentar) sino los d?as de La Candela, hoy recuperada pero con muchos problemas estructurales?a fines de los 80, cuando el Vasco de Marcos Paz pisaba sus canchas.

Como jugador, la Bombonera abraz? al Vasco cuando regaba la cancha de sudor como un lateral izquierdo vertical, llegador, insistente, tozudo (vasco, al fin), y lo elev? a una categor?a a?n superior cuando convirti? dos goles en la final de la Copa Libertadores de 2000 contra Palmeiras, en un empate 2-2 en la Bombonera que parec?a sentencia de muerte para la revancha del Morumb? pero fue el pasaje hacia la primera conquista internacional para aquel Boca de Carlos Bianchi.

Sin embargo, cuesta poner a Arruabarrena en el inventario de los ?dolos de Boca, m?s all? de la empat?a con la gente, de su entrega como futbolista y de los dos t?tulos que consigui?, por fin, en su gesti?n como entrenador.

La Bombonera no canta por el Vasco; se entrega al «que de la mano de Carlos Tevez».

Arruabarrena, que de bajo perfil sabe mucho porque ha sido uno de sus grandes compa?eros de ruta en su carrera (junto con el sacrificio), no es divo ni vedette y sigue con su trabajo. Con errores y aciertos.?

Es innegable que el Boca del Vasco nunca alcanz? un rendimiento superlativo y, muchas veces, confunde por tener un estilo indefinido. Y en la estrecha v?a del resultadismo, para colmo, las eliminaciones coperas consecutivas contra River se cuentan como tropiezos de dif?cil recuperaci?n, sobre todo porque tras haberse dado de bruces contra el piso en el mano a mano, llegaron luego las consagraciones del rival.

Como t?cnico de Boca cosech? el 71,6 por ciento de los puntos disputados; consigui? reencauzar al equipo despu?s del golpe en la Libertadores frente a River y, aunque parezca cosa del siglo pasado, fue apenas 17 meses atr?s cuando asumi? al frente de un equipo tambaleante que acababa de dejar Carlos Bianchi, nada menos.

Apenas se conoci? en Italia la noticia de la renuncia de Guillermo Barros Schelotto al Palermo, muchos?hinchas de Boca iniciaron en las redes sociales una campa?a precoz y fugaz, como suelen serlo en estos espacios virtuales, para ubicar al Mellizo en reemplazo del Vasco.

El problema para el actual t?cnico de Boca, empero, no es la reacci?n adolescente de las redes sino el pensamiento de algunos dirigentes del club que ya est?n pensando en un reemplazo. Lo hacen por lo bajo, intentando operar y socavar al entrenador que, como tipo formado en el club, conoce de estos modus operandi.

Por ello que el presidente Daniel Angelici saliera a respaldar al t?cnico fue?una advertencia para los hinchas pero tambi?n para?esos dirigentes. No es l?gico ni justo que Arruabarrena deba rendir cuentas inmediatas, aunque Boca (como River) obligue a revalidar credenciales en forma casi permanente.

Por las presiones, por las operaciones, por las especulaciones, por lo espinoso del camino que le toc? recorrer, por el escaso reconocimiento y porque muchas veces hay oportunidades positivas disfrazadas de negativas, Rodolfo Mart?n Arruabarrena debi? haberse ido de Boca en noviembre, una vez consumados los dos t?tulos. Porque hasta tiene que hacerse cargo de la espantosa organizaci?n del f?tbol argentino que llev? a Carlos Tevez, su as de espadas, a estar m?s de dos meses inactivo.

Era abdicar despu?s de la conquista de la Copa Argentina, con las dos coronas en la cabeza pero eliminando nuevos ex?menes a los que iba a ser sometido. Pero el Vasco pudo m?s que Rodolfo Mart?n, y sigui?. Silencioso y?tozudo, soportando las exageraciones?que suele haber en el Mundo Boca.

v?a Arruabarrena ya debi? haberse ido