En su obra De consolatione Philosophiae, el filósofo medieval Boecio proponía que una diosa griega hace girar una rueda y que, por tanto, nuestra vida se mueve en ciclos. Esta idea de la rota Fortunae se remonta a época antigua, pasando de civilización en civilización hasta nuestro presente como un topos más. En ocasiones, esto parece cumplirse en la NBA, especialmente con ciertos equipos, los cuales siguen un proceso de declive, indiferencia, ascenso, éxito y desplome de nuevo. Atascados en un eterno círculo, el cual es más o menos positivo en función de la franquicia de la que se trate.
Los San Antonio Spurs volvieron a verse agraciados por la intervención de la diosa Fortuna recientemente.
Tras disfrutar de un reinado de casi veinte años con la venida de Tim Duncan justo en el primer año donde apostaron por el tanking en casi una década, el destino quiso premiarles con un perfil muy similar, Victor Wembanyama. Una anomalía física y una personalidad inusual para los estándares habituales de una estrella de ese calibre, igual que pudo serlo Duncan. El francés se aleja de los focos, no busca formar parte del star system de la NBA y prioriza el éxito deportivo al aprovechamiento económico que su condición le ofrece.
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El galo solo ha necesitado dos temporadas y media para poner a los Spurs en disposición de alcanzar el éxito, quedándose a las puertas de ello en las últimas Finales. Un desarrollo de los acontecimientos casi exacto al de Duncan en 1999, quien se alzó campeón como sophomore frente a los Knicks.
Fuese por la acción opaca de la Fortuna o por el azar, la realidad es que San Antonio ha conformado una plantilla con la cual pueden estar en disposición de pelear por el anillo de manera constante en los próximos diez años. Sin embargo, para que eso suceda no solo deben ser brillantes sobre la cancha, sino que también han de ser excelentes desde los despachos.
Y ahí aparece de nuevo Victor Wembanyama.
Este verano, Wemby era elegible para firmar una extensión de cinco temporadas por valor de 303 millones de dólares. Los logros obtenidos desde que fuese seleccionado como #1 del Draft en 2023 le permitían acceder a dicha renovación gracias a la Rose Rule, puesto que había sido All-Star, All-NBA, All-Defensive, finalista al MVP y Jugador defensivo del Año. Un nuevo contrato por un 30% del límite salarial como las que firmaron Cade Cunningham, Anthony Edwards o Evan Mobley en los últimos años.
La lógica invitaba a ello. Primer gran contrato, jugador joven, con el riesgo de lesión que tiene por su físico… Pero, sorprendentemente, no sucedió.
Wembanyama dejó encima de la mesa cerca de 50 millones de dólares, renovando por el 25% en lugar del 30%. Una extensión de 252 millones de dólares por cinco campañas que, más allá de lo obsceno de la cifra, tiene una trascendencia fundamental para el futuro de los San Antonio Spurs.
Mayor flexibilidad en la era de los aprons

El CBA de 2023 ha supuesto una ruptura enorme con la manera de actuar que tenían los equipos hasta ese momento. La introducción de dos umbrales dentro del impuesto de lujo, conocidos como aprons, está funcionando como elemento disuasorio de gasto para las franquicias y que tiene como efecto secundario que estos tengan más problemas para mantener a plantillas construidas desde el Draft. El caso más próximo son los Oklahoma City Thunder que tras ser campeones en 2025 y renovar a Shai, Williams y Holmgren han tenido que desprenderse de varios jugadores de rotación para soltar lastre salarial.
Para los Spurs la primera pieza del dominó era la extensión de Wembanyama, pero después vendrían la de Stephon Castle y la de Dylan Harper, debiendo asumir de paso la activación del nuevo contrato de De’Aaron Fox por el máximo. San Antonio debía empezar a prepararse para esa tesitura y la decisión de Wemby cambia bastante el panorama.
Ese 5% de diferencia en su próximo vínculo va a permitir a Brian Wright poder operar con mayor margen de maniobra, no tanto por lo que no ganará el francés sino por las restricciones a las que podrían haberse visto sometidos en condiciones normales.
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Gracias a este “descuento”, San Antonio ha pasado de un escenario donde Wembanyama cobraría alrededor de 51,6 millones a 43,5 en la campaña 2027-28. Esa reducción de 8,1 millones significa que los texanos eviten de primeras entrar en el primer apron del impuesto de lujo, pasando de una proyección de 210,5 a 202,4.
Empezar la offseason de 2027 en ese escenario, hubiera significado no disponer de la excepción de nivel medio completa y tan solo una de 6 millones, así como de la bianual de 5,4 o bien poder realizar un sign&trade entre otros aspectos clave.
De este modo, los Spurs podrán acudir al mercado del año que viene con mayor margen de maniobra y sin la guadaña del primer apron acechándoles.
Ganar por encima de todo

