Baja las escalares de casa para tomar un carajillo en el hotel más próximo. Es el Savoia Excelsior Palace, de Trieste. Se asoma al Adriático, concretamente en un punto que entonces servía como puerto marítimo del Imperio Austrohúngaro. Es ahí donde Bogdan Tanjevic (Pljevlja, 1947) cita a Gigantes. La charla no es solo sobre baloncesto. Sería minimizar, desperdiciar la presencia de un sabio, un gurú.
Artículo publicado originalmente en la revista de junio de 2026 que puedes conseguir aquí
Con él debutaron Dejan Bodiroga y Mirza Delibasic. Además, regaló la Copa de Europa al insólito K.K. Bosna. Era el año 1979, y el mundo cambió para siempre. Fue el primer gran milagro de la historia moderna de la canasta, porque enfrente estaba el Varese, quien disputaba su décima final consecutiva. Sí, efectivamente conviene comenzar por ahí… Justo cuando le acaban de traer el café corretto. Pide unas pastas y un poco de agua con gas.
- Media vida viviendo en Trieste. ¿Cómo era Pljevlja (hoy norte de Montenegro) cuando nació?
Cuarenta años en esta maravillosa ciudad. Dos de mis tres hijos están aquí; la otra en Fiume (actual Rijeka, Croacia). Después te hablaré de mis orígenes, espera…
- Estamos, nos movemos en tierras de frontera, botín contendido tras las Guerras Mundiales. Problemas de identidad, el famoso discurso de Mussolini en el 38 en la plaza de Trieste … La añorada Fiume con Gabriele D’Annunzio, el lugar donde nació el marchador Abdon Pamich, oro olímpico en Tokio’64. Su historia -escapó de las hordas de Tito- es fascinante, pero -insisto- ¿Montenegro?
En realidad, nací en un pequeño pueblo al norte. Era la posguerra. Nos salvamos. 1951, año en que nos fuimos a vivir a Bosnia, Sarajevo (actualmente predomina la religión islámica, herencia del Imperio Otomano). Crecimos allí. Recuerdo que el Estado, incluso antes del conflicto, no estaba muy desarrollado. Todo destruido al inicio, pero ya iniciaba la reconstrucción. Ligeras mejoras de la vida cotidiana, un notable optimismo. Luego, en 1965, me marché a Belgrado para estudiar y jugar al baloncesto (OKK Belgrado). Me quedé. Enseguida me casé con mi gran amor de siempre, una de las tres mejores jugadoras de basket de Yugoslavia. Ella ganaba mucho más que yo. Era muy famosa.
- Con 24 años, y tras una discreta carrera como jugador, decide comenzar a entrenar en Sarajevo, donde también había jugado (Željezničar) a principios de los sesenta. Decide seguirle su mujer. Era 1971.
Ella era mucho más famosa que yo, sin duda. Tuvo que dejar de jugar y resolver unas cuestiones con la casa estatal que le habían dado en Belgrado. En realidad, mi sponsor -además de mi gran amor- era ella. Llegamos a Sarajevo, y en ocho años conquistamos Europa. De la Segunda División iniciamos. Después, A1… Y así sucesivamente. Éramos muy jóvenes todos. Recuerdo un año que ganamos dos veces a la Jugoplastika, que se jugaba siempre el campeonato contra Zara.
- Zara, sí, con el retorno de Krešimir Ćosić, estrella mundial que había vuelto tras cuatro años en América (Cougers). Rechazó, incluso, una oferta de los Lakers. Hábleme de él, de todo ese periodo.
Una máquina total. Estrella planetaria. Contra ellos perdimos de un punto. El tercer año tuve que dejarlo por el servicio militar. Comienzan en la Korac… Se va forjando la entidad. Después, a partir de 1976, el crecimiento fue exponencial. El punto más alto fue la victoria en Liga de Campeones justo el año del debut en la competición. La primera escuadra Yugoslavia en hacerlo. Mientras, yo entrenaba los juniors de la selección, y fuimos campeones de Europa contra la España de Aíto. Era 1974, en Francia. Tenía esos dos trabajos. Ya en 1980… Volvimos a ganar el campeonato, y después lo dejé.
- El Varese -ya sin el gran Sandro Gamba en el banquillo- se detuvo ahí, con ustedes, un equipo desconocido.
Claro que sí. Me inventé una metodología. Gran trabajo y esfuerzo. ¿Sabes qué decía Delibasic? Que nadie entrenó jamás como nosotros. Lo repetía en las entrevistas.
- Usted, como jugador, se retiró joven. 24 años. Era playmaker.
