Tras haberse convertido en el ídolo de León capitaneando al mítico Elosúa que logró el ascenso a la ACB, Javier Fernández Fernández, más conocido como Xavi Fernández, llegó al Barcelona en la 94/95, donde ejerció de puente entre dos leyendas del baloncesto español, Epi y Juan Carlos Navarro. Alero de 1,94 m dotado de un gran talento e inteligencia en el juego, es considerado uno de los mejores tiradores que han pasado por la ACB. Pero Xavi Fernández fue mucho más que un excelente triplista. Era un jugador completo que ayudaba a sus equipos a ganar partidos, tanto si disputaban el título de liga, como si estaban inmersos en la lucha por ascender a la ACB.
La constancia y el trabajo fueron una constante a lo largo de toda su carrera y, pese a no ser un especialista en defensa, tuvo que abrirse camino en los difíciles años noventa, una época donde el físico y las defensas cotizaban al alza. Se retiró en la temporada 02/03 en Girona, la ciudad donde reside en la actualidad.
¿A qué te dedicas en la actualidad?
Xavi Fernández: Estoy en el Basket Girona. He estado los últimos 15 años trabajando en el Uni Girona, en el femenino. Y este año hemos tenido una reorganización, nos hemos integrado en el Basket Girona, con el equipo de ACB de Marc Gasol. Mi función es básicamente la misma que hacía hasta ahora, que es la gestión de los patrocinadores del área femenina.
Estuviste también entrenando, ¿no?
Xavi Fernández: Eso fue una época muy puntual. Hace unos, años en el Uni Girona, tuvimos un momento de crisis una de las temporadas, y cogí el equipo al final de temporada, durante dos meses, pero no he tenido vocación de entrenador. En todo caso de entrenador de formación, a nivel de enseñar técnica de tiro, fundamentos y tecnificaciones. Pero no he tenido lo que se ha de tener para ser entrenador profesional y pasarse muchas horas en las pistas y carreteras.
¿Por qué? ¿No te gusta lo suficiente? ¿No te sientes capacitado?
Xavi Fernández: No. Creo que la visión de baloncesto sí que la he tenido, y el concepto del juego también lo tenía, y lo he conservado estos años. Pero creo que para ser entrenador profesional hay que tener una madera especial, porque es una profesión muy solitaria, has de estar dispuesto a tener las maletas en la puerta porque, desafortunadamente son los primeros que pagan los platos rotos cuando el equipo va mal. Además, has de tener una vocación muy determinada. Entonces, cuando me retiré como jugador, me retiré aquí en Girona, tenía claro que quería establecerme y tener un lugar fijo de residencia y poderle dedicar tiempo a la familia. Y entonces ya lo descarté, pero sí, el olfato como jugador y el conocimiento del juego lo he intentado aplicar de otra forma estos años desde los despachos.
Similitudes y diferencias entre el basket femenino y el masculino.
Xavi Fernández: Xavi Fernández: Pues esperemos que cada vez tengan menos diferencias, sobre todo a nivel de herramientas y de posibilidades. Pero creo que todavía estamos lejos. En España somos un país de fútbol, que es el deporte que más genera a nivel de retransmisiones deportivas. Y el baloncesto, sea masculino o femenino, no tiene tanto seguimiento y no lo tenemos tan fácil para generar esos recursos. El femenino todavía está a mucha más diferencia respecto al masculino. Creo que faltan recursos, aunque ya se ha empezado a dar los primeros pasos entre la asociación de clubes del femenino, la asociación de jugadoras y con el Consejo Superior de Deportes. Sin embargo, todavía faltan un par de pasos decididos para empezar a ponernos en el camino adecuado.
Tus inicios en baloncesto. ¿Comienzas en las categorías inferiores del Hospitalet?
Sí, correcto.
¿Qué recuerdas de aquellos inicios? Algo que se te haya quedado grabado, tu primer recuerdo con un balón de baloncesto.
Xavi Fernández: Bueno, situémonos. Yo vivía en un barrio emigrante, como es Hospitalet, en una ciudad de la periferia de Barcelona. Vivía al lado de un pabellón polideportivo, el de Hospitalet, el antiguo, por decirlo de alguna forma. Eran otros tiempos, hace muchos años (risas), no había maquinitas, no había móviles, no había PlayStation, y los niños pasábamos mucho tiempo en la calle. Es lo que había, ahora no sé si es una ventaja o un inconveniente, viendo la infancia y adolescencia de hoy en día con los móviles, pero en aquel momento era lo que había y me pasaba muchas horas en las pistas de baloncesto. Recuerdo jugar con mi equipo en el Hospitalet, pero jugar en el instituto en Bellvitge, la liga interna, la liga de institutos… había fines de semana que jugaba como tres o cuatro partidos. Entonces, todo eso para lo que es la progresión de un jugador me fue muy bien.
Tu padre es gallego y tu madre cántabra.
Xavi Fernández: Sí, efectivamente. Ellos fueron emigrantes hace muchos años y tuvieron la familia ya en Hospitalet, como otras muchas familias de la periferia de España. Hospitalet ha sido una tierra que ha acogido a muchos emigrantes, los charnegos, que le decíamos en aquella época. Mis padres buscaron una oportunidad para sus hijos que no tuvieron ellos en sus tierras natales. Mis padres han sido mis referentes, mi padre se levantaba a las 5 de la mañana para ir a trabajar, y mi madre iba a limpiar casas para poder pagar los estudios de sus hijos.
¿Notabas que el baloncesto se te daba bien cuando empiezas a dar tus primeros pasos en este deporte? ¿Cómo te veías en esos inicios?
Xavi Fernández: Curiosamente, yo con los años, me di cuenta de que había cosas en las que era muy bueno y otras en las que era muy malo, es decir, el físico fue algo que a lo largo de mi carrera había momentos en que echaba en falta, unas mejores piernas, tener un físico que me acompañara más, mejor calidad muscular, el ser más alto, correr más.
Alguno de los compañeros me hacían bromas y me decían que en el reparto de las manos yo había estado de los primeros de la lista, pero que en el de las piernas me había quedado de los últimos, ja, ja. Y creo que esto con los años lo tapé, incluso la defensa… la potencia defensiva la tapé muchas veces intentando utilizar la inteligencia, la picardía, el conocimiento del juego… fue una constante en mi vida, desde los inicios. De hecho, una de las cosas de las que me siento orgulloso es que tardé mucho en llegar a ser profesional, pero al final lo conseguí.
