
La derrota del Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey dejó al descubierto las vulnerabilidades de un proyecto que, si bien ha evolucionado en su faceta ofensiva, parece haber perdido el «muro» que históricamente le caracterizó.
Entre desajustes en los laterales, indecisiones en la portería y una alarmante falta de contundencia, el equipo rojiblanco se vio obligado a remar a contracorriente desde el segundo 14 del encuentro, lo que confirma una tendencia negativa que preocupa en el seno del club.
Falta de contundencia y errores puntuales
El capitán Koke Resurrección fue tajante al término del duelo: “Hemos ido a remolque todo el partido”. Esa sensación de vulnerabilidad comenzó con el tempranero gol de Ander Barrenetxea, quien, pese a su menor estatura, le ganó el duelo aéreo a Matteo Ruggeri ante la mirada de un Juan Musso mal posicionado.
El guardameta argentino, que había sido vital en el camino a la final, vivió una noche aciaga que incluyó un penalti cometido sobre Gonçalo Guedes tras una salida a destiempo.
Aunque centrales como Marc Pubill y Robin Le Normand lograron sostener el armazón defensivo por momentos, los problemas en los costados con Nahuel Molina y el propio Ruggeri facilitaron el despliegue de los atacantes donostiarras.
Simeone reconoció la deuda pendiente: «Estamos en un proceso de atacar mejor de lo que defendemos», admitió el técnico, subrayando que la mejora goleadora del equipo (105 tantos este curso) ha traído consigo un desequilibrio evidente en la retaguardia.
Una crisis estadística en la era Simeone
Según la agencia EFE, los números no mienten y sitúan a la actual defensa como una de las más frágiles en los 14 años de gestión del «Cholo». El Atlético ha recibido 66 goles en 53 partidos, lo que arroja una media de 1,24 tantos encajados por encuentro, la segunda peor cifra de toda la era del técnico argentino, solo superada por el registro de la temporada pasada (1,25).
Con apenas un 30,1 % de partidos con la portería a cero, el equipo se encuentra a años luz del sólido 61 % que alcanzó en la campaña 2015-2016.
Esta falta de solidez se convierte en una señal de alerta máxima ante el inminente cruce de semifinales de la Liga de Campeones contra el Arsenal de Mikel Arteta, un rival que destaca precisamente por la firmeza de su bloque defensivo. Sin la pegada necesaria para compensar estas grietas, el Atlético encara el tramo final de la temporada con la urgencia de recuperar su identidad protectora.