No te creas. Debuté con quince, y era un gran jugador. Lo dejé porque me llegó esta oferta para entrenar. Para ellos significaba muchísimo. Tenía la sensación que era el momento, y además era algo que me atraía. Firmé un buen contrato. Era la única escuadra con buenos sponsors entonces. Estaba Oriolik, que producía muebles. Pude comprar dos coches, recuerdo.
- En menos de una década pasan de divisiones inferiores al techo de Europa. Después, ese país magullado llevaría a la gloria a otras acorazadas como la Cibona (1985 y 1986), la Jugoplastika (1989, 1990, 1991) o el Partizán, en 1992. Usted anticipó los tiempos, lideró la nouvelle vague en una tierra de cicatrices. Enseguida llegaron el cine de Kusturica y la música de Goran Bregovic. ¿Hablamos de la mayor gesta del baloncesto europeo?
Puede ser. ¿Quién ha hecho algo similar? Casi siempre ganó uno de los teóricamente favoritos. Ese Emerson Varese, por ejemplo, de las diez consiguió cinco. Estaba Dino Meneghin, que después se marchó a Milán. El Madrid siempre estuvo ahí… El CSKA, con todos los de la selección rusa… Maccabi, después. Los jugoslavos… Para mí, el mejor equipo de todos los tiempos fue la Jugoplastika. Eso tengo que reconocerlo.
Diferente a todas. Tenía un playmaker-ala de 2,10. Se llamaba Toni Kukoc. Ya era una novedad, porque jugaba por dentro y por fuera. Un fenómeno total, una facilidad de ejecución increíble. También Dino Radja, con esa calidad en la pintura, una técnica insólita. Estrepitoso. La gente da por descontado que un pívot coja el balón y se mueva bien, pero es complicadísimo. Era un talento que, además, trabajaba como un bestia. Zoran Savic, ¿lo recuerdas? Esa armada era increíble, sin extranjeros. Savic, en la Final Four de París (1991, ya sin Maljkovic) anotó casi setenta puntos entre las semis y la final, contra el Barça. Todo era desconocido para los adversarios. Indetectables eran. Ya lo creo.
- ¿Usted por qué dejó el Bosna?
Me convencieron para coger la selección antes de los Juegos Olímpicos. Estuve hasta 1982. Después al Juve Caserta. Verás, yo ya tenía una súper oferta de Italia tras ganar la Copa de Europa, pero éramos una familia. Me dijeron que no podía abandonarles. Resté al año siguiente. Ganamos la liga, y a punto estuvimos nuevamente de plantarnos en la final europea. Nos tocó en el mismo grupo del Partizán… Solo ganaron un partido, contra nosotros en Belgrado… Tres puntos de diferencia. Nos quedamos a nada de disputarla nuevamente. La Copa de Europa, sí.
- Ganó el conjunto de su amigo Lolo Sainz, de quien después hablaremos. Estaban, en ese Real Madrid, Corbalán, Brabender, Romay, José Luis Llorente o Querejeta. Hablemos de la selección, con medio equipo del Bosna… Radovanovic, Delibasic, Dalipagic… Plata, ante la Unión Soviética del temible Tkačenko.
La Federación buscaba la medalla de oro. Hizo un gran trabajo siempre. Se pensaba en el futuro. Todo programado. Cantera insuperable. Trabajo, preparación, determinación, esfuerzo, sacrificio. Todo en orden, sí. Yo hacía todo. Psicólogo, preparador físico, representante de mis jugadores… Esta capacidad que siempre tuve de conocerme, mirarme para ver qué podía mejorar, y así entrar en la cabeza de mis jugadores.
- ¿Esto usted dónde lo aprendió?
Fue la educación que tuve. De no haber sido entrenador, me habría gustado ser crítico de arte o literatura. Siempre fui un gran lector. Desde niño. Recuerdo leer Dickens, me encantaba la novela Invanhoe… En definitiva, cualquier autor o libro de la literatura universal. Cuando jugaba, la mayor parte teníamos carrera. Además, cada vez que nos desplazábamos a otras ciudades, otros países… Lo primero que hacíamos nada más llegar es buscar bibliotecas, anticuariados… Comprábamos libros baratos de segunda mano para después conversar sobre ellos en la habitación. Escritores europeos y no solo… Leíamos la Biblia, porque de ahí parte todo… Éramos un país muy abierto, sin duda. Éramos una nación seria, te lo digo yo. Inteligente, disciplinada, bonita. Con una formación enorme.
- La guerra de los Balcones lo dinamitó todo.
