Artículo publicado originalmente en la revista de mayo de 2026 que puedes conseguir aquí

Hablamos con Martín Rueda, un reconocido podólogo catalán que trató a Arvydas Sabonis cuando el lituano fichó por el Fórum Valladolid. Actualmente, es el director del Laboratorio de Biomecánica del Pie Martín Rueda. Además, es podólogo en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat desde 1988, y fue responsable de Podología en el FC Barcelona entre el 2009 y 2019. A lo largo de 40 años, han sido muchos los jugadores de baloncesto que se han puesto en sus manos, como Pablo Laso, Fernando Martín, Roberto Dueñas, Juan Carlos Navarro, Rafa Jofresa o Ricky Rubio.

Parte 1: El pie de Sabonis: «Haz lo que quieras conmigo, pero yo quiero seguir jugando al baloncesto»

La llegada de Arvydas Sabonis a España en la temporada 89/90, supondría un punto de inflexión para su maltrecho pie. Arrastraba dos operaciones en el mismo tendón de Aquiles, una lesión capaz de acabar con la carrera profesional de cualquier deportista de la época. Sin embargo, todo cambió cuando Javier Alonso, el médico del Fórum Valladolid, comenzó a tratar aquel pie. El doctor Alonso detectó que había algo más que la lesión en el tendón de Aquiles. De modo que, tras realizarle un estudio completo, observó que tenía una fractura de escafoides tarsada del pie, que le provocaba una pseudoartrosis con una artrosis de todas las articulaciones de alrededor. Para sorpresa del doctor Alonso, el problema del Aquiles era lo menos grave para Sabas, lo peor era el antepie, la zona media tarsal.

Durante el primer año de Sabonis en Valladolid, Javier Alonso le realizó un nuevo tratamiento, aunque los resultados al principio no fueron muy halagüeños. Sabas apenas podía apoyar el pie, cojeaba incluso. En medio de este desolador panorama, el médico del Fórum tuvo la brillante idea de llevar a cabo un nuevo estudio podológico en Barcelona con Martín Rueda, una eminencia en el mundo de la podología y una figura fundamental para el futuro del lituano en el baloncesto. 

El doctor Javier Alonso me contó lo bien que lo hizo con Sabonis.

Realmente, con el pie de Arvydas tuvimos suerte porque son lesiones delicadas, y más en un hombre que pesaba 130 kg y con un 55 o 56 de pie. Yo no soy el mejor, ni mucho menos, sencillamente tuve suerte y nos fue bien.

El día que conoció a Arvydas Sabonis.

Un día me llamó el doctor Alonso: “Oye, Martín, tenemos que ver a Arvydas”. Digo: “Yo ahora no puedo salir”. Y él: “No importa, vamos a tu consulta”. Era la noche antes del partido que jugaban contra el Barça en Barcelona. Creo que estaban hospedados en el Hotel Calderón. Me vinieron a la consulta, pero se nos hizo muy tarde y les dije: “No vayáis en metro al hotel, yo os llevo”. Venían Javier Alonso, Sabonis y otro jugador del Fórum, creo que era Chomicius. Por entonces, yo tenía un Nissan Patrol, pero el problema era meter a Arvydas Sabonis dentro del coche (risas). Como delante no cabía, al final lo senté atrás, y yo tenía una rodilla a cada lado de la cabeza, o sea, llevaba sus rodillas por orejeras (risas). Los llevé a Barcelona y otro problema fue sacarlo del Nissan Patrol. Recuerdo que llegamos al Paseo de Gracia, para el coche, baja a Sabonis, primero saca una pierna, luego saca la otra, luego la cabeza… bueno, un show. Y la gente sin parar de mirar. 

La consulta la tiene en Santa Coloma, ¿no?

Sí, la teníamos en un piso. Ahora tenemos una consulta muy equipada en otro sitio. Ya están mis hijos que me ayudan, y yo ya voy menos. Pero claro, me cuesta mucho dejar de ir porque tengo un montón de recuerdos allí.

Sería un espectáculo ver a Sabonis por las calles de Santa Coloma.

Imagínate ver a una persona tan grande… toda la acera se llenaba de gente para verlo salir de la consulta. También recuerdo que no cabía en el ascensor, no cabía en ningún lado. Estábamos en un primer piso, y claro, él y Chomicius no cabían en el ascensor. Hablamos de hace más de 40 años, que no era como ahora, todo era más rudimentario. Así que tenían que bajar por las escaleras porque los dos juntos no entraban en el ascensor. 

Creo que recuerda una anécdota muy graciosa de Sabonis con su hija.

Sí, aquello fue otro día. Yo estaba en la consulta con Sabonis y se hizo tarde. Entonces, al ver que no llegaba a casa, mi mujer vino a buscarme con mi hija. Vivíamos al lado de la consulta. Mi hija era muy pequeñita, tendría 2 o 3 años, ahora tiene 42 o 43, ya no recuerdo bien (risas). Y recuerdo que Arvydas la tenía cogida con una sola mano. La mano de Sabonis era tan grande que con la mano abierta aguantaba a mi hija. Es que era enorme… Tampoco se me olvida la mirada de mi hija, con una carita… Fue una anécdota muy graciosa. 