La motivación por ganar a toda costa es lo que ha llevado a Wembanyama a no priorizar el beneficio económico como ocurre con sus iguales. Una decisión llamativa y, en cierto modo, polémica. Recientemente, Juanma Rubio reflexionaba en el Diario AS acerca de qué sistema económico es este donde una estrella de primer nivel tiene que rebajarse el sueldo y, por tanto su valor, para que su equipo pueda aspirar a ganar. La derrota de los jugadores tras los lockouts de 1999 y 2012 se tradujo en la introducción del salario máximo y de otras restricciones. Lo que en un principio parecía una afrenta para las estrellas más tarde se convirtió en un objetivo aspiracional irónicamente.
Wembanyama ha dejado claro en buena parte de sus intervenciones públicas que el dinero no ha sido su principal objetivo vital, algo inusual en una deportista joven de su calibre. Pero, como se dice, del dicho al hecho hay un trecho, y los actos dicen más que las palabras.
El astro francés no ha tardado en hacer cumplir esto con la mencionada extensión de contrato, la cual va a permitir que los Spurs puedan ser mucho más agresivos en sus operaciones así como dilatar en el tiempo el efecto de las restricciones económicas de la NBA.
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San Antonio se quedó a las puertas de la gloria en las Finales de 2026 con una plantilla repleta de jóvenes, veteranos revalorizados y con tan solo un salario máximo. La actual NBA no garantiza que puedan volver ahí esta temporada, por lo que desde los despachos van a tener que discurrir la manera de afrontar esta nueva etapa que se les abre.
De tal modo que no sería de extrañar que a raíz de este suceso, los Spurs pasen a ser más agresivos en los traspasos, lo que llevaría a nombres como Keldon Johnson (expiring), Devin Vassell y, sobre todo, De’Aaron Fox a poner rumbo a otros destinos para así mejorar la situación de la plantilla.
Otra derivada de la decisión de Wemby serán las renovaciones futuras de Harper y, especialmente, de Castle. ¿Qué impide ahora a los Spurs persuadir a estos de que pidan un máximo? El ejemplo del francés es realmente peligroso en un contexto como este pues aunque sus intenciones sean buenas, las cúpulas de las organizaciones tienden a buscar maneras de reducir al máximo la inversión para aumentar los beneficios.
El balón en el tejado de los Spurs

Ahora llega lo complicado para la franquicia, que es aprovechar esta oportunidad que la Fortuna les ha brindado. Igual que Tim Duncan se redujo el salario en el ocaso de su carrera para que Parker y Ginóbili cobrasen más o que llegaran nombres como LaMarcus Aldridge, ahora Wembanyama ha tomado una posición que les da una baza inmejorable para conquistar el Oeste.
Los pasos a seguir no están del todo claros. Por el momento, la gerencia ha reforzado la posición de pívot a través del Draft tras el desastre de Luke Kornet a la hora de la verdad. Jayden Quaintance no estará disponible hasta enero de 2027 como mínimo y Tarris Reed es toda una incógnita, pero por algo se empieza.
Por lo pronto, los Spurs han de tomar una decisión con respecto a Fox.
El base renovó el pasado año por 221 millones y cuatro temporadas, un salario del 30% del cap que despertó suspicacias por las cantidades, su desempeño y el poco tiempo que llevaba en el equipo. De haber esperado al mercado de agentes libres de 2026, San Antonio habría conseguido una importante rebaja con el ex de los Kings debido a su cuestionable rendimiento en Playoffs.
El desarrollo de los acontecimientos deja un escenario complejo para que los Spurs puedan traspasar a Fox en el corto plazo. Sus 49,4 millones de salario le ubican como el 17º mejor pagado de la NBA para esta campaña, muy lejos de su verdadero valor sobre la cancha, forzando a San Antonio a tener que retenerle más de lo deseable o bien optar por un traspaso donde no obtengan un retorno mucho mejor que lo entregado.
Las necesidades de esta plantilla a la vista de los pasados Playoffs parecen claras. Los de Mitch Johnson precisan de veteranía y orden, figuras que controlen lo que sucede en pista en los tramos cruciales. Además, los texanos tienen un importante déficit de tiro exterior más allá de Champagnie y Vassell, cuya solución podría implicar el adiós de Keldon Johnson.
En un momento donde todos los aspirantes al anillo están contando monedas para evitar caer en los aprons o mantenerse allí demasiado tiempo, los San Antonio Spurs miran al resto por encima del hombro, pues su situación económica y deportiva no puede ser más saludable.
Una vez más, el ciclo de la Fortuna ha terminado por ubicar a los texanos en disposición de trascender y recuperar así su condición de rival a batir y sinónimo de éxito como ya ocurriese en los albores del siglo XXI.
El anillo de los New York Knicks (revista de julio de 2026)
