La NBA es una liga de imitadores. Basta que un equipo tenga éxito con una idea, un estilo, una práctica o una estrategia para que tarde o temprano el resto de la competición trate de replicarlo a su manera. De hecho, podría decirse que el motor de esta competición es este y no el deseo de ganar. Es decir, adelantarse al resto a la hora de descubrir la siguiente fórmula de éxito. 

Los Oklahoma City Thunder dieron con una clave que está empezando a ser copiada por múltiples equipos rivales. Un modelo de plantilla profundo basado en piezas exteriores intercambiables y homogéneas acompañados de dos torres interiores y un guard que resuelva la papeleta en ataque. A su manera, los Knicks siguieron un molde parecido, como también los Hawks o los Spurs están tratando de replicarlo en cierto modo.

Sin embargo, OKC puede acabar siendo un ejemplo por otras razones, concretamente de tipo económico.

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Después de coronarse en 2025, la gerencia acordó las extensiones por el máximo de Chet Holmgren y Jalen Williams, así como una renovación con Shai Gilgeous-Alexander por un súper máximo. En total, 790,4 millones de dólares comprometidos hasta 2031 en tres jugadores como mínimo. Más allá de la astronómica cifra, lo relevante en la actual NBA reside en el porcentaje de masa salarial que estos contratos representan. En otras palabras, este big three va a acaparar el 85% del salary cap de los Thunder. 

Es decir, un escenario solo sostenible en caso de ganar de manera continuada. 

La derrota en el Game 7 de las Finales de Conferencia Oeste alteró la hoja de ruta de los Thunder al impedirles repetir el campeonato. 

Aunque todo apuntaba a un verano movido en las oficinas, lo realizado por Sam Presti desde entonces confirma una tendencia que se intuía en las últimas temporadas, pero también delinea una nueva manera de construir equipos ganadores.

La NBA de los aprons

OKC Thunder Shai Gilgeous-Alexander Game 4

La aprobación del actual convenio colectivo en 2023 introdujo una de las reformas más importantes del entramado salarial de la NBA en toda su historia. Si en 1999 se establecieron tanto el impuesto de lujo como los salarios máximos para los jugadores, este nuevo CBA incluía una división en tres tramos del mencionado salary tax: los que superan el umbral sin consecuencias deportivas, los que están en el primer apron y los que están en el segundo.

En última instancia, el segundo apron se ha convertido en un límite salarial duro, es decir, un hard cap. Esto es un aspecto relevante, pues la NBA, a diferencia de la NFL o la NHL, siempre había sido una liga de soft cap. Un equipo podía superar el tope económico sin mayores consecuencias que pagar la tasa correspondiente.

Pero los ejemplos de LA Clippers y Golden State Warriors llevaron a los dueños a introducirles un caballo de Troya a los jugadores en las negociaciones envuelto en beneficios como la inversión en casas de apuestas o la creación del super máximo del 35%. 

Estar en el segundo apron no solo encarece el coste operacional de un equipo, sino que también congela rondas a futuro, impide añadir varios contratos en un traspaso y, básicamente, solo da la opción de renovar a tus propios agentes libres y a veteranos por el mínimo. 

Los Thunder se aprietan el cinturón

oklahoma city thunder nba

La estrategia de los Thunder desde junio ha consistido en soltar lastre a coste de dejar salir a jugadores importantes pero con contratos “caros” para ellos. Y tras deshacerse de Lu Dort, OKC está en el primer apron, pasando de una estimación de más de 260 millones a 214. Una cifra que el pasado 15 de junio ascendía a 557 millones incluyendo salarios y las multas del impuesto de lujo.

La justificación para esta decisión desde la gerencia ha sido aducir a la cuestión económica, a la búsqueda de reducir gastos y mantener flexibilidad salarial sin que afectase al árbol central del proyecto. 

“Nos sentíamos cómodos en el segundo apron”, dijo Presti en rueda de prensa recientemente. “Esta fue una decisión financiera. Tengo entendido que los ahorros generados este verano, y los obtenidos al no pagar impuestos en los últimos años, se reasignarán a futuras plantillas. Tenemos un equipo capaz de competir por el título. Y, según entiendo, las decisiones de este verano nos han posicionado financieramente para mantener un equipo de este calibre”. 

Además de cubrirse las espaldas con un ataque velado a la cúpula de la franquicia, el máximo dirigente deportivo de los Thunder confirmaba que el rey estaba desnudo: la NBA tiene un hard cap y se llama segundo apron. 

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Las reglas del juego han llevado a Oklahoma a tomar un camino alternativo, el cual bebe de los ejemplos del pasado en cierto modo. 

Buena parte de los últimos campeones de han cimentado en situaciones salariales ventajosas. Estrellas todavía en contratos rookie, oportunidades de mercado, salarios por debajo de su valor o bien jóvenes que despuntan por muy poco dinero. De hecho, el anillo de los Thunder siguió esta misma estructura. 

Ahora, Presti ha apretado el botón de reinicio de plantilla. Sí, Shai, Williams y Holmgren siguen, pero el resto del elenco ha cambiado por contratos con los que buscan replicar el modelo para esta nueva época. Es por ello que eligieron a un base veterano como Bennett Stritz o un pívot de 2,21 como Aday Mara en el Draft. Dos posiciones clave con dos jugadores que tendrán atados hasta 2030 por un valor muy inferior a su impacto, presumiblemente. 

