Hasta ocho españoles participarán en el March Madness que dará comienzo esta misma noche con la disputa de la ronda previa, el First Four, en el que estará presente el malagueño José Tanchyn (UMBC). En las siguientes líneas, analizamos la temporada de todos ellos y sus posibilidades en el gran torneo final de la NCAA.

Guía rápida del March Madness: enfrentamientos, fechas y dónde verlo

Aday Mara (20a, 2’21, Michigan #1)

El crecimiento de Aday Mara esta temporada es la prueba más evidente de hasta qué punto el contexto puede cambiar una carrera. Hace un año, en UCLA, era un talento por pulir, con minutos intermitentes y una sensación constante de estar contenido. Su paso por el March Madness dejó destellos —8,5 puntos, 5,5 rebotes y una presencia intimidante en apenas dos partidos—, pero también la impresión de que su impacto real estaba todavía por llegar. Ese punto de inflexión ha encontrado su escenario en Michigan, donde el pívot zaragozano ha dado un salto de dimensión: hoy es una pieza estructural en uno de los equipos más sólidos del país, con una producción cercana a los 11 puntos, 7 rebotes y más de dos asistencias por noche, y una eficiencia que supera el 65% en tiros de campo.

Pero la evolución va mucho más allá de los números. Mara ya no es solo tamaño: es lectura, es pausa, es capacidad para influir en el juego desde el poste alto, conectar con los exteriores y dominar la pintura en ambos lados de la pista. Actuaciones como sus 24 puntos ante Ohio State son solo la superficie de un crecimiento mucho más profundo, el de un jugador que ha encontrado su lugar y empieza a imponerlo. Ahora llega marzo, el escenario que todo lo amplifica. Y ahí, con Michigan aspirando a todo, Aday Mara ya no aparece como promesa, sino como una realidad capaz de condicionar partidos grandes. Porque cuando un pívot de 2,21 empieza a entender el juego así, el Madness puede convertirse en algo más que un torneo: puede ser el punto exacto donde todo termine de despegar.

Mario Saint-Supéry (19a, 1’91, Gonzaga #3)

En Gonzaga, marzo no se interpreta: se compite. El programa de Spokane vuelve al March Madness con ambición real y, en ese contexto, la figura de Mario Saint-Supéry ha ido ganando peso hasta convertirse en una pieza cada vez más fiable dentro de la rotación. Su adaptación a la NCAA ha sido progresiva, pero firme, y hoy el base malagueño ofrece justo lo que exige un equipo con aspiraciones: orden, lectura y control del ritmo. Cerca de nueve puntos por partido, buena toma de decisiones en el pick-and-roll y una presencia constante en la generación ofensiva dibujan a un jugador que entiende perfectamente cómo hacer funcionar al colectivo.

Pero hay algo más allá de los números. Saint-Supéry juega con la calma de quien ya ha competido al máximo nivel, y eso se nota cuando el partido se aprieta. Su actuación en la final de la West Coast Conference —21 puntos, 5 rebotes y 4 asistencias— es el mejor ejemplo de su capacidad para aparecer cuando más se necesita. Con Gonzaga preparada para otra carrera larga en el torneo, su papel puede ser decisivo: dirigir, sostener y elegir bien en los momentos críticos. Porque en marzo, cuando todo se acelera, tener a un base que piense con claridad puede cambiar el destino de un equipo. Y ahí, el chico de Málaga ya ha demostrado que no le tiembla el pulso.

Álvaro Folgueiras (20a, 2’08, Iowa #9)

El salto de Álvaro Folgueiras no ha venido acompañado de ruido, pero sí de una apuesta valiente: cambiar el protagonismo de Robert Morris por la exigencia de Iowa y la Big Ten. En ese nuevo contexto, su temporada se explica desde la adaptación: menos balón, más competencia y, aun así, una presencia cada vez más útil dentro de la rotación. Desde el banquillo, el ala-pívot malagueño aporta cerca de 8 puntos, 4 rebotes y 2 asistencias, con buenos porcentajes y la capacidad de abrir el campo, pero sobre todo ofrece algo más difícil de medir: encajar en cualquier tipo de partido.