Fichas por la cantera del Joventut.
Xavi Fernández: Sí. En el Hospi había pasado por las categorías inferiores y, junto con Antonio Medianero, éramos las promesas, los protegidos de la Pepita Marcé, la presidenta que hizo mucho por mí. Siendo juvenil, tenía ficha júnior y ya estaba en dinámica del equipo sénior en primera B. Competimos en el Torneo Júnior del Hospi, fuimos a campeonatos de España, siendo un hito muy importante para el club. Del Hospitalet me fui al júnior del Joventut Badalona para saber qué era estar cerca de la élite, para tener una estructura de club profesional y mejorar físicamente. En esa época no todos los clubes tenían preparadores físicos, gimnasios… Estuve un año allí, con el equipo de Pedro Martínez. Él era entrenador en un equipo donde había mucha competencia, había muy buenos jugadores. Creo que aquel equipo júnior quedaron tres años seguidos campeones de España. Estaba Jordi Pardo, Paco Jiménez, Juanan Morales, Carlos Ruf, Sergi López, David Solé, Rosa, De los Aires… y después, por debajo, había también jugadores como Tomás Jofresa, Medianero o Dani Pérez. Formaron unos mimbres muy buenos a nivel de jugadores, de hecho, todos llegarían a ser profesionales.
En aquel momento no tenía espacio, digamos, para crecer. Me hace gracia porque con Pedro Martínez, con el que hemos coincidido muchas veces y nos tenemos un gran cariño, igual que con Alfred Julbe, que era el entrenador del primer equipo, a veces hacíamos la broma de quién de los dos es el que me había echado del Joventut, en plan broma, en plan de coña. Quizá lo que yo necesitaba en aquel momento era hacer mi camino, está claro que mi camino no era subir directamente al primer equipo del Joventut, sino dar un largo rodeo en el que coincidiría con grandes entrenadores de formación. Y efectivamente, al año siguiente fui al Caixa Sabadell, con Miguelito López Abril, en segunda. La temporada fue bien, conseguimos subir a lo que era en aquel momento la Primera B, pero tuvimos un problema con el sponsor, se subió deportivamente, pero no se pudo ejecutar el ascenso. Al año siguiente fiché por el Santa Coloma, que estaba en Primera B, y coincidí con Andreu Casadevall. La verdad es que tuve muy buena suerte en esos momentos ya que, a pesar de que no eran estructuras profesionales, había muy buen entorno competitivo y formativo en Primera B y segunda con estos entrenadores, y me permitieron tener una formación de primer nivel. Evidentemente, con muchas horas de trabajo, porque en Santa Coloma compaginaba el primer curso de INEF en Barcelona, con los viajes, con todo lo que había. Lo recuerdo como una época muy exigente, pero muy provechosa. El inicio del profesionalismo con mucha ilusión.
¿Cómo fue el momento en que te comunican que no sigues en el Joventut?
Xavi Fernández: Me lo dijo Pedro (Martínez) en persona, pero me lo dijo con mucho cariño y sin poner el dedo en la llaga. Yo le agradecí aquel año de trabajo, que me fue muy bien para conocer un entorno competitivo al máximo, como es el del Joventut, con una de las canteras más importantes de Españas, de antes y ahora. La vida te hace quedarte con la parte positiva de las cosas y, como se dice, lo que no te mata te hace más fuere, pues aquello (risas) me hizo fuerte porque lo tenía entre ceja y ceja, lo quería intentar, y en eso estuve. Al final la vida a veces te da lo que necesitas, no lo que tú quieres. No me arrepiento del camino que me tocó hacer y lo hice muy agradecido.
Aquel varapalo te hizo más fuerte.
Xavi Fernández: Sí, porque precisamente con Santa Coloma, que era uno de los equipos de la parte baja de la clasificación de Primera B, estamos hablando del año 88, jugamos playoffs de descenso, y uno de los equipos contra los que jugamos era el Elosúa León. Recuerdo que les hicimos sufrir mucho, con partidos a la prórroga, con partidos que se decidieron en los últimos segundos… y la vida tiene estas cosas, el Elosúa nos envió a segunda y a los pocos meses tuve una oferta para iniciar mi camino profesional allí, imagínate qué puerta se me abrió.
Los comienzos en León.
Xavi Fernández: Me fichó Ramón Fernández, para mí uno de los grandes estrategas y gestores del baloncesto español, con Gustavo Aranzana en el banquillo, un entrenador con mucha chispa, con mucho instinto, con quien tuve una relación muy especial. Mi primer año en León fue en Primera B, y conseguimos el ascenso.
Con tus tres tiros libres contra el Andorra
Xavi Fernández: (Risas) Qué buena aquella. Pues sí… aquellos tiros libres fueron contra Edu Torres, que luego también coincidíamos y me hacía la broma de que no había sido falta. Edu Torres estaba en Andorra, y fue una situación que perdíamos de 3, quedaban 8 segundos, si no recuerdo mal, y tenía el Andorra balón y sacaban de su campo. Y estas cosas de no dar nunca un partido por perdido, sacaron hacia delante, perdieron el balón, lo cogí, hice un tiro de 3 y creo que fue Landeira, la árbitra… bueno, me hicieron falta, tiré tres tiros libres con el marcador a 0, los metí y fuimos a la prórroga. Ganamos, pasamos de ronda y conseguimos el ascenso. Unos recuerdos maravillosos en León.

¿Qué se te pasó por la cabeza durante esos tres tiros libres?
Bueno… era fácil porque no había otra opción que meterlos (risas). A veces también piensas que es cuestión de suerte, que te acompañe ese punto de suerte. Pero no lo recuerdo como especialmente dramático, hice lo que había que hacer.
La final contra el Llíria.
Sí, jugamos la final contra el Llíria para el ascenso a ACB. Conseguimos el ascenso y fue impresionante porque eso nos sucedió en Lugo. Nos habían cerrado el campo por protestas de los árbitros y tal. Fue impresionante, no sé cuántos autocares de leoneses fueron a Lugo… y después celebrando el ascenso en la Plaza Mayor del Ayuntamiento con miles de personas. Aquello fue uno de los recuerdos maravillosos de mi carrera deportiva.
En tu primer año en la ACB, eres nombrado el mejor debutante por la revista Gigantes del Basket. Fue un gran año para ti.
