La pregunta que un niño de cinco años hizo a su madre tras conocer la historia de su familia refleja un miedo profundamente arraigado en una parte de la sociedad australiana. Ese niño era Patty Mills, el nuevo fichaje de La Laguna Tenerife, y la mujer a la que se dirigía era su madre, Yvonne, una de las miles de personas que formaron parte de las llamadas Generaciones Robadas.

A sus 37 años, la llegada de Mills a la Liga Endesa no necesita presentación desde el punto de vista deportivo. Campeón de la NBA, referente histórico del baloncesto australiano y una figura altamente respetada en el deporte internacional, su nombre está ligado a algunos de los momentos más importantes del baloncesto de su país.

Pero entender realmente quién es Patty Mills implica mirar mucho más allá de la pista. Su historia está profundamente conectada con la identidad indígena australiana, con décadas de discriminación racial y con una familia cuya memoria atraviesa algunos de los capítulos más duros de la historia moderna de Australia.

Patty Mills: un referente indígena en el baloncesto mundial

La figura de Mills tiene una dimensión que trasciende el deporte. Nacido en Canberra el 11 de agosto de 1988 e isleño del Estrecho de Torres, fue el tercer jugador aborigen en representar a su país en campeonatos mundiales y los Juegos Olímpicos. Uno de los otros dos, su tío Danny Morseu en los años 80

Con el paso de los años se convirtió en un símbolo para muchas comunidades indígenas del país. No solo por su carrera, sino también por su visibilidad pública. De hecho, es el único jugador aborigen que ha sido abanderado de Australia en unos Juegos Olímpicos.

Durante su etapa en Estados Unidos, especialmente con los San Antonio Spurs, Mills se consolidó como un gran jugador de rol. Sin embargo, su figura siempre ha estado acompañada de un compromiso constante con la justicia social y la visibilización de las comunidades indígenas australianas. No podía ser de otro modo con su contexto.

Obligado a acostumbrarse al racismo

Antes de labrarse un nombre el deporte profesional, Mills fue un niño que creció enfrentándose al racismo en su propio país. Durante su infancia en Canberra y como el propio base ha explicado en diversas ocasiones, sufrió constantes insultos raciales en entornos deportivos y escolares.

En uno de sus testimonios públicos relató con crudeza las palabras que escuchó durante años: «Me han llamado negro, de todo. Además de abo, moreno, negrito, esnifador de gasolina, negro, mono, chimpancé. Desafortunadamente, era una constante para mí y tuve que acostumbrarme», relató.

El jugador explicó que con el tiempo aprendió a lidiar con esos ataques y a protegerse emocionalmente: «Fue simplemente alejarme de todo, sin importar lo brutal que fuera escucharlo, enfrentarlo o quién lo dijera».

Con los años, esas experiencias terminaron moldeando una parte fundamental de su personalidad. Mills decidió convertir ese dolor en motivación y utilizar su plataforma para luchar contra el racismo y promover la igualdad.

Incluso en la NBA siguió enfrentándose a episodios similares. En una ocasión, durante un partido contra los Cleveland Cavaliers, un aficionado le gritó un comentario racista mientras lanzaba tiros libres. Mills encestó los dos tiros y continuó jugando, pero después decidió denunciar públicamente el incidente para visibilizar que el racismo sigue presente en el deporte profesional.

Las Generaciones Robadas

Para comprender la historia de Patty Mills hay que retroceder varias décadas, hasta uno de los capítulos más oscuros de la historia australiana: las Generaciones Robadas.

Este término hace referencia a miles de niños aborígenes y del Estrecho de Torres que fueron separados por la fuerza de sus familias por las autoridades australianas entre finales del siglo XIX y la década de 1970. Las políticas gubernamentales permitían retirar a los menores de sus hogares y enviarlos a misiones religiosas, instituciones estatales o familias blancas con el objetivo de asimilarlos culturalmente.

Las estimaciones oficiales indican que entre un 10% y un 30% de los niños indígenas fueron separados de sus familias durante ese periodo. A muchos de ellos se les prohibía hablar su idioma, practicar su cultura o mantener contacto con su comunidad. En numerosos casos, además, fueron víctimas de abusos físicos y psicológicos.

La madre de Patty Mills, Yvonne, fue una de esas niñas.

En 1949, cuando tenía apenas dos años, las autoridades separaron a Yvonne y a cuatro de sus hermanos de su madre. Los niños fueron sacados uno por uno de una habitación y enviados a diferentes hogares comunitarios. Durante años les dijeron que su madre no los quería.

Yvonne no volvió a verla hasta que tenía 17 años. Décadas después, cuando el gobierno australiano investigó las políticas de separación infantil, la familia descubrió cartas que la abuela de Mills había enviado a las autoridades implorando recuperar a sus hijos.

Ese pasado familiar marcaría profundamente la identidad de Patty Mills. Fue precisamente después de escuchar esa historia, y con la capacidad de interpretación de un niño de cinco años -no mal encaminada-, cuando le hizo aquella pregunta a su madre:

«Mamá, ¿eso significa que van a venir y me van a llevar a mí también?»

La historia familiar de Mills también está vinculada a una de las figuras más importantes en la lucha por los derechos indígenas en Australia: Eddie Mabo, el tío abuelo de Patty. Fue el protagonista de un histórico caso judicial que cambió la legislación australiana sobre la propiedad de la tierra.

Hasta finales del siglo XX, el sistema legal australiano se basaba en la doctrina conocida como terra nullius, que consideraba que el territorio australiano no tenía propietarios antes de la llegada de los colonizadores europeos.

Después de una batalla legal de más de una década, el 3 de junio de 1992 el Tribunal Superior de Australia falló a favor de Mabo, reconociendo por primera vez el concepto de título nativo y devolviendo derechos territoriales a las comunidades indígenas. Ese día se conoce hoy como Mabo Day, una fecha clave en la historia del país.

Gregg Popovich, el Mabo Day y una actuación que valió un anillo NBA

La historia de Eddie Mabo también llegó a uno de los momentos más importantes de la carrera de Mills gracias a Gregg Popovich, su entrenador en los San Antonio Spurs, y que conocemos gracias a una historia publicada por Sports Illustrated.

El 3 de junio de 2014, en plena preparación de las Finales de la NBA contra los Miami Heat, Popovich sorprendió a sus jugadores durante una reunión de vídeo. «¿Alguien sabe qué día es hoy?», preguntó el técnico.

El pívot Aron Baynes, el otro jugador australiano del equipo, respondió: «Es el Día de Mabo». A partir de ahí, Popovich comenzó a explicar la historia de Eddie Mabo y su lucha por los derechos territoriales indígenas en Australia.

Para Mills, aquel momento fue profundamente emotivo. Ver a su entrenador contar la historia de su familia y de su cultura delante de todo el equipo le puso «los pelos de punta». Popovich incluso le invitó a intervenir para explicar el significado de aquella decisión judicial.

Dos semanas después de aquella charla, Mills firmó una actuación decisiva en el quinto partido de las Finales de la NBA: en el tercer cuarto, anotó 14 puntos en apenas cinco minutos, con cuatro triples que ayudaron a los Spurs a cerrar el título. Justo después, tuvo que someterse a una cirugía de hombro que le apartó de las pistas durante medio año.

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