Sí. Se salvó Eslovenia, porque de alguna manera siguió dando importancia a la educación, las escuelas y universidades. El cuidado y la protección de la gente, con los hospitales… En Lubiana se vive bien, aunque todo comenzó a privatizarse durante esos años.
- Hablemos de Mirza Delibasic. Jugó en el Real Madrid dos temporadas: 1981-83.
Talento estrepitoso, natural. Mi función, con él y con todos, era sacar lo máximo física y psicológicamente. Enseñé la cultura del esfuerzo, pero sin gritar. La honestidad hacia los compañeros y el juego. Los árbitros, la gente… Les enseñé cosas de vida. Me siento muy orgulloso. Lástima que se marchó demasiado joven.
- ¿Usted negoció su contrato con el Real Madrid?
Estábamos en su casa, con Lolo Sainz. Antes, los entrenadores teníamos mucho más poder. Éramos un poco general managers. También apareció allí el señor Serrano, responsable de la sección de baloncesto entonces. La oferta era suculenta. Sí, le hicieron efectivamente un gran contrato. Nada de comisiones como hoy con los representantes. Yo estaba allí para ayudarle y protegerle.
- ¿Cómo juzga sus temporadas en la capital de España? Después, le pidió ser reclutado para el Caserta.
Dos temporadas diversas. La primera, excepcional. Sacó a relucir todo su talento. El segundo año, sin embargo, no. Falto de forma, le vi mal. Creo que lo que pasó fue sencillo… En Madrid hay muchas distracciones. Los españoles, la vida en España… Sabes de lo que hablo. Conmigo estaba acostumbrado a dos entrenamientos diarios. Allí, solo uno. Salía, después… Las cenas hasta las doce de la noche… Conmigo no había tiempo para eso. No se podía salir. Era un gran tipo, muy buena persona. Una vez fui a verle a Madrid, por entonces ya estaba Dalipagic como segundo extranjero… Era un partido contra el Olimpia Milán. Le vi jugar poco y mal. Entonces me di cuenta que tenía que recuperarlo. Era el 1983.
- ¿Cómo fue? El Caserta acababa de subir de categoría: A1. Deli ya no bebía ni fumaba, pero la hemorragia le obligó a retirarse. Tenía 39 años. El mundo del baloncesto se perdió la pareja que habría formado con Óscar Schmidt.
La historia es larga. Era el 30 de mayo de 1983, y en Limoges se estaba celebrando el Europeo de baloncesto. Durante la fase de grupos, se produce una disputa entre Jugoslavia e Italia, que terminó ganando un partido contra todo pronóstico. Hubo puñetazos. Fue un espectáculo muy feo. Bien, el tema es que nosotros, en el Caserta, teníamos a Zoran Slavnic, un magnífico jugador. La Federación italiana, tras lo sucedido, le recomendó a mi presidente que no le renovara. Él estuvo allí en ese partido, y pese a que siempre trató de recobrar la calma… De hecho, siempre nos reconocieron que Slavnic no tuvo nada que ver en la trifulca… Bien, pero lo mejor para apaciguar es que se marchara. Fue una pena, porque era un crack. Él y Óscar eran magníficos. Hicimos una temporada espectacular en un equipo que llevaba quince años de vida. Parecíamos el Bosna, pero en Italia. En fin… Nos forzaron a echarle.
Sí, porque no estaba bien en Madrid. Me dijo que los periodistas trataban de sonsacarle cosas contra el técnico Lolo Sainz. Buscaban la instrumentalización. Él era un buen chico, altruista, y no quería hablar mal del Madrid. Sufrió muchísimo ese momento. Le acusaron que era él quien fichaba, que era él quien se trajo a Madrid a su amigo Drazen Dalipagic, pero no era verdad. Lo cierto es que la situación estaba rota allí. Jaque mate. Le llamé, y noté que tenía ilusión por comenzar nuevamente. Lo fichamos, pero antes de comenzar la pretemporada me llamó su mujer para contarme lo sucedido. Fuimos a su casa. Hablaba con dificultad, y lo único que hacía era llamar a su hijo.
¿Sabes una cosa? Óscar Schmidt Becerra le tenía un cariño enorme ya. Lo estimaba, y decía que sólo Delibasic era mejor que él. Siempre se hizo querer. Quizás, habría sido la mejor pareja de siempre en Europa. Setenta puntos entre los dos de media. Mirza era un anotador serial, pero nada egoísta. Era un hijo para mí.
- El tótem brasileño, fallecido recientemente, también. En 1986 pierden la final de la Korac contra la Virtus Roma. No quiero olvidarme de algo… ¿Cuántas veces trató de ficharle el Real Madrid como entrenador?