Sí, crecimos muy rápido. Éramos una generación de jugadores con mucha hambre. Está claro que el Elosúa, en aquel momento, llegó a la ACB para intentar consolidarse, no fue flor de un día, era un proyecto con pretensiones, con una afición detrás del equipo, con un grupo de directivos muy implicados, Josechu Pardo de presidente, Pepe Estrada, Lisardo, Morais, Dóriga. No había una estructura muy profesional en cuanto a cantidad, pero la gente que había era muy talentosa y se dejaba el alma. Además, con la ciudad volcada con el baloncesto en aquel momento. Sí, por mi parte, después de aquel año del ascenso, fueron cuatro años en la ACB maravillosos.
Jugando la Copa Korac…
Sí, jugando fases de clasificación de la Copa del Rey, creo que un año llegamos a los cuartos de final de la Korac. Imagínate, un León jugando contra la Virtus de Bolonia, contra el Scavolini… verdaderamente fueron unos años maravillosos.
¿Cómo era el ambiente en León, tanto dentro como fuera del pabellón?
Era mi primera experiencia fuera de casa, un chavalito de 20 o 21 años, y la verdad es que muy bien, muy cómodo. A veces pienso qué hubiera sido de mi vida si me hubiera quedado allí, porque me sentía como en casa. El Elosúa me dio la oportunidad de crecer como jugador. Me dolió tomar la decisión de irme, pero también fue un poco como consecuencia de la trayectoria, de haber entrado ya en el baloncesto profesional. El club tenía su rumbo y yo, como jugador, tenía el mío. Llegó una oferta del Barça, de lo que era mi tierra, imagínate para un chico de Hospitalet lo que eso significaba. Llegó en el momento de mi madurez deportiva, y creo que al Elosúa les compensaron por mi formación, por decirlo de alguna forma. Pero muy agradecido a León, me dejaron las puertas abiertas. Ha sido un amor y un cariño mutuo con León.
Eres considerado el mejor jugador de la historia del Baloncesto León.
Esto para mí significa un orgullo enorme y muchísima responsabilidad. Tengo que decir que en León han probado cecina de la buena, porque han pasado jugadores como Essie Hollis, Mike Schlegel, Reggie Johnson… y me dejo muchísimos. Es un honor para mí, y demuestra que no son muy realistas, que es por el cariño que me tienen, pero lo agradezco muchísimo.
Entrevisté a Xavi Crespo y me comentó que cuando lo aportaron del equipo en León, junto con Silvano Bustos, echó en falta tu apoyo como capitán del equipo. Al explicar la difícil situación que vivió con aquel expediente de regulación de empleo que sufrió por parte de la nueva junta directiva, yo le pregunté: “¿Qué es lo que más te molestó de todo lo que se publicó? Aquello de decir, esto ya es el colmo”. Y esta fue su respuesta: “Que Xavi Fernández estuviera desayunando con la junta directiva, y no hiciera ninguna declaración sobre la situación que estábamos viviendo, y era el capitán. Que saliera en la prensa desayunando con la junta directiva, que nos estaba haciendo esto a nosotros, y que nunca hiciera nada por defender la situación… que nunca hiciera nada en contra de la situación. Lo que hizo fue apoyar la decisión de la junta”.
Lo que tengo que decir sobre Xavi Crespo es que le estoy muy agradecido por los años que compartimos en León. Formamos una de las mejores parejas de aleros de la liga, ganando partidos al Barça, Madrid, llevando al club a cotas inimaginables. Fue un gusto jugar con él. Sobre lo que comenta, me imagino que cada uno tenemos nuestra perspectiva, y entiendo la suya porque se encontró en una situación injusta e intentó defender sus intereses delante de un presidente que tomó unas decisiones, bajo mi punto de vista, desacertadas y traumáticas. No tengo mucho más que decir, prefiero ahorrar detalles un poco vergonzosos, como la propuesta que nos sugirió la Asociación de Jugadores para solucionar la situación involucrando a todo el club.
Xavi Crespo también habló de un momento en que, cuando él ya era jugador del Barça, te intestaste acercar a él. Estas fueron sus palabras: “Cuando vino a jugar a Barcelona después de todo este follón, que yo había vuelto al Barça, nos tocó jugar contra ellos (León) en el Palau Sant Jordi, y Xavi Fernández se me acercó antes del partido, venía hacia a mí a saludarme y tal, y le dije: ‘Mira, no te acerques más. Si quieres hablar conmigo vamos a un sitio donde no nos vea nadie, y entonces te diré lo que pienso realmente de ti. Pero aquí delante de todo el mundo, a ti no te saludo’”.
Sí, es cierto, no me saludó, pero por lo visto me soltó la parrafada (risas).
Supongo que para ti, como capitán del equipo, también sería una situación muy dura.
Bueno, fue una situación dura para todos, pero sobre todo dura para estos dos jugadores que estuvieron apartados de la dinámica y que, seguramente, aun llegando a un acuerdo con el club, les afectó en sus carreras deportivas.
¿Quieres añadir algo más, Xavi?
No mucho más, la verdad. Hubo un conflicto entre dos partes que, de forma acertada o no, defendieron sus intereses. Los jugadores querían cobrar lo que se les debía, el empresario que estaba de presidente quería pagar lo menos posible, y en medio había muchas otras personas que querían al club e intentaban seguir siendo profesionales, haciendo equilibrios en ese enfrentamiento que acabó siendo personal entre ellos. No siento la necesidad de justificar públicamente lo que hice. Más que lo que piensen algunas personas de mí, lo que me importa es lo que pienso yo de mí mismo. Ahí no tenemos máscaras ni escapatoria.
Cuando me fui al Barça la directiva también tensó la cuerda conmigo para conseguir unos ingresos de traspaso del Barcelona. Yo me lo tomé como una forma de devolver al León lo que habían invertido en mí y agradecer que había llegado como una joven promesa, y me iba como jugador internacional que aspiraba a todo. Me alegré de poder hacer mi camino y que el León pudiera seguir haciendo el suyo.
Te llega la oferta del Barça, que era un sueño para ti.
Sí, efectivamente.
¿Había otras ofertas?
