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En medio de un escenario internacional marcado por las turbulencias institucionales y la creciente presión sobre su mandato, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha protagonizado una visita oficial al Reino de Marruecos, donde fue recibido por el rey Mohammed VI en el marco de las festividades del Día del Trono.

El encuentro sirvió para estrechar lazos entre el máximo organismo del balompié mundial y la nación norteafricana, que comparte con España y Portugal la coorganización de la histórica Copa del Mundo de la FIFA 2030.

Durante su estancia en Rabat, aprovechó los actos oficiales para ensalzar el desarrollo y la firme apuesta del país africano por el deporte rey, proyectando un mensaje de absoluta confianza de cara a la cita mundialista: «El Mundial de 2030 será el mejor de la historia».

Las palabras del mandamás de la FIFA reafirman el protagonismo que tendrá el territorio marroquí en el torneo centenario, consolidando su posición como un pilar fundamental en la hoja de ruta organizativa trazada junto a las federaciones ibéricas.

Viaje bajo la lupa de la presión

Ahora bien, este desplazamiento y la posterior exhibición de sintonía institucional se producen en un momento especialmente delicado para el dirigente italiano.

La gira de Gianni Infantino coincide con un período de máxima tensión en los despachos del fútbol mundial, impulsado por el rechazo unánime de varias confederaciones (con la UEFA a la cabeza) a sus polémicos planes de abrir la propiedad de Mundial a inversores privados.

Mientras la oposición al proyecto privatizador de la FIFA continúa aglutinando críticas y amenazas de boicot desde Europa, el presidente del organismo busca respaldos estratégicos en el plano internacional, escenificando apoyo mutuo en vísperas de un ciclo mundialista que promete redefinir el futuro comercial del deporte.



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