Iyana Martín se ha querido despedir de Perfumerías Avenida y Salamanca con una extensa y emotiva carta. Un discurso de agradecimiento para decir adiós a su manera para cerrar esta etapa de dos años en la ciudad.
La carta de Iyana Martín para decir adiós a Perfumerías Avenida
«Me he sentado innumerables veces a intentar ponerle palabras a lo que siento y he llegado a la conclusión de lo complicado que es verbalizar muchas veces lo que sentimos. Tras tantos intentos, espero que las palabras que he recogido hagan un mínimo de justicia a lo que quiero transmitir.
El 3 de julio de 2022 pisé por primera vez el Würzburg con 16 años. Fue un pequeño destello de lo que unos años después se convertiría en casa. En ese momento fueron tres partidos, un fin de semana, una guía turística de Caste por la ciudad y un paseo con mi familia que me hizo sentir la magia especial de Salamanca. Sin saberlo, desde ese momento la ciudad y yo estábamos conectadas. Solo había que esperar el momento de volvernos a encontrar.
Ese momento no se hizo mucho de rogar porque el 9 de mayo de 2024 volví a visitar la ciudad, concretamente para ver el partido de final de liga de Perfumerías Avenida. Pero esta vez el baloncesto me había dado la oportunidad no solo de volver a este maravilloso pabellón, sino de ver lo que se iba a convertir en casa la próxima temporada.
Mi primera vez viendo un partido de las azulonas en el pabellón y sentí lo que sigo sintiendo a día de hoy cuando entro al Silvia Domínguez: los pelos de punta. En ese momento desaparecieron todos los miedos sobre si había tomado la decisión correcta o no. Tenía más claro que nunca que quería formar parte desde dentro. Sabía que requeriría mucho trabajo, esfuerzo y dedicación, pero quería. Y querer es el primer paso cuando tomas decisiones importantes.
Llegué a Salamanca siendo una chica con mucha ilusión, pero también con muchísimo que aprender, no solo a nivel de basket, sino a nivel personal. Mi primera vez viviendo completamente sola, mi primera vez formando parte de un equipo profesional, mi primera vez compitiendo en una liga europea… muchas primeras veces en muchos ámbitos. Y junto a esto me acompañaba, la mayoría de las veces, el miedo. Incontrolable, pero presente.
“¿Estoy haciendo lo que debo? ¿Estoy preparada? ¿Puedo con esto? ¿Soy suficiente?”
Dicen que las primeras veces son especiales, que no se olvidan. Y el motivo por el que no las voy a olvidar se resume, para mí, en la capacidad que he tenido no de dejar el miedo a un lado, sino de aprender a vivir con él, entenderlo e ir poco a poco disminuyéndolo.
En este proceso surgía dentro de mí la gran pregunta que nos persigue a muchos cuando estamos creciendo: “¿Quién quiero ser?”. Y para ello Avenida ha sido crucial. Aquí he entendido lo que es ser profesional, lo que es tener disciplina, compromiso con el grupo, la importancia de la estabilidad física y de cuidar tu cuerpo y mente porque estás a disposición de un club.
Pero también he entendido qué valores como jugadora quiero tener y cómo vivo el basket. Creo que cualquier persona que me haya visto jugar sabe de lo que estoy hablando. Y no quiero centrarme en el talento o en si se me da mejor o peor este deporte, sino en lo que transmito o he intentado transmitir siempre que juego: esa competitividad, las ganas de más cada día, dejarme la piel hasta el último segundo de cada partido, la ilusión con la que juego, el esfuerzo, la exigencia y la ambición al competir, y por supuesto la responsabilidad de la camiseta que llevo puesta.
Una forma de transmitir quién soy que, para sorpresa de nadie, va ligada a todo lo que significa este club, lo que llamamos ADN Avenida.
Pero ese ADN y esos valores como jugadora también son venir a entrenar cuando no van bien las cosas, dar la cara cuando no es el mejor momento del grupo e incluso cuando no es el tuyo, estar ahí para la compañera que tienes al lado. Esa es una de las partes más complicadas de esta profesión, pero también la que más define quién eres. Es algo que tengo que seguir trabajando y mejorando, como otras muchas cosas, pero que he intentado y que se me ha inculcado en este club desde el primer día que llegué.
Para intentar seguir explicándome de la mejor manera posible, quiero hablaros de una canción de Siloé que ha sonado mucho este año en el altavoz: Que merezca la pena. Hay partes muy bonitas que dicen: “Vamos a subir más alto, vamos a llegar más lejos si tú te vienes conmigo”.
Conocía esta canción, pero no le había dado un hueco en mi vida, supongo porque todavía no me había sentido identificada con ella. Puedo decir que cada vez que la escuchaba este año en el vestuario y miraba a mis compañeras, sentía completamente que íbamos a llegar más lejos si ellas venían conmigo.