Xavi Fernández: Sí, yo creo que había interés de varios equipos, pero básicamente me centré en la que era mi ilusión. Mi agente siempre ha sido Joan Estrada, que provenía del ambiente cultural, y con el que siempre priorizamos las cuestiones deportivas y mi felicidad. En aquel momento inicié una nueva etapa, quizá arriesgada porque en León lo era todo, pero me movía la ambición deportiva, ver hasta dónde era capaz de llegar, disputar títulos contra los mejores. Tuve la suerte con la decisión que tomé, de coincidir con una gran generación de jugadores en el Barça. Con el tiempo me di cuenta de que fue una decisión acertada por mi parte.
5 temporadas en el Barcelona donde ganas 4 ligas y la Copa Korac. Pero, en cambio, la Liga Europea se os resistía. ¿Qué pasaba con estaba competición? ¿Era algo obsesivo para los más veteranos del equipo? ¿Cómo veías al equipo cuando afrontaba una Final Four?
Había jugadores veteranos, como Epi o Jiménez, que habían pasado por las experiencias de haber perdido otras Final Four, pero no tuve la percepción de que era una losa insalvable. Los que veníamos por debajo teníamos mucha ilusión por el juego y por encontrarnos en esas situaciones. También hay que darle valor a llegar a la final de la Final Four. Creo que el equipo, sobre todo en la primera que yo estuve, que es la del mítico tapón de Vrankovic, recuerdo que ganamos en el campo de Panathinaikos de 20… creo que ese año el Barcelona hizo méritos para ser campeón de Europa. Es lo que hay… hoy día, con las revisiones se hubiera pitado otra cosa, pero es lo que hubo en ese momento, y tocó aceptarlo y continuar y conformarse con otras cosas, como fueron 5 años que estuve allí, 4 ligas, finales de Euroliga, 1 Copa Korac… no me quejo de cómo fueron las cosas.

Coincides un año con Epi en el Barça, antes de retirarse. ¿Te comentaron que ibas a ser su sustituto cuando te ficharon?
Para mí era una ilusión tomar el relevo de un mito como Epi, que tenía sus posters en la habitación. Yo era de la generación que se levantaba de madrugada para ver los partidos de la Olimpiada en Los Ángeles… imagínate estar en esa tesitura. Epi ha sido uno de los jugadores más carismáticos de la historia, uno de los jugadores más decisivos, con una personalidad más fuerte en una pista. Esto fue cuando entraba en el Barça y, cuando salí, en mi último año, los júniors del equipo eran un tal Pau Gasol y Juan Carlos Navarro (risas), que eran los que llevaban las toallas. Imagínate en qué periodo me tocó estar en el Barça, es decir, hacer de puente entre los mejores aleros de la historia de la ACB. La prensa hacía su trabajo publicando que si yo era el sustituto de Epi y tal. Sin embargo, no me afectaba lo más mínimo porque me hacía tanta ilusión que no sentí una presión añadida. La presión ya la llevaba incorporada por lo que había pasado antes, jugando playoffs de descenso en Primera B, playoffs para subir a la ACB y ser profesional… Para mí, lo de ser el relevo de Epi, era una presión muy bonita, era un impulso para seguir y seguir.
Antes me has dicho que, cuando te echaron del Joventut, tu obsesión era llegar a ser jugador profesional, que era algo que se te había metido entre ceja y ceja. ¿Sentiste un descanso, un alivio, al fichar por el Barça y, por tanto, al haber conseguido aquello por lo que tanto habías luchado? ¿Te quitaste mucha presión de encima?
Mi presión era responsabilizarme de la oportunidad que habían dado. En ese momento me fichó Aíto y Salvador Alemany, en una directiva donde también estaba Antoni Vilanova, y mi intención era no defraudarlos. Se habían decidido por mí y, seguramente, otros grandes jugadores habían dejado de venir al Barça para que yo tuviera esa oportunidad. Para mí era una responsabilidad hacer lo máximo que estuviera en mi mano. Si algo hice a lo largo de mi carrera es intentar ser constante, estar siempre en los entrenos, en los partidos, intentar perderme lo menos posible, estar al lado del equipo cuando me necesitaban… Creo que esa es de la parte de la que me siento más orgulloso.
Tus rutinas con el tiro. ¿Eras de los que se quedaban mucho a tirar?
Sí, yo era obsesivo en ese sentido, creo que no puedo servir de ejemplo para las nuevas generaciones con esto de la salud mental. Sobre la responsabilidad de jugar bien y ser regular, me castigaba mucho cuando tenía un mal partido. Podíamos perder un partido y, si al día siguiente teníamos descanso, me obligaba a ir a entrenar para hacer tiro, y tirar y tirar. Lógicamente, no te vas a poner a defender después de haber jugado un partido. Quizá era más una válvula de escape para liberarme de la responsabilidad de tener que ser buen tirador. Está claro que si juegas mal y entrenas mucho, al final todo es como una rueda y todos los entrenamientos suman, y todo eso hace que al final seas un buen tirador. En todos los equipos tuve compañeros que me sirvieron de inspiración por su ética de trabajo, como Roberto Herreras y Alberto Angulo en León. ¡Qué pesados eran! Cada single day tener que darlo todo en cada entreno, por la exigencia que había para ganarse el puesto! En ese sentido, cuando a veces los periodistas habláis de los mejores tiradores de la época y hacéis comparaciones y tal, yo creo que a un tirador, además de la cantidad, también hay que medirlo por la calidad de los tiros, o sea, la capacidad de meterlos en los momentos importantes. Creo que es complicado comparar jugadores de diferentes épocas; hace 20 ó 30 años seguramente los porcentajes eran más elevados que hoy en día. Como ejemplo, Chichi Creus es uno de los grandes tiradores de todos los tiempos, a nivel de porcentajes y de las canastas decisivas que metió, y lo que ayudó a sus equipos a conseguir grandes éxitos.
Se te recuerda por tu constancia y regularidad. Además, eres considerado uno de los mejores triplistas que han pasado por la ACB, con más de 700 triples metidos y un 43,5 % en tiros de 3 a lo largo de tus años en esta competición.
