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La gran final del Mundial 2026 entre España y Argentina será un choque entre dos proyectos que comparten una raíz pedagógica común.

El éxito actual de la «Albiceleste» guarda un vínculo estrecho con la metodología que llevó a la «Roja» a la cima del fútbol mundial entre 2008 y 2012, una fórmula que ha servido de hoja de ruta para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

El seleccionador, Lionel Scaloni, cimentó sus bases tácticas en el Comité de Entrenadores de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Durante su etapa de formación, contó con la instrucción directa de figuras como Luis de la Fuente, absorbiendo los principios del juego posicional y la gestión de vestuarios que definen la escuela española.

Esta influencia se tradujo en una transformación profunda dentro de la AFA. Al apostar por Scaloni (inicialmente como interino), la federación argentina emuló la estructura de la RFEF, priorizando la integración de exjugadores con conocimiento de la casa en las categorías inferiores.

La revolución táctica de Messi

Uno de los mayores triunfos de este proyecto ha sido la resolución de los problemas históricos de juego que rodeaban a Lionel Messi en la selección. Scaloni rompió con la tradición argentina para implementar un juego posicional donde Messi dejó de ser una figura aislada.

Al rodearlo de jugadores con mejor pie y mayor vocación asociativa (Enzo o Mac Allister), el técnico logró que el capitán argentino encontrara un ecosistema perfecto para desplegar su fútbol, una lección aprendida directamente de la gestión del talento en el esquema de la RFEF.

Este domingo, la final enfrenta a la selección que perfeccionó el modelo contra la que lo adoptó y lo llevó a su propia cumbre. La RFEF sirvió como guía silenciosa para un proyecto que ha alcanzado niveles de éxito históricos, creando una narrativa fascinante donde el «alumno» y el «maestro» se ven las caras en el escenario más importante del planeta.



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