Folgueiras es un interior moderno, capaz de jugar por dentro, facilitar desde el poste alto y castigar desde fuera cuando el juego lo pide. Esa versatilidad le convierte en una pieza especialmente valiosa en un torneo corto, donde las rotaciones y los ajustes deciden mucho más de lo que parece. No necesita acaparar focos para influir: le basta con aparecer en el momento justo. Y en un escenario donde cada detalle pesa, tener a un jugador así en la rotación puede terminar inclinando la balanza sin hacer demasiado ruido.

Rubén Domínguez (23a, 1’98, Texas A&M #10)

Hay jugadores que necesitan volumen para influir… y otros que cambian un partido en un par de segundos. Rubén Domínguez pertenece a esa segunda categoría. El exterior gaditano se ha asentado en Texas A&M como una amenaza constante desde el perímetro, firmando una primera temporada de impacto inmediato: entre 11 y 13 puntos por partido, más de un 40% en triples y la sensación permanente de que cada tiro suyo puede alterar el ritmo del encuentro. Su rapidez para armar el lanzamiento y su intuición para encontrar espacios encajan a la perfección en un sistema ofensivo que vive de la agresividad.

Pero su verdadero valor aparece en el momento exacto. Domínguez no necesita muchas posesiones: le basta una desconexión defensiva para castigar. Su exhibición de 30 puntos con 10 triples —récord del programa— es el mejor ejemplo de hasta dónde puede llegar cuando entra en racha, aunque su temporada ha sido mucho más que una noche. En un torneo donde las defensas se cierran y cada tiro liberado pesa el doble, contar con un perfil así puede cambiar una eliminatoria. Y cuando el balón salga de sus manos, Texas A&M sabrá que todo puede girar en un instante.

Owen Aquino (23a, 2’03, High Point #12)

High Point se ha ganado su sitio en el March Madness desde la regularidad y el carácter competitivo. Campeones de la Big South, los Panthers llegan tras una temporada que ha elevado el nivel del programa y les ha convertido en un rival incómodo, especialmente cuando el partido se ensucia y cada posesión exige oficio. En ese contexto, Owen Aquino ha sido un sostén constante en la pintura: cerca de nueve puntos, seis rebotes y presencia defensiva para dar equilibrio a un equipo que necesita controlar la zona para poder correr.

Su impacto va más allá de las cifras. Aquino fija el tono atrás, protege el aro y permite que High Point compita desde la dureza, un factor imprescindible cuando el salto al torneo nacional reduce el margen de error al mínimo. En un escenario donde los detalles deciden, su papel puede marcar la diferencia para que los Panthers alarguen su historia en el bracket. Y es que, en marzo, muchas veces no gana el que más brilla, sino el que mejor resiste. Y ahí, el español tiene mucho que decir.

Conrad Martínez (21a, 1’83, High Point #12)

Si High Point ha llegado hasta aquí no es solo por su solidez interior. El equipo ha construido su identidad también desde el talento exterior, y ahí emerge la figura de Conrad Martínez. Tras su salida de Arizona, el base catalán se ha consolidado como un generador clave desde el banquillo, aportando dinamismo y soluciones en momentos de atasco. Con cerca de 10 puntos y 3 asistencias por partido, su impacto ofensivo va más allá de los números: acelera el ritmo, rompe primeras líneas y da sentido a cada posesión cuando el partido se vuelve espeso.

En un torneo como el March Madness, donde los equipos necesitan algo más que orden para sobrevivir, su perfil cobra un valor especial. Martínez tiene esa capacidad para cambiar el tono de un partido en apenas unos minutos, ya sea con una penetración, un triple o una lectura precisa en el pick-and-roll. Si High Point quiere ir un paso más allá en el bracket, gran parte de sus opciones pasarán por su creatividad. A veces todo se decide en un instante… y en manos de quien se atreve a provocarlo.

Victory Onuetu (22a, 2’10, Hofstra #13)

Hofstra se ha abierto paso hasta el March Madness desde la solidez colectiva, construyendo un equipo equilibrado en el que cada pieza cumple una función muy concreta. En ese engranaje, Victory Onuetu ha ido encontrando su sitio como referencia interior, aportando físico, energía y una presencia constante cerca del aro. No necesita grandes números para hacerse notar: su impacto aparece en los rebotes en tráfico, en las ayudas defensivas y en esas segundas oportunidades que sostienen a un equipo a lo largo de los partidos.

