Artículo originalmente publicado en el número 1565 de Gigantes del Basket de febrero de 2026
La pandemia le acortó los horizontes, pero le agrandó la vida. En 2020, tras ocho temporadas en el Barça y con varias ofertas para volar lejos, Ante Tomic apostó por la estabilidad familiar y cambió de camiseta sin cambiar de casa. El marido de Catalina y padre de Anabela y Arija, de diez y siete años, respectivamente, está feliz y tranquilo. Habla con la serenidad del que prescindió hace tiempo de lo accesorio y con la responsabilidad del que valora lo verdaderamente importante.
Gigantes: Cumple su sexto curso en Badalona, la temporada pasada estuvo en el quinteto ideal de la Liga Endesa y renovó hasta 2028 ¿Se imaginaba un recorrido así cuando firmó por el Joventut?
Ante Tomic: No me lo podía imaginar. Nunca sabes cómo puede evolucionar tu vida y tu carrera cuando tomas una decisión así, pero estoy muy contento, con el club, con mi rendimiento estos años, con los compañeros… con todo.
G: ¿Cómo fue la decisión de fichar por el Asisa Joventut en tiempos de pospandemia?
Tomic: Si no hubiera habido esa pandemia la situación habría cambiado mucho. Probablemente nos habríamos ido fuera, lejos, no sé. Pero en esa situación y con dos niñas pequeñas lo principal era buscar la estabilidad familiar, y quedarnos a vivir en Barcelona era lo mejor. Además, eso hizo mucho más fácil mi adaptación.
G: Llegó a Badalona con 33 años y superará la frontera de los 40 vestido de verdinegro, ¿años atrás pensó que su carrera sería tan longeva?
Tomic: No lo piensas. Y ahora tampoco sé si voy a jugar dos años más, tres o cinco. Simplemente te sientes bien y sigues, porque sigues disfrutando de tu profesión y sigues rindiendo a buen nivel. Piensas ‘¿y por qué no?’. Por qué no voy a seguir si mi cuerpo y mi cabeza me lo permiten.
G: ¿Es más importante el cuerpo o la cabeza?
Tomic: Las dos cosas son muy importantes, pero la cabeza lo es un poco más, aunque no lo parezca. En estas edades, a veces, si el cuerpo está cansado, es la cabeza la que te ayuda.
G: Ejemplos como el suyo o el de Marcelinho y Shermadini son un reflejo de gran rendimiento en plena madurez.
Tomic: Hoy en día, por la cantidad de recursos de los que disponemos, todos los jugadores pueden alcanzar un nivel de preparación física muy alto. Pero el factor diferencial es la parte mental, para saber cómo aguantar el día a día de la competición, los viajes, los partidos… Por eso cada vez se le da más importancia a ese tema mental, es clave trabajar y entrenar tu cerebro, no solo tu cuerpo. En mi caso, la parte física la trabajo cuidando mucho la alimentación y el descanso, el resto debe ser genético. Pero, en la parte mental, sí he tratado de ir sumando herramientas para que el cerebro funcione al nivel que requiere estar en la élite.
Gigantes: ¿Al comienzo de su carrera echó de menos ese respaldo psicológico?
Tomic: Los problemas y las necesidades a nivel de salud mental han existido siempre en el deporte, pero antes no se hablaba y los jugadores tampoco pedían ayuda. Cuando vas madurando te das cuenta de que cuidar la salud mental es lo más importante para rendir y evolucionar.
Gigantes: En su caso, ¿cómo recuerda aquella etapa en la que con 23 años salió de su país para fichar por el Real Madrid y luego con 25 se marchó al Barça?
Tomic: La salida de Croacia fue dura, porque fichas por el Madrid que es uno de los mejores clubes de Europa, pero nadie te prepara para ese salto y lo que supone un cambio así. Simplemente tienes que estar fuerte para aguantar todo lo que te viene, y no es fácil. Dejas tu tierra y llegas a un país nuevo en el que no conoces a nadie ni conoces el idioma… Ahora miro atrás y valoro mucho la fortaleza mental que tuve para aguantar todo eso y para haber llegado hasta aquí.
Gigantes: En aquellos años, hubo momentos en los que había mucho ruido a su alrededor, pero aparentemente se mantenía sereno.
Tomic: Siempre he procurado mantenerme tranquilo, en todas las circunstancias. Entiendo que cuando hablamos de ruido, hablamos de la prensa, de la presión… Siempre entendí que la prensa ponía unas expectativas que no tenían que afectar ni a mi juego ni a mi vida. Uno tiene que tener la autoestima y la confianza suficientes como para estar por encima de todo lo que se escribe o se habla. Otra cosa es que esa voluntad de tranquilidad se considera muchas veces como algo malo y se aprovecha para la crítica. Y eso a una persona joven le afecta, ahora ya no…
Gigantes: ¿Sintió en ese tiempo que su serenidad o su introversión se confundía con falta de carácter o de personalidad?
Tomic: Sí. Eso es cien por cien correcto.
Gigantes: ¿Quién le ayudó en el viaje hacia la madurez?
Tomic: Aprendí de todos los compañeros y de todos los entrenadores. También se aprende de los malos, aunque no tuve muchos. Cada día se aprende. Pero me quedo con mis dos primeros años en el Barcelona, por el grupo que había, el cuerpo técnico, los resultados… la química. Teníamos un gran equipo y un gran grupo humano. Eso te ayuda a pasar mejor los momentos malos y a disfrutar más los buenos, a ser feliz en el día a día… A veces es más importante tener un buen chico en el vestuario que un buen jugador. Al final esto es una cuestión de personas.