Como te he dicho, fui muy obsesivo, hasta la extenuación. Pero había algo que me molestaba, que era el inicio de la especialización en el baloncesto. En mi primera época, quizá los jugadores eran más completos, de hacer más cosas en el juego. Y a medida que iban pasando las temporadas, cada vez se iba especializando más este deporte: en los tiradores, defensores, las rotaciones se iban acortando… era la evolución propia del baloncesto español hasta lo que se ha convertido en la actualidad. Y, como te decía, había algo que me molestaba, que era que me encasillaran en ser solo un tirador. Yo lo que quería era ser un jugador completo, quizá en defensa no lo era mucho, pero sí en ataque, sí en tener una buena lectura, sí, sobre todo, en tener una visión de lo que necesitaba el equipo, en intentar ganar los partidos en los momentos ajustados, a veces tirar, a veces asistir, controlar el juego, tener un buen ambiente de vestuario… Me siento orgulloso de que me digan que he sido un buen tirador, pero sobre todo me siento más orgulloso de la parte de ayudar a los equipos a ganar partidos, estuvieran los equipos donde estuvieran. Tuve la suerte de pasar por todas las experiencias que te puede dar el baloncesto, de jugar por ganar el título de liga a jugar por no bajar.
Eras un jugador con muchas virtudes. Además de tu excelente tiro a canasta, eras un jugador muy inteligente en el juego, que cargabas de faltas a tus rivales, en definitiva, una pesadilla para tus adversarios. ¿Recuerdas algún pique con algún rival, de decirte: “Xavi, para ya, que me las estás haciendo pasar canutas”?
(Risas) Sí, sí. Me acuerdo buenos duelos con Isma Santos estando en León. El tío no me dejaba respirar; hasta que no le hacía 3 faltas y lo enviaba al banco a descansar, no podía empezar a anotar. Duelos también con otros tiradores, como Herreros, del que tengo grandes recuerdos; con Perasovic, que era a ver quién fallaba antes, porque tampoco ellos eran (risas) muy buenos defensores. El tema de la defensa en aquella época vino después. Fueron años de disfrutar mucho.
Ahora que estamos hablando de tus rivales, ¿quiénes eran los que más te hacían sudar? ¿Con quién tenías pesadillas?
(Resopla) Ya te digo, algunos me lo hacían pasar mal, pero casi temía más a los grandes defensores, que decía: “Hostia, qué rollo…”. Me acuerdo de Isma Santos o de Quino Salvo en el Valladolid, que era una bestia defensiva; te ponía la mano encima y no había quién se moviera; o Roger Esteller defendiéndome con el Manresa. Por otra parte, me gustaban los duelos con los grandes anotadores, tipo Oscar Schmidt, Perasovic, Herreros, Angulo, Jordi Pardo, Brian Jackson… porque sabía que ellos meterían mucho, pero (risas) yo también podría meter porque eran tan malos defensores como yo.
¿Qué tal con Aíto?
Pues la verdad es que bien, le tengo que estar muy agradecido porque fue la persona que me llevó al Barcelona y me permitió cumplir una parte de mi sueño. Me permitió llegar a lo más alto, disputar títulos, que con un equipo como León estaba complicado. Y después, como todo en la vida, hay una parte que sube y una parte que baja. Me explico, llegó el momento que me fichó, pero también llegó el momento de buscar una salida porque no tenía tanto protagonismo. Y en este caso diría que… no sé si la forcé yo o fue de mutuo acuerdo, más bien. Pero de alguna forma, como que en el Barcelona estos últimos años, estoy hablando de la temporada 99/00, con el inicio de estas estrellas en ciernes que venían por debajo, me tocaba ya asumir un papel más residual, más específico, más de especialista. Tenía también entre ceja y ceja, como chico de Hospitalet que quiere ser profesional, llegar algún día a ser histórico, y todavía me faltaba un recorrido, y dije: “Todavía tengo camino por hacer en otros sitios, aunque no sea en el Barcelona”. Y es de las decisiones que con el paso del tiempo no me ha quedado… no sé, no tengo una opinión muy clara de si acerté o no.
¿Cómo recuerdas la rivalidad con el Real Madrid?
La recuerdo muy bonita; igual tengo un punto de vista muy de fan. Ganar al Madrid era lo más. Ir a jugar a Madrid con todo un estadio lleno, con esas grandes estrellas, Sabonis, Arlauckas, Herreros, Bodiroga… y jugarte las cosas a ver quién lo hacía mejor, es que no podía estar más feliz. Lógicamente, a veces ganas y a veces pierdes. Yo tuve la suerte durante esos años, de ganar más veces al Madrid de las que perdíamos. De esos 5 años, ganamos 4 ligas y una que ganó el Manresa, o sea, hubo 4 veces que fuimos mejor que el Madrid. En aquel momento era muy importante que, si no conseguíamos la Copa de Europa, al menos ser el mejor equipo en España. Había un grupo magnífico a nivel personal, y como jugadores eran excepcionales. Quique Andreu, Salva Díez, Ferrán, Galilea, Manel Bosch, Montero, Dueñas, extranjeros como Middelton, los veteranos, Epi, Jiménez, no me quiero dejar a nadie. Fue un grupo magnífico y fue un lujo coincidir con ellos. Eran compañeros que aportaban en los grandes momentos y en los peores momentos también. Y luego, lógicamente, en la vida profesional de un deportista, hay de todo. Tengo gran recuerdo de los viajes, de tantos momentos de vestuario, de hotel, de aviones… Fue una época fantástica.
¿Qué compañero del Barça te impresionó más en el día a día?
En el Barça me impactó mucho la personalidad de Epi, ya lo he dicho antes, y la de Sasha Djordjevic, que era una personalidad muy arrolladora, muy ganadora. Intentaba aprender de todos, quedarme con lo bueno de todos. No puedo destacar a uno porque en el Barcelona todos los que llegan allí son grandes estrellas. Verdaderamente, hubo un grupo humano muy potente para estar todos esos años arriba. Después vinieron Nacho Rodríguez, Rodrigo de la Fuente… fue un grupo fantástico.
¿Qué recuerdas de los inicios de Pau Gasol y Juan Carlos Navarro en el primer equipo del Barça?
