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En una reveladora entrevista para la edición más reciente de Vanity Fair, Kylian Mbappé, el rostro indiscutible del fútbol galo y fenómeno global, ha decidido romper el hermetismo que suele rodear a las figuras de su calibre.

Lejos de los análisis tácticos y la estadística deportiva, el capitán de la selección francesa reflexiona sobre la carga psicológica del estrellato y la ineludible responsabilidad civil del deportista moderno.

El peso de la selección

Para «Kiki», vestir la camiseta de «Les Bleus» trasciende lo profesional. «No hay nada mejor que representar a tu país. Entras a formar parte de la élite de los futbolistas internacionales».

«Es difícil estar en una situación como la nuestra, en la que todo el mundo espera que hagamos milagros. Pero los milagros solo ocurren en el campo; no hace falta jugar el partido antes del partido», aseguró.

Por otro lado, el francés rechaza la idea de que la riqueza o el éxito deportivo actúen como una burbuja aislante. La estrella del Real Madrid reivindica su derecho, y deber, de estar conectado con la realidad de Francia.

«Puedes ser futbolista, puedes ser una estrella internacional, pero, por encima de todo eso, eres un ciudadano. No estamos desconectados de lo que ocurre en nuestro país. La gente a veces piensa que, como tienes dinero, como eres famoso, ese tipo de problemas no te afectan», confesó.

La gestión de la fama

La entrevista también profundiza en el coste personal de ser el hombre más observado del planeta. Kylian Mbappé describe la fama no como un privilegio absoluto, sino como una cesión de la propia soberanía personal.

«Es difícil, porque tienes esa sensación de ya no pertenecer a ti mismo, sino a todo el mundo. ero, al mismo tiempo, es una vida que elegimos. Quizá no hasta este punto, pero la elegimos de todos modos», concluyó.



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