Su papel cobra todavía más sentido en un escenario como el torneo, donde controlar la pintura se vuelve imprescindible para competir. Onuetu protege el aro, fija posiciones y permite que Hofstra juegue con mayor seguridad desde fuera, sabiendo que la zona está bien custodiada. En un contexto donde cada posesión se endurece y el margen de error se reduce al mínimo, su capacidad para dominar el espacio puede convertirse en un factor silencioso pero decisivo. Cuando el juego se comprime, todo empieza —y muchas veces termina— bajo el aro.

José Tanchyn (21a, 2’08, UMBC #16)

Entre los españoles que han encontrado su sitio en el March Madness aparece también José Roberto Tanchyn, ala-pívot de 2,08 que ha sido parte del crecimiento competitivo de UMBC. El conjunto de Baltimore ha sabido abrirse camino en la America East desde la identidad colectiva, y ahí el interior español ha aportado lo que el equipo necesitaba: presencia, energía y constancia. Sus números —alrededor de 6,5 puntos y 6 rebotes— reflejan a un jugador que entiende su rol y lo ejecuta con disciplina, siempre cerca del aro, siempre en contacto con el juego.

Su impacto se construye desde lo esencial: rebote, defensa y ocupación de espacios. Tachyn no necesita protagonismo para influir, pero su trabajo sostiene muchas posesiones que no aparecen en los resúmenes. En un escenario como el torneo, donde los equipos deben maximizar cada recurso, ese tipo de perfil adquiere un valor especial. UMBC competirá desde la intensidad, y en esa batalla constante bajo el aro, el ala-pívot español tiene terreno ganado. Y todos sabemos que, cuando el partido se decide en lo mínimo, quienes dominan lo básico suelen marcar la diferencia.

Se quedaron a las puertas del March Madness

No todos los caminos en el baloncesto universitario terminan en el March Madness, y entre los españoles que este año se han quedado a las puertas hay también nombres muy relevantes. Es el caso de Baba Miller y Jordi Rodríguez, compañeros esta temporada en Cincinnati. El primero ha dado un gran salto de nivel, completando una temporada excepcional en cuanto a rendimiento individual se refiere. Pero a los Bearcats les ha faltado, al menos, una victoria más para convencer al comité de selección.

En otros casos, la explicación tiene más que ver con el momento del proyecto o con procesos de adaptación todavía en marcha. Jugadores jóvenes que siguen acumulando experiencia en programas que no consiguieron abrirse paso en sus torneos de conferencia. Muy cerca de conseguirlo estuvo Lucas Marí, que perdió con Vermont la final del campeonato de la America East frente a UMBC. Nombres como Ian Plateeeuw (Davidson), Guillermo Del Pino (Maryland), Bruno Alocén (Indiana State), Valentino Pinedo (UNC Greensboro), Pablo Tamba (LSU) o los hermanos Díaz Graham, Guillermo (San Francisco) y Jorge (Oregon State) dependían también de coronarse campeones de conferencia con sus respectivos equipos para obtener un billete directo al gran baile.

Sin pasaporte, pero con pasado en España

Algunos de los siguientes nombres también estarán en la memoria más cercana o lejana de cualquier aficionado español al baloncesto. Tras su evolución hasta convertirse en titular en Surne Bilbao, el belga Thijs De Ridder es ahora la gran estrella de Virginia. Y otros nombres como Musa Sagnia (BAXI Manresa, ahora en NC State) o Urban Klavzar (formado en Real Madrid y UCAM Murcia, ahora en Florida) llegaron a establecerse también de forma consolidada en rotación en la Liga Endesa.

Si miramos, en cambio, hacia las canteras españolas, la cifra se multiplica, con talentos tan prometedores como Dame Sarr (FC Barcelona, ahora en Duke) o Henri Veesaar (Real Madrid, ahora en North Carolina), titulares en sus respectivos equipos que podrían también inscribir su nombre en el próximo Draft. Menos relevancia en sus equipos han tenido nombres como Rubén Prey (Joventut, ahora en Saint John’s), Ismaila Diagne (Real Madrid, ahora en Gonzaga), Declan Duru (Real Madrid, ahora en Texas), Mathieu Grujicic (FC Barcelona, ahora en Texas) o la dupla Dwayne Aristode (Joventut) y Sidi Gueye (Real Madrid) en Arizona.

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