La flexibilidad es lo que todos los equipos buscan desesperadamente en la actual NBA. Una flexibilidad que es un eufemismo para ahorrar dinero o tener la capacidad de liberar las cuentas rápidamente. Contratos cortos, baratos y traspasables o cortables. 

Lu Dort, Isaiah Joe y Aaron Wiggins iban a representar un 21% del cap por el 6,4% de Mara y Stritz, así como la reducción de salario de Isaiah Hartenstein y Kenrich Williams. 

Descenso en el gasto que, en última instancia, hace peores a los Thunder pero aumenta los márgenes de beneficio del dueño. 

El plan de Presti

Sam Presti
Sam Presti

Quien piense que aquí acaban las operaciones de OKC está equivocado. Thomas Sorber, Nikola Topic e incluso Alex Caruso podrían tener los días contados. Si algo ha quedado claro a lo largo de las últimas semanas es que Sam Presti es que no va a dejar títere sin cabeza en su objetivo de mantener a los Thunder en la primera línea. 

El ejecutivo de los Thunder es una de las mentes detrás del actual convenio colectivo y sabe jugar con sus normas como un auténtico maestro. Eso lo ha demostrado como gestor y arquitecto, pero también haciendo de agitador del mercado. 

Sirva como ejemplo la maniobra de ofrecerle a Spencer Jones un contrato de dos años y 12 millones de dólares. El alero era agente libre restringido, por lo que los Nuggets tenían la opción de igualar y retenerle o reforzar a un rival directo. Este nudo gordiano ponía a los de Colorado entre la espada y la pared y finalmente refrendaron la oferta para renovarle. 

¿Qué significó aquello? Que Denver se ha convertido en el único equipo hasta el momento en el segundo apron, limitando todavía más el margen de maniobra de un rival directo de OKC. Jaque mate.

A su disposición cuenta con hasta 12 elecciones de primera ronda y 20 de segunda entre 2027 y 2033. Activos con los que puede endulzar cualquier salary dump o bien hacerse con jugadores con buenos contratos, como ya hizo con Jared McCain y los Sixers durante el cierre de mercado de febrero. 

La acaparación de rondas de Draft por parte de Presti ha sido un tema de conversación durante los últimos años, muchas de las cuales no se han traducido en figuras de renombre o ni siquiera han terminado utilizándolas. Lo relevante de esto es que ahora mismo hay una importante concentración de picks en muy pocas manos, con Hornets, Nets y Thunder a la cabeza. 

De esta manera, Presti puede seguir manteniendo una estructura tricéfala rodeada de actores secundarios baratos y contratos en escala rookie hasta que el modelo falle. En una NBA tan cambiante, donde nadie ha repetido campeonato desde 2018, el simple hecho de mantenerse en la pelea año tras año puede considerarse un éxito. 

Y es que los cambios en el juego, la dinámica y el juego de supervivencia en que se han convertido los Playoffs ofrece un tablero de juego donde nada es seguro salvo la derrota. 

Sam Presti ha sabido anticiparse a un problema que, por ejemplo, a los Boston Celtics les ha costado tener que malvender a Jaylen Brown y convertirles en un equipo mediocre para 2027. Todo ello sin perder activos, e incluso ganando, preservando los cimientos del edificio y, sobre todo, la identidad del grupo. No obstante, en el futuro próximo el ejecutivo tendrá que resolver las extensiones de Cason Wallace el próximo verano y de Ajay Mitchell y el mencionado McCain en 2028 mientras en este se activa el super máximo de Shai. 

El resto de la NBA, pendiente de los Thunder

El infranqueable muro del segundo apron ha disuadido por el momento a todos los equipos a excepción de los Cleveland Cavaliers este último curso y, presumiblemente, los Nuggets en este.

Los recientes campeones, los New York Knicks, renunciaron a renovar a una pieza clave en su rotación como Mitchell Robinson para no sobrepasar dicho umbral. 

Los Celtics rompieron una pareja de éxito como los Jays por una cuestión meramente económica. Los Minnesota Timberwolves empaquetaron a Julius Randle con destino Brooklyn por básicamente nada. Y otros como Orlando Magic o Phoenix Suns están en el punto de mira como los siguientes en la lista llamados a desprenderse de nombres clave.

Las ventanas de campeonato se han reducido muchísimo en el último lustro. Si antes una franquicia con un núcleo de jugadores de alto nivel podían pelear por el anillo durante tres o cuatro campañas antes de plantearse preguntas incómodas, ahora la cosa es algo distinta. Para los Thunder el tiempo corre en su contra.

Puede parecer aventurado, pero esta campaña 2026-27 puede ser la última en la que OKC aspire al anillo con la estructura actual. Es ahora o nunca para ellos. 

Así es el nuevo modelo que promueve la NBA, la búsqueda de una falsa paridad en base a igualar por abajo. Debilitar a los fuertes sin impulsar a los débiles. Y en este tablero deberán jugar los Thunder para conquistar la última cima otra vez.

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