Recuerdo que tenían una cara dura impresionante. Debían tener 16 o 17 años, y tenían un descaro a la hora de jugar… El nuestro era un vestuario potente, con Djordjevic, Roger Esteller, que eran caracteres súper fuertes. Recuerdo que les decían: “Qué te has creído niño, vienes aquí y te tiras hasta las zapatillas” (risas). Me hacía mucha gracia. Estos (Navarro y Gasol), aparte del talento, tenían una personalidad, una confianza en lo que hacían que les daba igual con quién estuvieran, lo tenían clarísimo. Tenían talento a raudales que no se podía parar, y estaba claro que iba a salir por algún sitio. Espero que, en todos los años en que coincidí con jóvenes, haber contribuido a que tuvieran un buen ecosistema en el que crecer, sentirse arropados y servir como ejemplo. Esa es de las cosas que yo me llevé. Tuve muy buenos padrinos, es decir, tuve muy buena acogida cuando yo era joven, en esta etapa donde me estaba jugando el llegar a ser profesional, tanto en el Santa Coloma, como en el Sabadell. También tuve muy buen acompañamiento en Hospitalet, y eso es algo que he llevado siempre y que he intentado trasmitir a los jóvenes, el dedicar tiempo a poder ayudarles en lo que fuera, a darles confianza, a planearles un poco el camino. De Juan Carlos me asombraba lo rápido que era con 17 años, el descaro que tenía. A lo mejor salía en los últimos minutos de algún partido, y en 12 minutos metía 14 puntos. Ya se veía que era una cosa extraordinaria. Y Pau, en aquel momento, quizá físicamente estaba por hacer, pero ya se veía la mentalidad y que tenían algo especial. Y todo esto en un entorno como aquel de Aíto, donde los jóvenes se lo tenían que ganar, que no era de regalarles nada. Aíto era mucho de apostar por los jóvenes, pero se lo tenían que ganar. Pienso que les fue bien aquella etapa.
Tu salida del Barça.
Sí, fui a Málaga con Boza Maljkovic. Fue un año muy duro desde el punto de vista físico. Empecé tomando antiflamatorios un 20 de julio y acabé un 19 de junio. En Málaga no fue un año bueno para mí. Quizá fue un año necesario, a nivel de estructura del Unicaja, para montar las bases de lo que sería después. Pero a mí la tipología de juego no me benefició y buscamos una salida. Al año siguiente estuve en Canarias y el siguiente llegué a Girona. Estos fueron los últimos coletazos de mi etapa deportiva.
Antes has dicho que todavía hoy no tienes claro si acertaste o no saliendo del Barcelona. ¿Cómo fue aquello? ¿Tenías contrato?
Tenía un contrato multianual y diría que la salida la propicié yo. De alguna forma, creo que el Barcelona me daba la posibilidad de continuar con un rol más determinado, más de especialista, y yo pedí que me dejaran salir y de hecho tuve varias ofertas. Las ofertas que tuve, precisamente, lo que es la vida, una fue la del Málaga, que es donde finalmente fui, otra fue del Joventut, en la que Alfred Julbe me ofrecía hacer de puente para dar tiempo a la generación de jóvenes que venían por detrás y estaban despuntando. Con el tiempo, vimos que aquella generación de jóvenes eran Rudy Fernández y Ricky Rubio, imagínate qué momentos del baloncesto español. Y otra oferta era de León, que después de los años también me hizo oferta para volver. Estuvimos hablando, y bueno… Me dio cosa volver a León por aquello de segundas partes nunca fueron buenas, como dice Sabina, al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver. Y precisamente cogí la de Málaga que quizá, a nivel deportivo, no fue la más acertada por tal como fueron las cosas. Tengo un recuerdo muy claro, que es jugando con el Unicaja en campo del León, y ganando el partido y enviándolos prácticamente a Primera B, imagínate…
Sería muy duro para ti, ¿no?
Sí, muy duro, pero tocaba cumplir como profesional y es lo que se esperaba de mí, aunque las emociones iban por dentro. Recuerdo el primer partido que jugué en León con el Barça, después de mi salida. Jugué muy nervioso por todos los recuerdos que tenía. Los malnacidos me dieron una placa antes de empezar el partido y yo allí con lágrimas en los ojos en la presentación. Total, el León nos ganó, siendo el Barça líder de la liga, y Aito enfadado como una mona dando la charla en el vestuario después del partido. Que si nos ha faltado energía, que vaya forma de jugar… Recuerdo que de fondo se oía el público: “¡Savi, Savi…! Resulta que el público se había quedado en sus asientos y estaba pidiendo que saliera a saludar. Alguno de los asistentes intercedió, y Aito me dejó salir a recibir el cariño de la gente.
¿Te arrepientes de no haber permanecido algún año más en el Barça?
No lo sé, a veces pienso que si hubiéramos metido aquella canasta, la del tapón de Vrankovic, o sea, si hubieran dado la canasta, a lo mejor unos cuantos tendríamos la camiseta ya retirada, como la de Roberto, la de Andrés o la de Epi. Haciendo broma, porque estos han sido leyendas y otros hemos hecho lo que hemos podido. No lo sé… tampoco me he parado mucho a pensarlo. No me quejo de la vida que me tocó después, estuve dando vueltas y mis dos últimos años de carrera fueron en Girona. Y después ya me instalé aquí, me quedé a vivir, conocía a la que es mi mujer e inicié una nueva vida. En Girona me dieron también la oportunidad de formarme en lo que es el mundo de los despachos del baloncesto, ver la otra cara del baloncesto. Por tanto, no puedo quejarme. Igual me he perdido alguna cosa a nivel profesional, de haber optado a algún cargo de mayor importancia, pero la verdad, he sido tan feliz en Girona que no me lo he planteado. Estoy absolutamente lleno, en un proyecto que creo que me he sentido muy útil, con mucho propósito, que era ayudar al baloncesto femenino. Y esa sigue siendo todavía mi misión de vida en este momento a nivel profesional.
Como estás diciendo, te llega la oportunidad de meterte en el mundo de los despachos del baloncesto, nada más retirarte.
Sí, sí. Me retiré como jugador y me incorporé a la estructura del club, que en aquel momento era Casademont Girona. Allí pude ver diferentes formas de gestión, con directores como Francesc Perarnau, Antonio Maceiras…
Tu etapa con la selección española. 52 veces internacional, estuviste en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92…
Con la selección, creo que la participación más destacada que tuve fue en los Juegos Olímpicos de Barcelona, era joven y de las primeras veces que iba con la selección. No sé si lo he comentado en algún momento, al final de temporada llegaba muy justo físicamente y me costaba mucho aguantar el ritmo. La preparación era un poco a la brava, en cuanto a cargas, en cuanto a la organización de las temporadas. Había jugadores que lo que hacían era que acababan la temporada con el club, iniciaban con la selección y cuando acababan, una semana de vacaciones y volver con el club. Hoy día, cuando los jóvenes se quejan de que entrenan mucho, deberían ver lo que se hacía en aquella época. No tuve un paso destacado con la selección, sí un buen recuerdo. Recuerdo un año que hubo un Europeo en Barcelona, el año 97, pues aquel año me operé de la rodilla y no tuve participación. La generación que coincidimos no conseguimos grandes éxitos con la selección. Mi paso con la selección no fue destacado.
