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El doble terremoto que sacudió a Venezuela el pasado 24 de julio dejó una profunda herida en todo el país. Esta tragedia no solo enlutó a la nación entera, sino que también golpeó fuertemente al mundo del deporte.

El impacto fue devastador a nivel nacional en las distintas disciplinas aficionadas y de formación. Las secuelas del siniestro afectaron de manera directa desde las ligas de adultos hasta las categorías deportivas infantiles.

Sueños interrumpidos

Lamentablemente, cientos de niños perdieron la vida durante el desastre, dejando decenas de equipos incompletos. Esta es la dura realidad que enfrenta Jefensor Seijas, un joven prospecto de 12 años.

El muchacho formaba parte activa de la reconocida Escuela de Béisbol Chucho Acosta antes de la catástrofe. Hoy, el pequeño atleta lidia con el inmenso dolor de haber perdido a sus grandes amigos y compañeros de equipo.

Perderlo todo en un instante

Además del duro golpe emocional, Jefensor se quedó sin los implementos necesarios para practicar su amada disciplina. Su guante, tacos, bates y uniformes desaparecieron por completo tras el paso del devastador desastre natural.

Su madre, Elizabeth Pacheco, confesó a la cadena británica BBC que el panorama actual es sumamente desolador. Aseguró que su hijo ha perdido las ganas de jugar ante la terrible precariedad que viven todos los sobrevivientes.

El estadio como refugio

Actualmente, la familia sobrevive en el Estadio de Béisbol Miguel Ángel Montes, ubicado en Playa Grande, estado La Guaira. Irónicamente, el joven ahora reside en el mismo recinto deportivo que antes utilizaba como campo de juegos.

Lo que alguna vez fue un escenario lleno de entrenamientos, alegrías y aspiraciones, ha cambiado radicalmente su propósito. Hoy, la magia de este diamante se apagó para convertirse en un refugio improvisado que alberga a los damnificados.



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