El técnico serbio atiende a Gigantes durante un clinic para entrenadores en Roma y habla de su futuro y de sus intenciones

Cuando se habla de Zeljko Obradovic (Serbia, 1960) es difícil saber por dónde comenzar. Varios milagros cosidos con hierro y cuero, improntas copiadas por tótems como Gregg Popovich e, incluso, nueve Euroligas relatadas con gestas irrepetibles y envueltas en seda color púrpura y azabache.

Se diseccionan así: Del Partizán de Fuenlabrada que lideraban Djordjevic y Danilovic al azote de un Joventut que finalmente perdió la virginidad en el Viejo Continente. También el Madrid del binomio Sabonis-Arlauckas, los oros -europeo y mundial- con una Jugoslavia herida y desmembrada (sólo estaban Serbia y Montenegro) que catapultó a la plata olímpica o el clímax griego con el Panathinaikos. El botín, en Atenas, vertía cinco Copas de Europa, once campeonatos y veintidós trofeos en total (trece temporadas). Sí, fue Zeus con un balón de baloncesto. Por eso, no es casual que suene con fuerza para volver allí en sustitución de Ataman. El mercado está en ebullición. Lo sabe.

Él, de momento, echa balones fuera ante cualquier rumor, incluso el de una hipotética llegada a España para dirigir el Barcelona tras la histérica huida -ya anunciada- de Xavi Pascual a final de temporada. “¿Qué pienso del presunto interés del Barça? Yo no pienso nada. No puedo decir nada, porque es algo que no tiene que ver conmigo. Ya lo dije en noviembre y me reafirmo ahora. Hay rumores, pero hasta que no acabe el mes no tomaré una decisión final. Estas noticias no me interesan. No sé quién ha dicho esto. El Barça no ha hablado conmigo. Nadie, en realidad, porque estoy fuera de todo. No sé qué haré aún… Esperemos a que terminen los campeonatos. Italia, España… Cuando finalicen las competiciones me sentaré a hablar con mi mánager, que en realidad es mi amigo. Después, se verá”.

Así de escueto y lacónico se mostró el técnico serbio cuando atendió, en exclusiva, a Gigantes desde Roma, donde acudió esta primera semana de junio para dar un masterclass, junto a Luca Banchi (seleccionador italiano), a los chicos Under19 Eccellenza de cara a la final Nazionale Kellogg’s. Un clinic deluxe también para cuatrocientos entrenadores que asistieron al histórico pabellón romano diseñado por Pier Luigi Nervi (Palazzetto dello Sport). Y es que no todos los días se tiene delante a un coach capaz de morder lo más alto de Europa con cinco escuadras diferentes. Porque sí, la última fue el Fenerbahçe de su amigo Gigi Datome (ex NBA), quien también estaba allí.

Cuando la temporada en todos los países se acerca al epílogo, coach Obradovic no desmiente ni confirma nada. Ni siquiera que vuelva a los banquillos tras este paréntesis sabático. Uno más en su carrera. “Ni siquiera he dicho que quiera volver a entrenar. No he dicho nada. Tengo que meditar y reflexionar todo antes de tomar una decisión. Insisto… No puedo decir nada del Barça, un gran club como todo el mundo sabe. Una ciudad estupenda ¿Anhelan ganar la Euroliga? Como todos los equipos. Siempre hay doce o catorce que aspiran a esto cada año. Es normal», relata.

El verano, pues, se presume largo, y el carrusel de nombres asociados al Barça no ha hecho más que comenzar. Además del serbio, emergen Lakovic, Ataman e incluso se habló de Spanoulis (acuerdo cerrado con el Aris) o Itoudis, uno de los grandes discípulos del propio Zeljko. Todo está por ver en un club que vertebra por arenas movedizas desde las salidas de Mirotic y Saras, aceleradas por un pusilánime Juan Carlos Navarro presto a decir adiós.

Fuenlabrada en el recuerdo

Una cosa es cierta. El mosaico aún no está compuesto de todas sus teselas, y muchas son las interrogaciones de cara al próximo curso. Todos quieren al mejor, quien además del dinero seguro valora un proyecto sólido y certero. Capaz de competir y aspirar, al menos, a una Final Four.

De momento, Obradovic apura sus últimos días tranquilos en Roma, donde fue acogido en loor de multitudes. Todos querían aprender del gurú, el hombre capaz de entrar en la mente de súper estrellas como Diamantidis o Jasikevicius, la criptonita de Messina en la Euroliga, el matemático que inventó -para atacar- sistemas basados en pick-and-roll avanzado, espacios precisos y movimientos continuos sin balón. El genio que introdujo defensivamente cambios sistemáticos de bloques: close-out preventivos con pívots de mucha movilidad. Todo sumado a su obsesión maníaca por la psicología. Esa que, por intuición, le llevó a renunciar como jugador al Europeo de Roma’91 para coger el timón, con tan solo 31 años, del Partizán. Ese que un año después alegraría el alma a todo el sur de Madrid. Tan lejos; tan cerca de los Balcanes.

«Mi relación con Fuenlabrada es y siempre será magnífica. Nos llamaron el Partizán de Fuenlabrada. Somos amigos eternos. La gente se volcó con nosotros. Tenemos un feeling especial. Nos ayudaron a ganar la Euroliga. Sí, no es exagerado decir que de todas las que gané, esa es la más especial. El baloncesto allí comenzó con nosotros», evoca entero y orgulloso.

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