¿Su hija se acuerda de aquello?

Pues fíjate, la vida está llena de casualidades. El otro día estaban haciendo un reportaje por televisión y salía Fernando Romay, que también había pasado por mi consulta. Y estaba mi hija conmigo y le digo: “Mira, Romay”. Y entonces hablamos de Sabonis y ella me dijo: “Me acuerdo que me cogió con su mano”. 

Pero me ha dicho que tan solo tendría 2 o 3 años.

Sí, pero ella se acuerda, vagamente, pero se acuerda. Se ve que le impresionó mucho ver a un hombre tan grande.

Durante años le hizo la plantilla.

Me quedé el molde de su pie, que por cierto, cuando se lo hice acababa de hacer una patente de un sistema, que todavía sigue siendo la única que hay, para hacer los moldes corregidos en carga por sistemas neumáticos. El paciente subía encima de una máquina, y esa máquina por unos sistemas de cámaras de vídeo, y a través de un ordenador Amiga, digitalizaba la imagen. Esa imagen se llevaba al ordenador y se aplicaba una escala colorimétrica a una escala de grises, con lo cual yo tenía un mapa de colores que eran las cargas del pie, cosa que hasta entonces, los pies se miraban encima de un cristal. Eso fue muy novedoso en Europa y es uno de los grandes orgullos que me voy a llevar.

¿Y qué pasó cuando Sabonis subió encima de la máquina?

El problema que tuve era que el pie de Arvydas no me cabía en la máquina (risas). Yo tenía una especie de bastidor y tuve que coger una sierra y cortarlo. Tuve que recortarlo por delante porque los dedos no entraban… Es que era un pie muy grande, yo nunca había visto un pie tan grande. 

Así que tuvo que recortar el bastidor por delante para que los dedos de Sabonis pudieran sobresalir.

Claro. El bastidor era de látex y otros materiales que no puedo decir, y eso estaba cubierto por encima con una especie de chapa donde estaba la forma del pie, pero claro, la forma del pie hasta un 50 o un 52, pero no un 55 o un 56 que tenía Sabonis. Por tanto, los dedos no le cabían. Le dije: “No te preocupes”. Cogí una sierra, recorté el bastidor por delante para que le cogieran los dedos y le hicimos el molde. Me quedé el molde y cuando se rompía la plantilla se la hacía nueva. Se la estuve mandando a Estados Unidos durante años, hasta que se vino a Málaga, dejó el Basket y le perdí la pista. 

¿Recuerda la cara de Sabonis cuando fue a meter el pie y los dedos no le entraban?

Claro que me acuerdo. Otro de los problemas es que eso estaba un poco elevado, la máquina estaba sobre 40 centímetros del suelo, porque debajo había una cámara de vídeo que recogía la imagen y la llevaba a un ordenador Amiga, a través de un digitalizador. Cuando subió a la máquina, la cabeza le llegaba al techo (risas)… era muy alto. Entonces, con la cabeza doblada, como pudimos, le hicimos el molde… bueno, fue una odisea.

Fueron varias veces la que estuvo Sabonis en su consulta.

Sí, porque la plantilla se le iba deteriorando. Cuando él apoyaba el talón, prácticamente no le llegaba al suelo. Por tanto, tuve que hacerle una especie de alza para que apoyase bien el pie. Como la plantilla está hecha en material blando y con tanto peso, pues se deterioraba. Entonces, cuando venían a jugar aquí, el doctor Alonso me decía: “Martín, el sábado vamos a jugar a Barcelona”. Venían a la consulta, nos veíamos, le arreglaba la plantilla y listo. Nos vimos varias veces seguidas así, en varios partidos. Después, yo me desplacé un año o dos a Valladolid para hacerle los estudios allí. 

Han pasado grandes jugadores por su consulta.

Sí, he llevado a Fernando Martín y también a su hermano Antonio. Fernando Martín también tenía un pie grande, creo que calzaba un 53 o por ahí. Pablo Laso también venía. Recuerdo que algún día Laso vino a casa por la noche; venían a jugar contra el Barça, yo los iba a buscar y los traía a casa, les arreglaba la plantilla y los llevaba otra vez a Barcelona. En aquella época yo visitaba a casi todos los jugadores del Madrid, porque las plantillas se hacían de otra manera y a mí se me ocurrió la idea de hacer esa patente que me funcionó bien. De hecho, sigue funcionando. Roberto Dueñas también era un gigantón, pero el pie era algo más pequeño que el de Sabonis. Y a Dueñas tuvimos que hacerle incluso una zapatilla, que aún la tengo en la consulta. La gente entra y dice: “¿Eso de quién es?”. Digo: “De Dueñas”. Dueñas es otro de los grandes que hemos visto y todavía mantengo relación con él. Fue una época muy bonita, para recordar.

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