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En pleno Día de la Bastilla, las grandes figuras de Francia decidieron tomarse un descanso injustificable. La selección gala, tan temida por su poderío ofensivo, lució completamente inoperante en su tercera semifinal mundialista consecutiva. Ante una España magistral que acaparó el balón, el ataque francés deambuló sin rumbo.

Un tridente completamente apagado

El esperado tridente ofensivo fue un desastre total. Kylian Mbappé, líder de esta jauría, vivió estancado en fuera de juego y fue anulado por Pau Cubarsí y Aymeric Laporte. El delantero del Real Madrid no logró disparar con claridad, alargando una vez más su frustrante sequía de títulos internacionales.

Ousmane Dembélé no se quedó atrás en el recital de desaciertos. El extremo recordó sus peores años de imprecisión, luciendo confundido entre jugar por la banda o por el centro. Esta decepcionante y pobre actuación esfumó cualquier remota posibilidad de pelear por el Balón de Oro.

Por su parte, Michael Olise pareció haber dejado toda su inspiración aparcada en Múnich. Estuvo desconectado de Mbappé y Dembélé, siendo incapaz de generar peligro. Los reemplazos como Bradley Barcola, Désiré Doué o Rayan Cherki tampoco aportaron soluciones, ahogándose en la misma intrascendencia.

Carencia de ideas y nula puntería

Los números exponen la terrible presentación de la artillería francesa. En toda la primera mitad, las superestrellas no lograron un solo tiro a puerta. Apenas consiguieron tres remates en el complemento, cuando el partido ya estaba prácticamente sentenciado por la efectividad del conjunto español.

El inoperante ataque echó de menos un mediocampo capaz de surtir balones. Faltaron líneas de pase, carecieron de profundidad y maniobraron en absoluta oscuridad. Ninguno de los tres atacantes supo cómo quebrar la impecable y resistente estructura defensiva impuesta por la selección de España.

La frustración de Didier Deschamps

El técnico Didier Deschamps reconoció la superioridad rival y el bajo nivel de sus atacantes. «No estuvimos finos y fuimos menos peligrosos en ataque, cometimos errores técnicos», admitió el estratega. En el choque entre la delantera más temida y la defensa más sólida, los españoles impusieron sus condiciones.

«Los jugadores están rotos. Hoy estuvimos un escalón por debajo de nuestro nivel y la culpa es nuestra», confesó Deschamps con evidente amargura. Además, en medio de la frustración por la ineficacia de sus estrellas, cuestionó duramente el nivel del árbitro salvadoreño, Iván Barton.

El triste adiós de una era exitosa

Esta dolorosa y opaca eliminación marcaría el punto final de Deschamps tras 14 años en el banquillo. Con Zinedine Zidane asomando como su inminente reemplazo, el actual técnico se despide sin la ansiada tercera final. Su ciclo termina con un balance exitoso, pero con un cierre sumamente frustrante.

A las estrellas apagadas solo les queda el consuelo del partido por el tercer lugar. Mbappé, Dembélé y Olisé deberán reflexionar sobre su incapacidad de aparecer en el momento más crítico. Su desconexión frente a España quedará marcada como la gran decepción ofensiva del torneo.



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