Gigantes: ¿Le gusta recalcar más lo que le enseñan o lo que aprende?
Tomic: Que no se enfade nadie, pero en mis primeros pasos en Zagreb y en el Real Madrid aprendí más de los veteranos que de todos los entrenadores que tuve. De referentes como Mulaomerovic aprendí todo lo que me gustaría que alguno de mis compañeros dijera algún día que aprendió de mí. A veces, basta con mirarles; no hacen falta muchos discursos. Lo más bonito de ser veterano es transmitir esa experiencia y creo que en estos seis años en el Joventut los jóvenes han podido aprender mucho de mí. Después hay entrenadores que sí me enseñaron y que marcaron mi carrera, como Xavi [Pascual], Pesic, Carles Durán… como Miret ahora.
Gigantes: ¿Y de los veteranos que se encontró al llegar a España, a quién le gustaría mencionar?
Tomic: A Garbajosa, Kaukenas, Felipe [Reyes], aunque tenía 30 años y luego jugó mucho más, [Darjus] Lavrinovic… Ese primer año en el Madrid teníamos un equipo con muchos veteranos de muchísima calidad… Y después me encontré con figuras como Navarro. De ellos aprendí que un mal partido no es el fin del mundo, y que la consistencia es lo más importante. Hay que tener mucha paciencia y la mentalidad de que esto es muy largo. Es lo que intento transmitir. Mi juego no ha cambiado mucho en estos años, pero me fui haciendo mejor a base de controlar más y mejor las emociones. Después, la paternidad es la que te enseña de verdad lo que es la paciencia. Con todo ese aprendizaje, me gusta enseñar con el ejemplo, como padre y como capitán.
Gigantes: Cultiva mucho su imagen de padre de familia.
Tomic: Siempre he sido muy honesto al expresar esa prioridad, incluso al decidir jugar en Badalona. Lo más importante para mí es la estabilidad de la familia y este fue el mejor paso. Si no hubiera llegado la pandemia mi carrera habría sido totalmente diferente. Pero decidí fichar por el Joventut y estoy muy feliz.
Gigantes: ¿Qué parte de culpa de esa felicidad tiene su entrenador, Dani Miret?
Tomic: Ya no es un rookie. Es un entrenador que va mejorando cada año en todos los aspectos. Pero yo siempre me quedo con la persona y él es una persona que siempre te quiere ayudar. Eso es lo más importante en la vida. Ha sido profesor de colegio y esa experiencia con los niños es muy buena también para manejar adultos y demostrar que puede ser el líder. Siendo capitán me siento responsable de hacer que su trabajo sea lo más fácil posible con el grupo.
Gigantes: En esa doble faceta de padre y capitán, le pregunto por las palabras de Josep María Izquierdo [ayudante de Zeljko Obradovic] tras la salida del Partizán: habló de una generación de jóvenes jugadores muy individualista, egocéntrica, ajena al grupo, abstraída por los móviles…
Tomic: Es un tema muy complicado. Yo tengo dos niñas que dentro de poco me van a pedir un móvil, una Tablet, un ipad, yo qué sé. Y todos los padres y madres con los que hablo me dicen ‘si les dejas las pantallas se convierten en otros niños. Es algo adictivo’. Yo tuve la suerte de que no tuve móvil hasta los 18 años y ahora ves a niños con 2 o 3 años que saben de móviles más que yo… y luego están además las redes sociales. De ahí venimos. Entras a cualquier vestuario de equipos españoles o europeos y lo primero que te encuentras es a 10 tíos con el móvil. Y se habla de lo que ven en Instagram, Twitter o TikTok… ¿Cómo se puede cambiar esto? Ni idea. Los móviles no son la razón por la que un equipo juega bien o mal, porque esto pasa en todos los equipos, no solo en el Partizán, pero la realidad es que todo ha cambiado en los últimos años. Y el mayor problema no es estar con el móvil todo el día; el problema es, cuando no tienen los móviles, si puedes conectar con ellos o no. Si puedes llegar a ellos y transmitir el mensaje.
Gigantes: Y hablando de conectar, ¿cómo ha conectado con Ricky Rubio?
Tomic: Pues muy fácil. Es una figura especial. Vuelvo a las personas. Y Ricky es una buena persona. Que conecta con todo el mundo y quiere ayudar a todo el mundo. Y además es un jugador top. Si juntas las dos cosas tienes a alguien tan especial como Ricky. Es la mezcla perfecta. Es muy importante la conexión que tenemos, pero es que además es un jugador que te controla el partido, que controla el ritmo de juego, que sabe en todo momento cuándo y a quién pasar el balón, qué sistema cantar, cuando tirar… todo. Lo tiene todo.
Gigantes: Y con todo lo que ha demostrado el Joventut en este primer tramo de temporada, ¿con qué expectativas afrontan la Copa?
Tomic: La Copa es una competición muy especial para mí, porque siempre cae en mi cumpleaños o cerca de mi cumpleaños [cumplirá 39 años el 17 de febrero] y muchas veces me ha salido bien. Es un torneo muy chulo, donde siempre hay sorpresas, y nosotros queremos dar guerra para honrar a la afición. Aquí toda la ciudad respira con el club. No solo con el primer equipo sino con la cantera. Cada niño de Badalona sueña con jugar un día en el Olímpic y eso no pasa en muchos sitios. La felicidad no está solo en los títulos o en cumplir objetivos, sino en vivir este amor por el baloncesto, desde los pequeños hasta los mayores.
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