Entonces, llegabas a las concentraciones de la selección casi con la reserva, por todo el esfuerzo físico acumulado durante la temporada. ¿Se te hacían muy duras esas concentraciones?
Me notaba que lo que era capaz de dar con el club, cuando llegaban estas fechas, lo que tú dices, iba con la reserva (risas), ya no daba para más. No es ninguna excusa, lo intentamos lo mejor que pudimos, todos los que estábamos, y salió lo que salió.
¿Cómo viviste tu participación en los Juegos Olímpicos de Barcelona?
Es un recuerdo fantástico de lo que fue la organización de la Olimpiada, en su momento se decía que era la mejor Olimpiada de la historia hasta aquel momento. La primera participación de los profesionales, de los jugadores NBA, fue en Barcelona. Estaban los croatas, con Kukoc, Radja, Petrovic y todas las constelaciones, pero también estaban los lituanos, que tenían a Marciulionis, Sabonis… Fue una Olimpiada impresionante. Lástima que a nivel deportivo no fue bien, perdimos contra Angola. El momento de preparación tampoco fue el más idóneo. Me acuerdo de alguna parada que afectó a la preparación, aquello del tercer extranjero. Fueron momentos movidos del baloncesto español. También el cambio de generaciones, las grandes estrellas, Epi, Jiménez… había un cambio de ciclo. Además, fue el último año de Díaz Miguel. Las cosas vienen como vienen y a veces no tienes la oportunidad de escoger. En el deporte y en la vida, o ganas o aprendes.
Los momentos más especiales de tu carrera.
Quizá los momentos cumbre de cara al público fueron cuando ganábamos la liga, o cuando fui escogido MVP de la final, creo que en el año 96. Muy contento por el reconocimiento individual y por lo que suponía como premio al trabajo de muchos años. Pero, sobre todo, lo que recuerdo es que era una forma de reivindicar, el trabajo a veces muy oscuro de los jugadores nacionales. Recordemos que en aquella época había extranjeros de primerísimo nivel. Recuerdo también el All Star, donde me dieron el MVP; jugamos la selección española contra un combinado de extranjeros. Me explico, lo que a mí me movía era una especie de reivindicación del jugador nacional, el decir: “Ey, esta gente es súper espectacular, es maravillosa, qué talento. Pero cuidadito, que los nacionales somos los que damos estabilidad a los proyectos, los que tiramos del carro cuando las cosas van mal, los que hacemos equipo, los que a veces hacemos el trabajo en la sombra, el trabajo no reconocido”. Me alegró mucho ser el primer MVP nacional de la final de liga, que hasta ese momento lo habían ganado jugadores de la talla de Sabonis, Smith o Ansley. Fue una forma de decir: “Ey, que aquí estamos todos los nacionales”. Y efectivamente, creo que al año siguiente lo ganó Roberto Dueñas, y después muchos otros. Había mucho talento español en la liga.
De las cosas que recuerdo con cariño, con mucho orgullo, es un comentario que me hizo Joan Tallada, que era el delegado del Barça en aquel momento. Estaba en una situación muy complicada en mi último año allí, Aíto apostaba por otros jugadores y había que hacer un esfuerzo de resiliencia al máximo, y ser muy fuerte mentalmente para no dejarte ir. Estar dispuesto a estar esperando 37 minutos para jugar 3 y hacerlo bien. Bueno, cuando ganamos aquella Korac en el 99, que fue arañando de donde no había, me la sentí muy mía. Y Joan Tallada me hizo un cumplido que no se me olvida, que es: “Ha habido muy pocos jugadores que han aguantado la presión de Aíto, la presión de apostar por otros jugadores” Me decía Joan que, según él, solo otro jugador había estado a ese nivel de resiliencia, y el jugador era nada menos que Epi. Que Aíto había sido muy duro con él, y Epi nunca se había hundido, había estado hasta las últimas consecuencias. Cuando Joan Tallada hizo ese símil conmigo, me hizo sentir muy orgulloso.
¿Qué anécdotas se te han quedado grabadas con más fuerza, de todos tus años jugando al baloncesto?
Xavi Fernández: Son muchas anécdotas que me quedo en el plano personal. Tengo tantas que me cuesta escoger una. Me acuerdo de las partidas de ajedrez con Manel Bosch en el Barça, que íbamos con el tablero imantado, con las piezas. Comenzábamos a jugar en el autocar yendo al aeropuerto en Barcelona, y acabábamos donde fuera, en Atenas, en Turquía en el hotel… porque las partidas eran maratonianas.
En la idea de exclusivas, son cosas que no había explicado hasta ahora, igual tienen su morbo. Antes me has preguntado sobre el tema de Epi, de que en su momento me ficha Aíto en el último año de Epi en el Barça. Y noté la ayuda, el apoyo de Aíto, que apostó por mí, que tuvo mucha paciencia conmigo en defensa. Yo sé que es un amante de la defensa y yo le hacía saltar todos los esquemas por todos los sitios (risas). Supongo que alguna cosa le aportaba en ataque para aguantarme. Pero la verdad, tuvo mucha paciencia y tuve mucha ayuda en esos primeros años. Y el último año, el 99, el que ganamos la Korac, ley de vida, la balanza se fue al otro lado. En ese momento era yo el veterano, el jugador que ya no era tan importante o tan necesario. Habían fichado a Gurovic, y no estaba jugado y funcionando bien. A veces, las situaciones que se dan que cuanto peor juega el jugador, es peor para todos, porque le tiene que dar más minutos para que justifique su presencia, y cuando juega más minutos quedan menos minutos para repartir. Entonces, ese último año fue muy duro para mí porque igual jugaba un partido y no jugaba mal, jugaba 15 minutos y metía 8 o 10 puntos, y después estaba el siguiente sin jugar absolutamente nada. Fue un año complicado, y como anécdota simpática me acuerdo de yo intentar, siendo suplente, ayudar a Gurovic de forma egoísta, el decir: “Hostia tío, juega bien. Mira, esto se hace así, esto va de esta forma, prueba esto…”. Un poco para que jugara bien, y jugara bien en menos minutos y así dejara más minutos disponibles al resto. Otra anécdota divertida es que entraba en un juego psicológico con Roger Esteller, con el que compartía posición, desde aquí muchos recuerdos, un abrazo, Roger. Llegó un momento en el que él era el titular y yo el suplente. Entonces, le hacía guerra psicológica, le decía: “Hostia, qué contento estoy de no salir nunca de titular”. Y él me miraba con cara de extrañado: “Qué dice este loco”. Y yo: “Mira, piénsalo bien. Tú sales de titular y juegas contra los mejores del otro equipo, que salen de titulares. Yo, cuando salgo, juego contra los suplentes. Además, como tú le has sacado faltas a tus defensores y tal, yo lo tengo más fácil y encima el equipo está en bonus, o sea, la primera falta que me hacen, ya voy al tiro libre”. Y yo creo que en un momento le sembré la duda (risas), porque que después él quería ser suplente también (risas).