Porque al final, en el basket, y este año lo he vivido mucho, la fuerza del grupo es el propio grupo. No hay nada más poderoso que mirar al lado y ver a tus compañeras yendo todas a una, y saber que si una cojea, diez la van a levantar.
Personalmente lo he vivido este año. Ha habido momentos a nivel mental muy complicados para mí y no me he sentido sola en ningún momento. He tenido un entorno alrededor que me ha ayudado mucho, que ha sido consciente de lo que necesitaba y me ha dado herramientas, pero sobre todo mucha compañía.
La canción continúa diciendo: “Siempre soñamos con los pies lejos del suelo, dejando que la arena cubra nuestros dedos. Siempre soñamos en un mundo paralelo, un viaje que merezca la pena. Siempre haces que merezca la pena”.
Y no puedo estar más de acuerdo, porque todo el viaje ha merecido muchísimo la pena. Un viaje con muchos altibajos, pero que no cambiaría por nada. Un viaje que empezó hace dos años y ha sido inmensamente más apasionante y chulo de lo que me podía llegar a imaginar.
Un viaje que me ha permitido crecer, tropezarme, equivocarme, aprender, pero sobre todo disfrutar. Un viaje que me ha permitido conocer a personas que se han ganado un hueco en mi vida y de las que hablaremos más tarde. Un viaje que, por suerte, no ha hecho más que empezar.
Salamanca era la primera parada. Y como nos ha pasado a todos cuando estás viajando y te lo estás pasando bien en una ciudad, no quieres coger el tren para ir a la próxima. Pero el tren a veces no espera por ti y tienes que elegir si subir o no. Mentiría si dijese que ha sido una decisión fácil, pero ha llegado la hora de subirme al tren y continuar mi viaje. Dejo de ser jugadora de Perfumerías Avenida. Empezar cosas nuevas y continuar tu viaje implica despedirte de lo que has vivido anteriormente y, sobre todo, estar agradecida.
Gratitud infinita por esta parada, empezando por la ciudad. Gracias, Salamanca, por dejarme conocer la magia que tienes entre tus calles, por ser tan increíble cuando estás alumbrada por las noches y por enamorarme cada día con tu gente.
Gracias a ese portal en María Auxiliadora, que ha sido mi hogar los últimos dos años. Y por supuesto a mis vecinos del B: María, Agustín, Carmen, Pablo y Juan, por preocuparos por mí y abrirme vuestra casa como si fuera una más.
Gracias Würzburg-Silvia Domínguez por ponerme la piel de gallina en esas fascinantes tardes y noches que hemos vivido, pero sobre todo por hacerme sentir como en casa siempre que he puesto un pie en él.
Gracias Dani, Ester, Jorge, Javi, Michel y Sito por ayudarme siempre y estar a disposición de lo que hemos necesitado. Gracias Carlos, Isabel y Jorge por la rapidez con la que habéis ayudado siempre con los problemas médicos que he tenido, que no han sido pocos. Gracias Ester, Ángel y Rocío. Aparte de cuidar mi cuerpo, habéis sido mi zona de confort cuando he necesitado una conversación. La alegría de Rocío, los consejos de Ester que me han ayudado cuando más lo he necesitado y las conversaciones con Ángel han sido clave estos años.
Quería hacer un asterisco con Ángel porque ha vivido conmigo dos momentos muy complicados este año, en los que no he sabido cómo actuar, y ha sido capaz de ayudarme de una manera tan increíble que no sé si a día de hoy es consciente. Espero que un poquito sí.
Gracias Yeray y Manu por vuestro trabajo a nivel físico conmigo. Manu, por ayudarme a entender cómo funciona mi cuerpo y con tu trabajo hacer que llegue lo mejor posible tanto a selección como a pretemporada. Yeray, porque desde el primer día que llegaste he visto el gran compromiso que has tenido para que estemos en las mejores condiciones posibles, sabiendo que venías de otro deporte y que era un reto para ti. Nos has dado a todos una lección de lo que es la adaptación. Gracias por hacer que me apetezca un poquito más el gimnasio.
Gracias, Víctor, porque sé que ha sido un año difícil para ti y aun así siempre has tenido un “¿cómo estás?” cada día. Hemos llegado al pabellón y siempre había una sonrisa, un chiste malo, un comentario para distraernos o una simple mirada. Personas como tú hacen que el día a día sea más fácil.
Gracias, Pablo, porque creo que la gente que ve baloncesto no es consciente del trabajazo que hay detrás. Las noches sin dormir, los miles de partidos que veis tanto tú como Raquel y las miles de horas que le dedicáis al equipo para luego llegar al pabellón y verte siempre sonriente, preparado para preguntarnos cómo andamos. Agradezco mucho tu paciencia y esfuerzo por nosotras.
