El JL Bourg ya tiene en su mano el billete deportivo para disputar la próxima EuroLeague tras conquistar la EuroCup con un 2-0 en la final ante Besiktas, pero su presencia en la máxima competición continental sigue lejos de estar garantizada.
El campeón francés, uno de los proyectos más modestos del ecosistema Euroliga por estructura y presupuesto, se enfrenta ahora a una decisión que trasciende lo deportivo: aceptar el salto más ambicioso de su historia o renunciar para no comprometer la estabilidad del club, como ya hizo Dreamland Gran Canaria en 2023.
Esa es la duda que dejó abierta su presidente, Julien Desbottes, en una entrevista con BeBasket, en la que reconoció que el club estudiará si puede asumir las exigencias reales de la Euroliga.
El dirigente francés dejó claro que la clasificación no garantiza automáticamente la participación. “Voy a analizar esta posibilidad a fondo”, explicó Desbottes. El presidente del club admitió que la posibilidad de medirse a gigantes del continente seduce desde lo emocional, pero insistió en que el crecimiento del proyecto no puede poner en riesgo su viabilidad: «Siempre he afirmado que el principio fundamental de este club es la sostenibilidad. No debemos ponernos en una situación precaria».
El principal freno está en los números. JL Bourg opera actualmente, según informa el medio francés, con un presupuesto cercano a los ocho millones de euros y una masa salarial de 2,3 millones, muy lejos de los mínimos exigidos por la Euroliga.
Según explicó Desbottes, el club debería prácticamente duplicar su presupuesto hasta los 16 millones y triplicar su inversión en plantilla (hasta los 5,846 millones de euros) para cumplir con los requisitos del torneo. A ello se suma otro gran obstáculo: el Ekinox, pabellón habitual del equipo, cuenta con solo 3.540 asientos y no alcanza los estándares exigidos por la competición, aunque el club ya ha iniciado conversaciones para explorar una posible excepción, como ocurrió en su día con AS Monaco: “Me gustaría que fuera Ekinox”, afirmó el presidente, que no descarta buscar alternativas si la Euroliga obliga a otro escenario.
Más allá de la logística, el temor en Bourg es estructural. Desbottes recordó que el modelo del club no se parece al de las grandes potencias continentales ni al de otros equipos sostenidos por grandes fortunas o estructuras multideportivas. “Tenemos el mayor presupuesto francés que aún está equilibrado. Pero si al final nos faltan tres millones de euros, estaremos solos…”, advirtió.
En ese contexto, el club cuenta con un mes para valorar todos los escenarios antes de tomar una decisión definitiva. «No haremos cualquier cosa, pero si tenemos que renunciar, será después de haber estudiado la posibilidad muy seriamente», dijo. El título de la EuroCup ha abierto la puerta de la Euroliga. Ahora, en Bourg-en-Bresse, la pregunta es si pueden permitirse cruzarla mientras otros clubes europeos velan por una ‘wildcard’ (invitación) para competir en la máxima competición europea, como es el caso del PAOK griego.
Zaragoza alberta una cita única: y más. Radja, NBA, Liga Endesa…
