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El panorama del fútbol internacional está viviendo un cambio generacional profundo. Las federaciones de todo el mundo están entregando el destino de sus combinados nacionales a quienes, hasta hace no mucho, portaban el brazalete o dictaban el ritmo desde la cancha.

La era de los directores técnicos está siendo desafiada por una «vieja guardia» que ahora se sienta a planificar estrategias desde la experiencia de haber vivido la presión en carne propia.

Hoy, las grandes potencias y selecciones emergentes confían sus proyectos a nombres que, apenas hace unos años, llenaban estadios como jugadores.

Entre ellos, aparecen leyendas como: Diego Forlán (Uruguay), Lionel Scaloni (Argentina), Carlo Ancelotti (Brasil), Fabio Cannavaro (Uzbekistán), Mauricio Pochettino (Estados Unidos), Rafa Márquez (México), Jürgen Klopp (Alemania), Oswaldo Vizcarrondo (Venezuela) y en los próximos días, Zinedine Zidane (Francia).

¿El futuro será nostálgico?

La tendencia no se limita a la dirección técnica. Figuras icónicas como Paolo Maldini, ahora ejerciendo como Director Deportivo de la Federación Italiana, demuestran que el fútbol busca hoy una gestión más técnica y menos burocrática.

La afición se siente representada cuando ve a sus héroes de infancia liderando el camino. Ver a estas figuras en la banda o en las oficinas federales es la transición natural de quienes, tras años de estudiar el juego como jugadores, ahora intentan descifrarlo como entrenadores.

El futuro de las selecciones nacionales será, sin duda, un duelo de pizarras entre los hombres que eran figuras dentro del campo. El banquillo se ha vuelto el lugar más nostálgico y fascinante del fútbol de selecciones.



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