No, nada. Hubo interés, pero nada concreto. No me gusta hablar de esto, sinceramente. Mi vida como coach es una locura. Acepté la primera oferta de un club que no tenía dinero. Nos marchamos mi mujer y yo a vivir en un apartamento de treinta metros cuadrados. ¿El Madrid? Le tengo cariño, porque por allí pasaron mis amigos Boskov, Miljanic, Miroslav Vorgic… Fue preparador físico con Camacho, y antes estuvo en la sección de voleibol… Hizo de todo allí. Le tuve siempre mucha simpatía al club blanco. Sin duda.
- Por allí también pasó Dejan Bodiroga, a quien descubrió. Acababa de estallar la guerra, y llegan a un acuerdo con el club de origen: Zara. Usted entrenaba la Stefanel Trieste.
Nos movemos a igualdad de belleza y nivel. Quizás un poco más, incluso. Fue un regalo que me cayó en los brazos. No podía seguir ya en Zara. La primera vez que lo vi me enamoré de él. Los diarios italianos decían que era el nuevo Magic Johnson. Un tipo con una envergadura notable que manejaba el balón como los ángeles. Un genio altruista. Conmigo jugaba exclusivamente de base. Después, hicimos debutar a Ferdinando Gentile. Sí, para ponerlo ahí. Dejan podía jugar en cualquier sitio, insisto. Tenía la técnica de Radja. Luego se marchó al Olimpia, después al Madrid con Obradovic… También coincidieron en el Panathinaikos. En fin, su trayectoria habla por él.
- Usted ha aprendido también mucho de las derrotas. En los noventa perdió varias finales de Copa Korac dirigiendo tanto a Pallacanestro Trieste como a Olimpia Milano, que claudicó en el 95 contra el Alba Berlín de Pesic. A nivel de selecciones, ha dirigido hasta cuatro: Jugoslavia, Turquía, Montenegro e Italia. Hábleme del Eurobasket del 99. La España de Lolo Sainz anotó solo 56 puntos. Fucka fue MVP del torneo, donde también brillaron Andrea Meneghin y Carlton Myers.
España no era lo suficientemente buena para ganarnos. No era la de los ochenta… Tampoco la que vino después con los juniors de oro. Ya sabes.
- Estaban Herreros, Jiménez, Nacho Rodríguez…
Nos impusimos a Jugoslavia en semifinales. Ahí me convencí que habíamos ganado. Estaba tan seguro que ni siquiera hicimos una reunión para preparar el partido contra los españoles. ¿Recuerdas el choque? Faltaban cinco minutos para terminar, y España había anotado poco más de treinta puntos. Nuestra superioridad, en ese momento, era total. Otros años, no.
- ¿La mejor selección de siempre en el Viejo Continente fue Jugoslavia? Algunos jugadores de esa generación, cuando les entrevisté, me hicieron entender la confusión generalizada cuando, tras el campeonato de Europa en Roma, vuelven a casa, que ya son tres países diferentes. Se impusieron, precisamente, a la Italia de Sandro Gamba, con Gentile, Magnifico, Brunamonti… Era 1991, con coach Ivkovic.
Grupo estrepitoso. No te imaginas el caos, la sangre, la propaganda según el país, el odio, las mentiras, los muertos… Mejor no seguir hablando. La gente se quedó en la mierda. Se destruyó el futuro, en todos los sentidos. Esa generación podía haber competido contra los americanos durante al menos diez años.
- La última pregunta va sobre entrenadores, pasados y actuales. ¿Encuentra diferencias entre la vieja guardia y los Xavi Pascual, Scariolo, Ataman…?
No tanta. Scariolo, de todas formas, es ya un veterano. Pertenece casi a nuestro mundo. De Xavi Pascual me gusta cómo defiende. También Saras… Así es como se ganan los partidos. La fuerza de la defensa. Jasikevicius es nuestra escuela. Trabajó a las órdenes de Zmago Sagadin, quien más le hizo crecer. Me pidió consejo, durante el Europeo del 99, sobre si ficharlo o no. Le dije que sí, sin duda. Fue un acierto.
El basket ha cambiado. Demasiados tiros de lejos, muchos puntos. Pocas defensas. Todo muy rápido. Ojo, porque Michael Jordan ha construido su carrera así. No podemos infravalorar esto tampoco. Deli se fiaba también mucho del tiro. No sé, en la NBA la línea de tres la he bautizado como el borde de la piscina… Sí, donde los jugadores llegan y tiran en lugar de bañarse adentrándose. Coach Dan Peterson está de acuerdo conmigo: habría que eliminar los triples. Sería todo mucho más bonito.
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