
Cuando inició el Mundial 2026, las miradas recaían sobre figuras mediáticas como Rodri, Dani Olmo o Lamine Yamal. Sin embargo, el éxito de la selección española se ha cimentado en la profundidad y versatilidad de su plantilla. Conforme el torneo avanzó, el protagonismo recayó en tres jugadores con perfiles muy distintos.
Mikel Oyarzabal, Pedro Porro y Marc Cucurella se convirtieron en el motor del equipo dirigido por Luis de la Fuente. Lejos de acaparar los reflectores iniciales, este tridente asumió la responsabilidad en los momentos de mayor exigencia. Demostraron que el compromiso táctico y el trabajo en equipo valen tanto como el talento individual.
Oyarzabal: temple y goles decisivos
La historia del atacante vasco con la selección siempre ha estado marcada por la paciencia y la regularidad. Aunque no busca ser el delantero más espectacular, su fiabilidad en escenarios de alta presión es indiscutible. Su capacidad para leer el juego y desatascar defensas cerradas ha sido vital para el combinado español.
El mejor ejemplo fue su gol de penalti ante Francia en las semifinales, el cual cambió por completo el partido. Además de esa anotación crucial, su constante movilidad entre líneas y el sacrificio sin balón facilitaron el ataque ibérico. Oyarzabal ha dejado claro que el liderazgo silencioso también puede definir campeonatos.
La revolución en los laterales
Por su parte, Pedro Porro elevó su nivel de forma espectacular, pasando de ser un complemento a una figura clave. Ante los franceses, no solo contuvo un ataque temible, sino que anotó el gol que prácticamente selló la clasificación. Su agresividad para recuperar balones y su inteligencia ofensiva lo consagraron en el carril diestro.
En la otra banda, Marc Cucurella ha firmado un torneo consagratorio al aportar un equilibrio silencioso pero fundamental. El lateral izquierdo neutralizó a extremos velocísimos con un despliegue físico envidiable, dando gran tranquilidad a la zaga. Sus constantes incorporaciones al ataque generaron líneas de pase vitales para la circulación del balón.
Listos para el desafío final
El mayor mérito de España en esta justa mundialista ha sido construir un esquema que no depende de una sola estrella. Si el rival logra anular a los referentes habituales, aparecen estos héroes inesperados para resolver los problemas tácticos. Esta profundidad convierte a la Roja en un adversario formidable y sumamente difícil de predecir.
Ahora, frente al colosal reto que representa la final contra Argentina, la labor de este tridente será más crucial que nunca. Deberán mantener la misma solidez defensiva y el dinamismo ofensivo para frenar a los sudamericanos. Si España logra levantar su segunda Copa del Mundo, gran parte de la gloria pertenecerá a estos tres guerreros.