Gracias, Raquel y Germán, por cuidarme desde el día en que llegué de la manera en que lo habéis hecho. Germán me decía el otro día: “Te he visto muchas veces como una hija”. Lo que no saben bien es que yo los he sentido como unos padres más de una vez. Sois el claro ejemplo de todo lo que está bien, de todo lo que significa este club, por ser ambos tan atentos, comprensivos y especiales. Os admiro a los dos juntos y por separado.
Gracias, Anna, por todo lo que me has enseñado estos dos años, por ayudarme a crecer, exigirme, competir y confiar en mí, por haber sido honesta conmigo y haber intentado buscar lo mejor para mí. Te agradezco mucho el trabajo que hay detrás.
Gracias a las compañeras que he tenido estos dos años, que me han ayudado y han hecho las mañanas y tardes más amenas, que me han permitido disfrutar del baloncesto con ellas y me han hecho conocer personalidades muy diferentes pero muy interesantes. Sobre todo las españolas, que han sido mi apoyo estos dos años: Laura, Silvia, Andrea, Belén y Claudia. Personas que han sido un descubrimiento y me han escuchado y aguantado en todas mis versiones. Gracias Laura por tus enseñanzas; Silvia, por hacerme entender lo que es ser de Avenida; Andrea, por sacarme una sonrisa cuando más lo he necesitado; Belén, por esas conversaciones en el coche que me llevo conmigo siempre; y Sori, por ser el claro ejemplo de buena amiga, pero sobre todo por hacerme mejor persona y acompañarme en mis momentos más complicados.
Gracias, Jorge (Recio), por darme la oportunidad de formar parte de esta familia, por la confianza, el apoyo y el trato que me habéis dado desde el primer día, por apostar por el baloncesto femenino en Salamanca desde hace muchos años y por ayudar a este club a tener la identidad que tiene.
Gracias Alara, mi psicóloga, por todo el trabajo de este año, por darme ese empujoncito cuando lo he necesitado, escucharme, adaptarte a mis complicados horarios y sobre todo ayudarme a crecer tanto personalmente.
Gracias a mis charros favoritos: Marina, Luis, Carlos, Sergio, Chamo, Rodrigo y Sandra. Porque hay algo más bonito que Salamanca y es la gente que forma parte de ella. Gracias por hacerme desconectar del basket cuando más lo he necesitado, por acompañarme a esos paseos nocturnos, Coca-Colas en el Puerto, helados en la Plaza Mayor, tardes de juegos de mesa y, por supuesto, viajes a la Copa de la Reina. Gracias por hacerme sentir una adolescente más cuando lo he necesitado. Gracias en especial a Caste, porque cuando llegué me sentía un poco sola y no dudó en abrirme las puertas de su casa y de su vida. Ha sido crucial en mi proceso aquí. Ni todas las palabras del mundo podrían describir lo agradecida que estoy. Desde ese paseo con 16 años hasta hoy, has sido el mejor amigo que he podido tener.
Y junto a ti, tu familia. Gracias Javi, Elena y Adriana, mi segunda familia, por hacerme sentir una más. Por tener siempre las puertas abiertas y un plato para mí en vuestra casa. Por hacer de familia postiza cuando he echado de menos a la mía. Sois maravillosos.
Gracias Cris, mi agente, por ser mi mayor apoyo en todas mis decisiones, por tener el teléfono siempre preparado, por querer lo mejor para mí y por acompañarme e impulsarme en este proceso tan difícil pero tan bonito. El trabajo que hacéis por mí es espectacular.
Por supuesto, gracias infinitas a mamá, papá, Yara, abuelos y tíos, que me siguen a cada sitio al que voy, que me impulsan y respetan cuando tomo decisiones. Parte de lo que soy es gracias a vosotros. Me siento muy afortunada de la familia que tengo.
Y por último, pero no por ello menos importante, el alma de este club: la Marea Azul. Esa gran y poderosa masa que vemos en el Würzburg y esa mancha azul que vemos cuando vamos a otros pabellones. El sexto jugador. Gracias por empujar cuando peor hemos estado. Solo vosotros me habéis hecho sentir esa energía cuando meto una canasta, esa gratitud cuando acaba el partido y me giro a aplaudiros, y esa plenitud cuando nos bajamos del autobús y nos estáis esperando.
La Marea Azul y yo hemos conectado tanto porque me ha demostrado la pasión por el baloncesto y por el club. Una pasión que comparto y vivo al 100%. He disfrutado muchísimo de vosotros. Nos volveremos a ver. Espero haber podido describir un mínimo de lo que siento con esta carta. No tenía muy claro cómo despedirla, pero creo que no hay mejor manera que mencionar otra canción, una que me mandó Javi, mi entrenador del Siglo XXI, hace unas semanas. En castellano significa “dejarse ir de la mano” y dice: “Si ha sido precioso quererse, también lo tendría que ser dejarse ir de la mano”.
Gracias»