¿Te apetece hablar sobre lo que te ocurrió el 1 de octubre del 2017, durante el referéndum por la independencia de Cataluña?
Sí, sí.
¿Cómo viviste todo aquello? Se publicó que fuiste desalojado por la Guardia Civil cuando ibas a votar.
Xavi Fernández: Hay puntos de vista diferentes de lo que se vivió en Cataluña en el momento del ‘procés’, y la percepción que había también fuera de Cataluña, en el resto de España. Yo lo dije en aquel momento y creo que la historia final da y quita razones. En ese sentido, me reafirmo en el que era mi sentimiento en aquel momento, que era que el 1 de octubre, lo que quería el pueblo catalán era que se respetara su voz, lo que menos importaba era la validez del referéndum. Lo más importante era sentirse escuchado, tener capacidad, no sé si de decisión real, pero que al menos lo tuvieran en cuenta. Después estamos viendo las consecuencias de todo aquello. Yo lo he dicho siempre, no soy independentista, pero sí que soy catalán como el que más. Tengo conciencia nacional y defendiendo lo que yo considero, el interés nacional. En ese momento, era que los ciudadanos de toda índole pudieran votar, que se diera voz al pueblo, eso es la democracia. Y en ese sentido han pasado los años y se ha visto cuál ha sido la evolución de la historia. Creo que es importante el diálogo y el respeto, darle la voz al pueblo, nadie se ha muerto de democracia. Otros sí han matado para que no haya democracia. Dado el momento en que estamos de nuevos movimientos de extrema derecha y tal, creo que se ha de tener memoria histórica. No hace mucho de lo que ha pasado en otros pueblos para sacar conclusiones y aleccionar a estas nuevas generaciones hacia dónde hay que ir, o hacia dónde no hay que ir.
Tengo entendido de que ibas a votar una cosa, pero tras los incidentes ocurridos, cambiaste de opinión.
Xavi Fernández: Yo iba a votar que no, o sea, no quería que Cataluña se independizara de España por familia, por amistades, por vínculos con España. Y siendo absolutamente catalán, una cosa no quita a la otra. Pero viendo la represión que hubo, las humillaciones que hubo, la violencia que se ejerció, la guerra bruta que ahora se está demostrando que hubo en ese momento contra el ‘procés’, y lo que han tenido que pagar los líderes políticos, a nivel de exilio y de cárcel por seguir el mandato de la gente, pues creo que fue una situación totalmente injusta. Creo que la democracia se trata de que todos podamos opinar y podamos decidir.
¿Se actuó de manera desmedida contigo?
Sí, bueno, no me agredieron directamente, no me aporrearon como a otra gente, pero sí que hubo una situación donde me sacaron a rastras. Yo no me llevé la peor parte, pero vi como arrastraban a mujeres por el pelo. Fue una humillación y una provocación, y lo que pasó aquel día en las calles con gente que estaba ejerciendo su derecho de forma no violenta, pues bueno, creo que esas imágenes ya han quedado para la posteridad y no se han de volver a repetir nunca en ninguna parte de España.
¿Si ahora mismo fueses jugador profesional de baloncesto y te llamase la selección española, después de lo sucedido aquel día, cuál sería tu decisión? ¿Jugarías o no?
Sí, y tanto, una cosa no quita la otra. Pero sí te digo que después del referéndum, he estado unos años votando a los diferentes partidos independentistas, como forma de dar apoyo a una causa no resuelta, como una forma de dar apoyo moral.
Pero como has dicho antes, no te consideras independentista.
Xavi Fernández: No, no. Pero lo respeto profundamente y entiendo a la gente que tenga un sentimiento patriótico puramente catalán. Tenemos un país con una historia de guerra civil, de gente que vivió la Primera República, que después fue exiliada, ejecutada, reprimida y perseguida por hablar en catalán. Y entiendo que haya gente que tenga sus preferencias políticas y creo que todas son respetables.
Creo que las personalidades públicas, aunque yo ahora ya no considero que tenga una influencia mediática, pero en su momento sí, tenemos una obligación moral de contribuir con lo que esté en nuestras manos para conseguir una sociedad más justa. Hablando de los partidos independentistas, quiero dejar claro que yo he ido votando a todos de forma alternativa como una forma de dar apoyo, sabiendo que no iban a ganar las elecciones, pero era una forma de darles voz. Y hasta que se repare los daños que han sufrido sus líderes, en forma de prisión, y en este caso de exilio. Quiero decir, el día que el presidente Puigdemont pueda volver a casa, se habrá reparado un poco la injusticia. Y entonces, a partir de ese momento, ya veremos qué decido. Desde luego, me encuentro más cómodo con los socialistas en el Gobierno central, que con una coalición PP – VOX. Creo que se me entiende.
¿Javi o Xavi?
Siempre he llevado en mi camiseta Xavi. Cuando he jugado en Cataluña he sido Xavi, pronunciado con Ch. Cuando he jugado en León era Savi, en un intento de parecerse al sonido de la X catalana. Y en mi casa me han llamado siempre Javi. No tengo ningún problema con el nombre, ni con la lengua.
Cuando fiché por el Barça, me apunté a clases particulares de catalán para poder contestar en catalán correctamente cuando me hacían entrevistas. Actualmente, estoy en Girona y prácticamente solo hablo en catalán con mi familia, amigos y en el trabajo. Y como estoy en Girona, pues soy Xevi.
Más entrevistas: