Llega un momento en el cual más que mirar las cosas se mira la sombra que dejan estas y para LeBron James ese instante ha llegado. Después de 23 temporadas en la más absoluta élite del baloncesto, el nativo de Akron afronta la que, con toda seguridad, será su última campaña en la NBA. El Rey no se despedirá en Los Angeles Lakers, su hogar desde el verano de 2018, sino que, por una última vez, disfrutará de las mieles de la agencia libre, ese proceso que marcó para siempre su trayectoria y cambió la liga en 2011.
En el lienzo en blanco que es su futuro aparecen, como bien escenificó Rich Paul, una serie de destinos preferenciales con sus respectivos pros y contras. De los Philadelphia 76ers a los Miami Heat pasando por Minnesota Timberwolves y Golden State Warriors, sin olvidar a sus Cleveland Cavaliers.
La cuestión del salario fue, durante mucho tiempo, uno de los puntos claves de su potencial destino. Por un tema de estatus y cultura, no es habitual ver a leyendas de este calibre jugar por el mínimo de veterano. No lo hicieron Nowitzki, Duncan o Bryant, por ejemplo. Sin embargo, se ha reportado que eso no será un impedimento para que James recale en un nuevo destino, abriendo mucho más el abanico de opciones. Es decir, el dinero no será un factor, sí lo deportivo y competitivo.
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Si bien James está lejos de ser el leviatán que dominó la NBA entre 2011 y 2018 encadenando ocho Finales consecutivas, la leyenda de 41 años sigue teniendo de su lado el talento, la capacidad de lectura y un físico mejor que un buen número de rivales con muchos menos kilómetros en las piernas. No hay que irse muy lejos para encontrar ejemplos de esto, con la eliminatoria frente a los Houston Rockets en la retina, con más de 23 puntos, 7 rebotes y 8 asistencias de promedio.
Los Lakers renunciaron recientemente a los derechos bird de LeBron, lo que descarta cualquier escenario de sign&trade con él así como un retorno de última hora a Hollywood. Así que es momento de analizar todos los potenciales destinos del Rey, qué podría encontrarse allí y en cuál encajaría mejor.
Golden State Warriors, jugando para la historia

Stephen Curry, LeBron James y Steve Kerr. Esta triada suena fenomenal y, sin duda, pasaría a formar parte de la historia de la NBA como una de las mayores conjunciones de talento jamás vistas en la liga. El problema de una potencial llegada a Golden State Warriors reside en que cuando uno acude al calendario se percata de que arriba pone 2026 y no 2016. El contexto importa y el legado no ha ganado nunca un partido, sí el rendimiento y la excelencia en el momento presente, algo de lo que carecen en San Francisco.
La lesión de Jimmy Butler el pasado mes de enero trastocó todos los planes de los Warriors, dejando un salario inactivo de 56,8 millones de dólares. Que en términos numéricos representa un 35% del salary cap, justo de lo que huían los Celtics con Brown. Esto es un aspecto a tener en cuenta porque en una hipotética firma de James, los californianos seguirían sufriendo los mismos problemas de profundidad y frescura de piernas que les lastraron esta pasada campaña: Curry, 38 años; Butler, 37; Horford, 40; y Green, 36.
Un escenario donde LeBron y Steph compartiesen cancha durante una única temporada sería el sueño ideal para la película que es la carrera de James, pero los 82 partidos podrían hacerse extremadamente duros para los Warriors. Sin un relevo generacional apropiado, un sistema desfasado y una constante gestión de las cargas la conclusión podría acercarse más al género de tragedia que al épico.
La campanada de Philadelphia 76ers

2018 fue un verano de cambios en los Sixers. El apoteósico cierre de aquel primer curso con Embiid, Simmons y Fultz terminó de manera abrupta, pero invitaba a ser optimista. Una de las razones era la posibilidad real de que LeBron James llegara a la franquicia como agente libre. El ex de los Cavs estuvo cerca de firmar allí antes de decidir llevar sus talentos a Los Ángeles.
Ahora la historia parece volver a repetirse.
El inesperado traspaso de Jaylen Brown a Philadelphia ha cambiado el equilibrio de fuerzas en la Conferencia Este, haciendo de los 76ers unos candidatos reales. En un abrir y cerrar de ojos, lo que apuntaba a ser una plantilla en declive ha recibido un lavado de cara que hace relativizar el nefasto contrato de Joel Embiid.
LeBron tiene a los Sixers en su lista de posibles destinos y que, más allá de su deseo, tiene sentido desde un punto de vista deportivo. El conjunto dirigido por Nick Nurse tiene un sospechoso vacío en el puesto de ala-pívot, solamente con Dominick Barlow y Dean Wade en la rotación, los cuales no están en condiciones de ser titulares.
De acuerdo a la información de ESPN, James habría recortado su lista de posibles equipos a tres, siendo Philadelphia uno de ellos y todo gracias al traspaso de Brown, pues anteriormente no contaban con opciones reales.
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En los 76ers LeBron se encontraría un ecosistema ideal para liderar la ofensiva, rodeado de dos centellas para la transición y corte como Tyrese Maxey y VJ Edgecombe, así como un interior a quien alimentar en el bloqueo directo y poste como Embiid y sin dejar de lado el verso libre que es Brown.
Además, al frente de todo está Mike Gansey, nuevo GM de los Sixers, ex de los Cavs y amigo cercano de James.
Philadelphia vuelve a llamar a las puertas de LeBron James. Esta es la franquicia que más sentido tiene en lo deportivo para el Rey y a la que más puede ayudar a revertir su particular maldición histórica que arrastran desde 1983.
Miami Heat, el reencuentro

Pat Riley ha sido siempre un firme defensor de que el talento es el mayor atajo al éxito que existe. Es por ello que este viejo lobo de mar ha tratado constantemente de hacerse con toda estrella descontenta que buscase un cambio de aires. Le salió bien con Bob McAdoo, con Alonzo Mourning, con Shaquille O’Neal o con Jimmy Butler, más recientemente. El traspaso por Giannis Antetokounmpo representa la última conquista de uno de los personajes más irrepetibles de esta competición, pero Riley quiere más.
LeBron James llegó en el verano de 2011 prometiendo no uno, no dos, no tres, sino hasta siete anillos de campeón. La cosa se quedó en dos, pero por el camino dominaron como ningún equipo ha conseguido desde entonces la Conferencia Este. Las disputas internas, el envejecimiento de la plantilla, la presión y las lesiones de Wade hicieron naufragar antes de tiempo aquel proyecto.
Ahora los Heat quieren volver a cruzar caminos con el Rey.
Juntar a James con Antetokounmpo ofrece un universo infinito de posibilidades, especialmente a nivel de tamaño. Y es que la presencia de un interior móvil y cada vez más abierto al triple como Adebayo da pie a que la pintura sea un espacio controlado por las dos principales estrellas. La transición sería la punta de lanza de este equipo e imaginar al griego acompañando a LeBron en un bloqueo directo en un ataque dirigido por Spoelstra solo puede acabar bien.
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El problema de este escenario es que los Heat carecen de profundidad, de tiradores y de manejadores como para poder sacar el máximo rendimiento de una pareja como esta. Defensivamente, no obstante, Miami es el mejor destino para tapar las carencias de un LeBron que va rumbo a cumplir 42 años. De la intensidad sobre el balón de Davion Mitchell a la capacidad de interpretar las líneas de Andrew Wiggins o Adebayo, así como la omnipresencia de Giannis atrás.
La incorporación del nativo de Akron a los Heat impulsaría al equipo, pero no es la respuesta definitiva a los problemas que pueden acabar afectando a los de Florida. El riesgo es bajo, aunque añadiría un extra más de presión a un equipo que va a estar en el punto de mira tras el movimiento por Antetokounmpo.
Cleveland Cavaliers, despedirse en casa

Escribía Ivo Andric en El patio maldito que “todo individuo tiene una deuda con su lugar de origen”. Podría argumentarse que LeBron James ya cumplió con sus obligaciones en Cleveland con el épico campeonato de 2016, mas la salida dos años más tarde de allí con un equipo de retales empañó esa segunda etapa.
Los años posteriores a ese adiós han sido relativamente positivos en los Cavs. La gerencia conformó un proyecto joven y se movió muy bien en el mercado hasta conseguir contar con Donovan Mitchell, James Harden, Evan Mobley y Jarrett Allen. El problema para Cleveland es que tienen un techo de cristal que no han logrado romper en todo este tiempo. Una plantilla verdaderamente prometedora… Que acostumbra a decepcionar llegado el momento, incluso a pesar de haber llegado a Finales de Conferencia en este 2026.
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Colgar las botas en los Cavaliers sería cerrar el círculo de una manera perfecta, muy posiblemente impulsándoles hasta la pelea definitiva por el campeonato. Los de Ohio ofrecen un ecosistema magnífico para tener entre algodones a su estrella durante la fase regular y exprimirle al máximo en los Playoffs. Además, es muy posible que la tercera venida de James, independientemente del desenlace, pusiera la guinda al proyecto, como una última intentona antes de que todo se derrumbe por una cuestión salarial.
Dicho esto es muy probable que Koby Altman tenga que soltar lastre económico para encajar a LeBron, incluso aunque eso no suponga un retorno muy positivo en lo deportivo. Figuras como Dennis Schroder (14,8M), Max Strus (16,6M) o Sam Merrill (9,1M) podrían hacer las maletas, o incluso Evan Mobley (50,1M) o Jarrett Allen (28M), pues todavía tienen que definir la extensión de James Harden.
Junto con Philadelphia, los Cavs son el escenario más interesante en lo deportivo para el ex de los Lakers, pues ofrecen un panorama competitivo, una rotación amplia y perfiles variados que complementen a la leyenda.
La tierra tira mucho y Cleveland no es un equipo más en la trayectoria de LeBron James y a la inversa. Ambos están condenados a encontrarse, al menos una última vez.
Las dudas con Wolves, Nuggets o Mavs
En la pizarra de Paul aparecían otros destinos como Minnesota Timberwolves, Denver Nuggets o Dallas Mavericks. Lugares más exóticos o diferentes, los cuales tienen cierto sentido aunque no jueguen en la misma liga que el resto.
Uno de los factores que se han reportado como cruciales para LeBron es ayudar a un equipo que no ha ganado a alcanzar el éxito hasta el momento. Ahí aparecen unos Wolves que se hicieron con LaMelo Ball a cambio de perder a Naz Reid y Julius Randle, dos cuatros ideales, hueco que rellenaría James.
Por otro lado está Denver, con Jokic y Murray como grandes alicientes, así como Stan Kroenke, dueño de los Nuggets y amigo personal de James. Y por último, los Mavs, que atendiendo a la pizarra de Paul, su interés tiene más que ver con lo económico (casinos, petroleo, complejos hoteleros) que deportivo, otra de las patas que ha sustentado su carrera como deportista fuera de las canchas.
La realidad de la última decisión de LeBron James es que nadie salvo él mismo sabe qué va a pasar. Ninguno tiene una sola certeza de cuándo se sabrá. Y por una última vez, el verano tiene como protagonista al Rey.
El anillo de los New York Knicks (revista de julio de 2026)
